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24 de Jun de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

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El Parlamento y su imagen

La Asamblea Nacional, por ser un Órgano integrado por miembros de diferentes partidos políticos, ha sido y sigue siendo el blanco de crí...

La Asamblea Nacional, por ser un Órgano integrado por miembros de diferentes partidos políticos, ha sido y sigue siendo el blanco de críticas constantes y múltiples. En el pasado período constitucional, así como en el actual, la Asamblea tomó nota de estas críticas e incorporó las observaciones de la comunidad a su programa de acción, además de reformar la Constitución y el Reglamento Orgánico de su Régimen Interno, de forma que se adecuaran a los estándares contemporáneos de la corrección política.

Los sondeos de opinión son instrumentos que podemos utilizar para identificar los deseos y pareceres de los ciudadanos. Pero, es necesario recuperar el valor de la autonomía parlamentaria respecto, no solo de los otros poderes constituidos, sino también de las empresas periodísticas.

Puede pensarse que los medios masivos de comunicación trasladan una opinión pre-existente de los ciudadanos. No obstante, en la medida de que son empresas, los medios pueden dar un tratamiento prioritario a temas que en la agenda pública solo artificialmente tendrían ese predicamento. De igual forma, temas de obvio interés podrían desaparecer del debate público, por decisión de los propietarios de los medios.

No justificamos conductas negativas de algunos miembros del colectivo Asamblea Nacional, pero tampoco es justo que se le atribuyan enteramente al Órgano y se etiquete de igual modo a todos sus integrantes. En ese sentido defiendo con fervor su institucionalidad y la trascendental labor que desarrolla en nuestra democracia.

Es pertinente recalcar que la Asamblea Nacional de Diputados es el único Órgano cuyos debates son públicos, se transmiten abiertamente y admiten la participación ciudadana. En consecuencia, cada discurso o pronunciamiento, tanto en el Pleno como en las 21 comisiones de trabajo, ya sea para favorecer o no una iniciativa legislativa, constituye un hecho noticioso que puede ser motivo de críticas contundentes.

Lo indicado nos lleva a pensar cuál es nuestro rol ante la sociedad y cuál debe ser la conducta pública y privada de los diputados y diputadas. En base a esta interrogante debo remitirme necesariamente a lo que se haya contemplado en la Ley 33 de 27 de octubre de 2005 “Que adopta el Código de Ética y Honor Parlamentario”. En este Código se señala, entre otros aspectos, que los diputados y las diputadas deben adecuar su conducta pública y el ejercicio de las funciones inherentes a su cargo a lo dispuesto en la Constitución Política, las leyes, el Reglamento Orgánico del Régimen Interno y al Código de Ética.

Se dice, además, que los diputados y diputadas: “deben comportarse siempre con honradez, transparencia, justicia, responsabilidad, mesura, discreción y seriedad, de tal forma que su conducta pueda admitir la fiscalización más detallada de parte de los ciudadanos” y se agrega: “Que el diputado y diputada deben reflejar en su conducta pública la dignidad del cargo que ejercen”.

Estoy convencido de que la puesta en práctica de cada uno de los aspectos contemplados en el Código de Ética, sumado al desarrollo y aplicación de indicadores de desempeño, ayudará a mejorar el rendimiento de las funciones parlamentarias y la percepción que la ciudadanía pueda tener de la Asamblea Nacional de Diputados, devolviéndole la confianza y la credibilidad de las que debe gozar esta institución baluarte de la representación popular.

-El autor es presidente de la Asamblea Nacional.rrodriguez@asamblea.gob.pa