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28 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

El censo, un retrato de familia

El censo de población, como el que acaba de pasar, debe ser considerado como uno de los ejercicios de ciudadanía más importantes, y la c...

El censo de población, como el que acaba de pasar, debe ser considerado como uno de los ejercicios de ciudadanía más importantes, y la controversia que ha generado debe ser asumida como parte del debate democrático de la sociedad. El censo es una foto de familia que nos dice mucho de los que aparecen en ella, así como de los “ausentes”. Al ver un álbum familiar uno puede intuir el carácter de cada miembro viendo sus caras, pero también puede preguntarse: ¿Por qué no aparece la tía Agnes?

Los censos siempre han sido controversiales. El censo para el ciudadano romano, era la garantía de sus derechos políticos y económicos, y no ser contado era un desastre que amenazaba el estatus social. Para los pueblos sometidos por el Imperio, el censo era negativo, porque estaba asociado al cobro de los impuestos. Hasta nuestros días, muchos no son veraces respecto a sus propiedades y situación económica.

Las preguntas que se hacen también nos dicen mucho sobre la mentalidad de la sociedad. Los romanos solo registraban el nombre del jefe (patrón) de la casa, el resto de los hombres, mujeres y esclavos se los contaba, pero no se registraban sus nombres. La sociedad romana era esencialmente patriarcal. El primer censo realizado en Estados Unidos contó los esclavos negros, pero tampoco registró sus nombres. La edad de los hombres blancos solo interesó precisar cuántos eran mayores de 16 años, en función de un posible reclutamiento militar.

El Estado panameño hace censos desde 1911, pero la índole de las preguntas ha ido variando. Desde el inicio se preguntó por la “ raza ” de las personas, pero no hubo intento serio de registro de nuestros pueblos indígenas hasta 1930 y solo llegó a sus comunidades remotas en 1940. En este último se incluyen aspectos sociales, como la vivienda. En los años 70 se separan los censos agropecuarios de los de población.

Por ello es legítimo que, en 2010, la población afropanameña exigiera la inclusión de preguntas que lleven a esclarecer su situación poblacional y social. Las polémicas emanadas de esta inclusión eran de esperarse. Desde el racismo, abierto o soterrado, de quienes no querían las preguntas (o las omitían) hasta quienes se declaraban ofendidos con ellas, aún exhibiendo claros rasgos negroides, en el otro extremo quienes no teniendo rasgos evidentes, deseábamos revindicar al abuelo/a negro que corre en nuestra sangre.

Parece que faltó más esclarecimiento, porque muchas personas estaban confundidas. Las preguntas sobre etnicidad no exigen una respuesta biológica, sino de autopercepción cultural. Cómo la persona se identifica a sí misma. Sugerimos al INEC que todas las preguntas de este tipo deben unirse en una sola sección, incluyendo grupos indígenas, pero también la identidad hispana (o mestiza), y otras.

Llaman la atención los fallos de logística en una institución como la Contraloría, que mancha su prestigiosa reputación. Hay que preguntarse si la causa no debemos buscarla en la esencia de clase de la actual administración, para la que la política social es sinónimo de beneficencia, que no da importancia a lo que no suena en la caja registradora y que bota funcionarios como si fueran papel higiénico.

*Sociólogo.olmedobeluche@hotmail.com