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25 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Una Alcaldía vacía

Un hecho notorio de los últimos años en materia de gobierno, es el valor que progresivamente asumen los municipios y comunidades locales...

Un hecho notorio de los últimos años en materia de gobierno, es el valor que progresivamente asumen los municipios y comunidades locales, en diferentes regiones del mundo, como los espacios humanos de mayor potencialidad para innovar en materia de políticas públicas y experiencias de desarrollo humano sostenible en favor del mejoramiento de la calidad de vida de las personas.

Las lecciones de la experiencia que ofrecen municipalidades urbanas como las de Bogotá en Colombia, Porto Alegre y Curitiba en Brasil, son ejemplos que dignifican el desempeño de las autoridades municipales que actúan con previsión, compromiso, creatividad y transparencia, para hacer de la comunidad que representan un lugar sano y atractivo para vivir.

Cuando las autoridades municipales llegan a ejercer el cargo para beneficiarse a sí mismas, a sus familiares, amigos y copartidarios; cuando los alcaldes, representantes y concejales ejercen su oficio sin conocer ni comprender el alcance de la tarea que asumen, las comunidades y sus habitantes serán el teatro de la improvisación, la desidia, el desorden en la prestación de los servicios básicos y el uso cuestionable de los recursos públicos que administran.

El resultado es la desilusión ante el fracaso de un modelo político-administrativo de gestión municipal y la frustración en quienes se atrevieron a soñar en una comunidad mejor para todos. Al término de esa administración es como volver a empujar la carreta de las aspiraciones sociales, hacia una colina cada vez más empinada y difícil de transitar.

Aún cuando se reconoce que no todas las limitaciones se imponen desde el municipio, pues sistémicamente múltiples factores dependen del apoyo del partido político al cual pertenece o del gobierno central del cual depende, es en la esfera local donde ese encuentra una buena parte de las soluciones.

De allí la necesidad de contar con alcaldes competentes. Con personas que tengan el liderazgo, la imaginación y el carácter para impulsar un proyecto municipal que ponga la atención en la gente, que valore la cultura, fomente la educación de calidad en todas las edades a lo largo de la vida, que reivindique los espacios públicos, respete el medio ambiente, asegure el aseo y la seguridad ciudadana, promueva las oportunidades de empleo, garantice la prestación de los servicios públicos (agua potable, electricidad, Internet para todos) y genere confianza entre los asociados.

Se buscan alcaldes y alcaldesas capaces de promover y concertar con el gobierno central, empresas privadas y organizaciones locales, planes de desarrollo integral con metas medibles y un presupuesto participativo generado mediante la consulta pública, que rinda cuentas a su comunidad dentro de un modelo de gestión más humano, sostenible y democrático.

También de organizar equipos de trabajo apelando a las mejores capacidades de las personas de la comunidad.

Es hora de soñar y trabajar por ciudades en la Región Metropolitana, el interior del país y zonas indígenas, que cuenten con centros culturales vivos (museos, sitios temáticos, casas de la cultura), espacios públicos atractivos (parques, plazas, calzadas, gimnasios, canchas deportivas) para la actividad física, deportiva y recreativa; servicios de transporte público económico, seguro y cómodo, que conecte los puntos de mayor importancia para la población.

Una administración que organice o fomente la instalación de redes de salud primaria, de centros educativos infantiles en las áreas más pobladas que sirvan a la estimulación temprana y aprendizaje integral de la niñez menor de cinco años de edad y faciliten un servicio a las madres que estudian o trabajan.

Impulse casas de atención diurna para adultos mayores y programas compensatorios para las mujeres. Igualmente, acciones permanentes de capacitación técnica para jóvenes y adultos con vista a desarrollar sus destrezas y conocimientos laborales, en correspondencia con los recursos y necesidades socioeconómicas de la comunidad y la Región.

Cuando encontremos hombres y mujeres capaces de enfrentar estos desafíos, el país también se encaminará a liberarse de las ataduras de la pobreza, la exclusión, la injusticia y el atraso, que afectan las condiciones de vida de miles de personas tanto en el campo como en la ciudad. Los puestos vacíos en las alcaldías también serán llenados con la inteligencia y la integridad que reclama el momento histórico nacional.

Una visión renovada de la municipalidad y su contribución al progreso de las comunidades y el país, demanda del Estado panameño una política clara y consistente para incentivar las estrategias y esfuerzos municipales más convergentes con modelos de desarrollo más participativos, eficientes, transparentes y creativos. En ese sentido, el fortalecimiento de las capacidades locales, mediante la formación de sus dirigentes administrativos, políticos y comunitarios, es una tarea inaplazable en nuestro país.

*Docente universitario.jbbernal@cwpanama.net