18 de Ago de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Apego infantil de un adulto

“El individuo no nace con una personalidad determinada, sino con cierta dotación que condicionará, en parte, su desarrollo posterior. La...

“El individuo no nace con una personalidad determinada, sino con cierta dotación que condicionará, en parte, su desarrollo posterior. La personalidad se conquista, se hace, y se construye”.

Cuando al nacer no existe algún factor heredado, nutricional o circunstancial que implique un daño cerebral, los recién nacidos son psicológicamente sanos, el potencial genético está preparado para que con el tiempo y el ambiente adecuado se cristalice una personalidad saludable. Pese a ello, los estímulos de la enseñanza y la prevalencia de determinadas emociones ayudan o estorban a que esto suceda.

Pero cuando la infancia ha sido dominada por una grave perturbación neurótica a partir de los dos años, que es cuando la personalidad empieza a formarse y sigue evolucionando hasta llegar al final de la adolescencia, entonces la situación es otra. De dos a cuatro años es la etapa en que el niño suele manifestar sus exigencias, por ejemplo, a través del llanto, los gritos, las pataletas, etcétera. Y, hasta que no tenga lo que el adulto no quiere darle, no estará conforme. Se necesita de una gran dosis de paciencia y tolerancia de parte del adulto para el establecimiento de normas adecuadas de conducta. Y que éstas sean asimiladas por el infante. Sin embargo, los adultos suelen ser permisivos otorgándole a la criatura obtener lo que quiere y a su manera.

Ese niño cuando adulto va a manifestar ciertas conductas aprendidas, convirtiéndose posteriormente en un sujeto egocentrista, narcisista, desafiante, soberbio, manipulador y hasta en un ser perverso. Este comportamiento lo impone hacia las personas cercanas a él, como su familia, compañeros de trabajo y amistades.

Y, si tiene un cargo, por ejemplo, de responsabilidad empresarial o pública, suele cometer errores que a la larga lo incapacitan en su labor. Son sujetos que muy poco escuchan consejos, se creen autosuficientes y culpan a los demás de sus desgracias y suelen mentir con facilidad, hasta inventan ficciones para adquirir notoriedad y compasión y disfrutan con hacerse las víctimas para obtener lo que quieren.

Cuando la personalidad se daña se produce el trastorno de personalidad (antes neurosis), que se caracteriza por exaltación anormal de las emociones como ansiedad, depresión, poca tolerancia a la frustración, llanto fácil, culpar a los demás de sus desgracias, usar la mentira como mecanismo de defensa, dificultades para disfrutar la vida y disminuida capacidad para relacionarse con los demás y, de acuerdo al tipo de personalidad, el trastorno puede ser histérico, ansioso, deprimido, hipocondríaco, obsesivo, esquizoide, paranoide o explosivo. Dependiendo de la intensidad del trastorno es el sufrimiento de la persona y de los que se relacionan con él.

Una de las características fundamentales del trastorno es la gran dependencia que existe con respecto a las intrigas y la poca tolerancia para sobrellevar los problemas normales.

Para hacerle ver su degeneración solo una persona con autoridad debe asumir la responsabilidad por medio de una llamada de atención fuerte y hasta amenazante, porque debido a sus errores constantes y pensamientos primitivos continúa con la necesidad de ser un infante.

Muchos pasan por la vida sintiéndose empobrecidos. Sin embargo, somos necesarios y toda persona tiene algo único que contribuir al mundo. Hay que aprender a ser sencillo y humilde y aceptar los errores y equivocaciones como una experiencia positiva de aprendizaje.

*Especialista de la conducta humana.gemiliani@cableonda.net