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30 de May de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Patria y responsabilidad

Esta semana cumplimos 107 años de vida republicana y, para los que no se acuerdan, también estaremos celebrando 10 años de la recuperaci...

Esta semana cumplimos 107 años de vida republicana y, para los que no se acuerdan, también estaremos celebrando 10 años de la recuperación de la soberanía total sobre nuestro territorio con la transferencia del Canal de Panamá el 31 de diciembre de 1999. Este último hecho consolidó nuestra verdadera independencia y abrió las posibilidades de trabajar afanosamente por impulsar nuestro desarrollo, con el fin de que, como nación, pudiéramos gozar de los beneficios que, como país realmente independiente, merecemos.

Pero 10 años después, y a 107 años de separación, algo anda mal. Resulta muy difícil que las nuevas generaciones comprendan el valor de la lucha que se libró por casi un siglo y que entiendan las circunstancias históricas que permitieron alcanzar los logros obtenidos en 1999. Decía Peter Senge que la ‘tensión estructural’ es el reto más difícil en el camino por alcanzar el lugar que visionamos, ante los constantes desvíos de la realidad.

La visión de un país libre y trabajando por su desarrollo integral, choca con la realidad que vivimos. La independencia se debate hoy entre las fallas de nuestro sistema educativo, el pobre, pero categórico, papel que juegan los medios masivos de comunicación en el deterioro de nuestra identidad nacional y social y, la falta de políticas culturales concretas, que amenazan la consolidación de la nación. Somos una nación complaciente y conformista. Nos estamos saboteando nosotros mismos.

Estos primeros años del nuevo milenio deberían ser algo así como un tiempo de transición entre el proceso de desmantelamiento colonial que vivimos durante los últimos 23 años del siglo pasado, y el perfeccionamiento del Estado panameño en camino a una condición social más elevada para todos. Ambos requieren de mucho trabajo y de una población preparada y dispuesta a asumir su responsabilidad en esa tarea. Pero nuestra sociedad no funciona desde hace mucho tiempo bajo los parámetros que envuelven una visión integral de desarrollo y perfeccionamiento. Algunos creen que eso se logra mediante la construcción de rascacielos y centros comerciales. La visión de un desarrollo social y sistémico del hombre y la mujer que conforma parte de esta nación está en serio cuestionamiento.

Desde no sé cuándo en los últimos años, se ha ido alojando en la conducta de la sociedad el espejismo de que todos somos triunfadores, no importa qué. En las competencias infantiles, por ejemplo, la práctica es que todos ganan medallas o trofeos: ‘lo importante no es ganar, sino competir’. En sociedades de ‘juegavivo’ como la nuestra, eso también quiere decir que el esfuerzo no tiene que ser mayor. Impera la ley del menor esfuerzo. Entonces, ¿qué actitud esperamos del colegiado de profesores que pide aumentos salariales, aún cuando el producto que entregan a la nación no es de la mejor calidad? ¿Qué podemos pedirle a los muchachos que exigen el pago de la beca universal, aunque no tengan la calificación mínima de 3.0?, que incluso considero demasiada baja.

La semana pasada, en el marco de una serie de protestas estudiantiles, quedó nuevamente en evidencia lo que todos sabemos: en esencia, la brújula de la generación que está por sucedernos en los próximos 25 a 30 años en la conducción de las cosas de la nación, no funciona. Se perdió la de ellos y la de sus acudientes, en algunos casos. Aspirar a ser premiado por algo que no lograron; pocos entienden que el sistema educativo está en un punto crítico que amenaza el proceso de desarrollo nacional.

Las estadísticas oficiales de los últimos años señalan que el 69.5% de los estudiantes de premedia presentaron índices de fracasos en asignaturas tan importantes como Matemáticas, Ciencias Naturales, Ciencias Sociales y Español. El 50% de los jóvenes fracasaron en las pruebas de admisión a la Universidad Tecnológica de Panamá y el 65% lo hizo en las pruebas de admisión a la Universidad de Panamá. En las universidades privadas el nivel y el rigor son altamente cuestionables.

Durante los años de juventud la responsabilidad es también un desafío. Me preocupa decir que por donde mire siento que esta generación la estamos perdiendo, en lo educativo, lo social y lo cultural. No tiene idea del papel histórico que debe asumir dentro de muy poco en la cadena de sucesiones generacionales. Hace falta un entendimiento sobre el valor por el desarrollo humano sistémico e integral. Cimentar la responsabilidad personal de todos. Eso es una obligación patriótica.

Esta semana, los educadores, los estudiantes y los altos oficiales de la nación, vestidos y llenos de motivos, celebrarán los actos y desfiles tradicionales sin esa clara conciencia sobre su papel en la construcción de la sociedad del siglo XXI. Hacer Patria es exigir y tener compromiso. Contribuir, en vez de exigir a la fuerza, lo que no nos merecemos.

*COMUNICADOR SOCIAL.