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24 de May de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Retomar el rumbo

La actual dinámica política del país marca una clara tendencia a complicarse peligrosamente, ya se vislumbran los primeros síntomas que ...

La actual dinámica política del país marca una clara tendencia a complicarse peligrosamente, ya se vislumbran los primeros síntomas que indican que una crisis de gobernabilidad está tocando las puertas de Panamá. El gobierno, en forma constante, abre nuevos nichos de confrontación con sectores de la sociedad.

El sistema judicial está en medio de grandes presiones para resolver situaciones creadas en medio de una pugna política. Se agrava el problema por las acciones dirigidas a destituir a la procuradora general de la Nación, que finalmente terminará en manos de la Corte Suprema de Justicia. Igualmente, depende de la Corte el futuro de importantes casos con claras implicaciones políticas. La judicialización de la política pone en peligro toda la institucionalidad del país.

Hace unas semanas se publicó una supuesta auditoría al Fondo de Inversión Social que implica graves acusaciones contra diputados de gobierno y oposición, cuyas consecuencias están por verse. El debate sobre este tema produjo un enfrentamiento entre diputados de gobierno y el Ejecutivo y como resultado de esta situación, se da una nueva correlación de fuerzas en el seno de la Asamblea Nacional. Se han creado bases objetivas para un entendimiento entre las bancadas del PRD y el panameñismo.

El efecto de esta nueva controversia en la opinión pública se sentirá en las próximas semanas. Por el momento, el público afianza su percepción de que una profunda corrupción está inmersa en el sistema político panameño. Esto hace daño al gobierno y a la oposición. Todavía el director del FIS no ha dado una explicación creíble a la opinión pública sobre los motivos que le impulsaron a levantar estos expedientes contra los diputados del país. La compañía que realizó este trabajo no ha dicho absolutamente nada. Preparar expedientes a integrantes de un órgano del Estado al margen de la Ley es un grave delito, y además, constituye una irresponsabilidad que debe ser sancionada.

En medio de esta confusa situación, el Ejecutivo, a través de su máximo exponente, abre una dura confrontación con los medios de comunicación al catalogar sus noticieros “ de pacotilla ” y que solo compiten por el vil centavo. Esta es la segunda oleada de ataques a los medios y el resultado ha sido un endurecimiento de la posición de estos hacia el gobierno.

La semana pasada se informó de enfrentamientos entre la Policía de Fronteras y miembros de las FARC de Colombia en la que murieron tres insurgentes. Este hecho produjo la reacción del gobierno colombiano que felicitó al de Panamá por la acción realizada. La explicación del gobierno panameño de lo ocurrido, difiere sustancialmente de lo que está diciendo el gobierno colombiano y el alto mando militar de ese país. La intención de Colombia es arrastrar a Panamá hacia el conflicto militar que tiene por más de cincuenta años.

La opinión pública panameña ve con preocupación esta intención del gobierno colombiano y muchos dirigentes políticos y cívicos se pronuncian a favor de impedir que se cumpla la estrategia del presidente Uribe de Colombia.

Panamá vive una situación inédita en su historia. Un gobierno que fue electo por una amplia mayoría de votos y que tiene el control de la Asamblea Nacional se encuentra, a ocho meses de su gestión, envuelto en una serie de pugnas políticas con amplios sectores de la sociedad, por su propia iniciativa. No es la oposición política la que le crea los problemas al gobierno, paradójicamente es el propio gobierno quien genera sus problemas.

Lo peligroso de esta dinámica política es que la opinión pública comienza a impacientarse por los sobresaltos semanales y por la falta de solución a los problemas que realmente le preocupan. Esto es el inicio de un proceso más profundo que puede terminar en consecuencias lamentables.

Es fundamental que el gobierno, particularmente el presidente Ricardo Martinelli, haga un balance crítico de la actual coyuntura y pueda retomar rápidamente el rumbo que requiere la Nación. Las esperanzas del país están puestas en su capacidad de liderazgo que se va a medir en función de los programas que implemente a favor de los más necesitados y de los niveles de concertación que logre con los sectores empresariales y laborales.

Al evaluar un periodo presidencial se miden las obras que se hicieron, las políticas que se implementaron, las reformas estructurales que se dejan, la fortaleza del sistema político que se prometió, nadie evalúa a un presidente por la cantidad de adversarios que eliminó. La confrontación personal entretiene, pero con ella no se gobierna.

Las perspectivas de nuestro país para los próximos años son excelentes, siempre y cuando se haga lo que tiene que hacerse en la dirección correcta. El presidente Martinelli tiene capacidad para llevar al país a un buen puerto, pero el camino actual no conduce a ello.

*Ingeniero y analista político.blandonc@cwpanama.net