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25 de Feb de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Inseguridad alimentaria

En nuestra contemporaneidad la Inseguridad Alimentaria se extiende por el mundo, y se agudiza… Y, al mismo tiempo, y como consecuencia i...

En nuestra contemporaneidad la Inseguridad Alimentaria se extiende por el mundo, y se agudiza… Y, al mismo tiempo, y como consecuencia inevitable, el hambre (la subalimentación) crece y se desarrolla, y se hace sostenible, desde ésta y desde otras muchas inseguridades (e inequidades) sociales, económicas, culturales, sanitarias, educativas, ecológicas, políticas, etc.

Por otra parte, y porque es real el aumento constante, mundial, del precio de los alimentos, se hace igualmente real la inseguridad alimentaria a nivel planetario…, aunque se muestren todavía cifras estadísticas que hablen de “un aumento exitoso de la producción mundial de alimentos” (FAO, 1998). Es que este aumento exitoso de la producción agropecuaria (hecho realidad, sobre todo, a partir de los años 50), se ha logrado y se continúa logrando a expensas de un uso excesivo, no racionalizado (un abuso inmisericorde) de las tierras cultivables; a consecuencia de lo cual la productividad de esas tierras está disminuyendo constantemente, peligrosamente… Ya desde 1977, un estudio de la Naciones Unidas informaba que casi la quinta parte de la tierra de cultivo del mundo “esta siendo degradada de un modo sostenido”.

Hoy la tierra arbolada y la tierra fértil labrantía disminuyen a nivel planetario. Se empobrecen los suelos agrícolas. Y disminuye el rendimiento de los cultivos, en no pocos lugares del planeta.

Por su parte, la urbanización extensiva y arboricida se toma los espacios que podrían destinarse al cultivo. Y la erosión (Eólica o Hidráulica) también se vuelve extensiva, y empobrece las tierras agrícolas… Agreguemos a esto la existencia de políticas agrarias insensatas y no inteligentes que, en muchos ámbitos, frenan la producción alimentaria. Crecientes inseguridades. Se dificulta la obtención suficiente, el consumo adecuado y el aprovechamiento normal de los alimentos, entre las mayorías excluidas.

Pese al nacimiento (antiguo) y al crecimiento (reciente) de una firme conciencia ecológica, se olvida muchas veces (o no se llega a comprendes plenamente) que las tierras aptas para el cultivo fructuoso, son el sustento de la producción alimentaria (agrícola) y mucho más… Y son, igualmente, el sustento de las civilizaciones. Y también de las Culturas.

La erosión erosiona los fundamentos mismos de las civilizaciones.

Y porque es real el aumento constante, a nivel planetario, del costo de la siembra, de los cultivos (fertilizantes, regadíos, drenajes, etc.) y del precio de los alimentos, se hace inevitablemente real la inseguridad alimentaria, la Desnutrición. Y los niños son los que más sufren ante los hondos fosos de la exclusión.

Hoy las gigantescas metrópolis se convierten en espacios de consumo inarmónico de bienes (alimentos, p. ej.) y de servicios (de salud, de educación, p. ej.). Concentración del consumo, más que un consumo adecuado que se expande y se globaliza desde la equidad y la justicia.. En los mercados (locales, nacionales, mundiales) casi siempre hay alimentos suficientes, pero no para todos… Porque una mayoría no puede tener acceso a los mismos… Económicamente están vedados para esa inmensa mayoría (de pobres)… Los productos destinados a la alimentación humana son un bien, ciertamente; pero son, igualmente, algo más que un bien… Es evidente que el problema fundamental de la alimentación humana aún no parece ser de producción sino de distribución.

Y hoy nos preguntamos: ¿Por qué la descomunal y planetaria investigación tecnológica no se dirige, en mayor medida, a lograr métodos sencillos de utilización, eficaz y de bajo costo, de la energía solar?, hecho que (manejado humanamente, éticamente) haría posible el descenso del precio de los alimentos en el mercado… Recordemos que el agua de la vida y del buen trabajo se acaba; la acabamos, la dañamos.

*El autor es médico, escritor y Académico de Número de la Academia Panameña de la Lengua.roszanet@cableonda.net