Temas Especiales

24 de Jan de 2021

Ramiro Campos

Columnistas

Modelo social de discapacidad

Inmerso en constantes procesos de crítica, autocrítica y desarrollo.

El modelo social de discapacidad, como modelo dinámico y colectivo está en proceso de desarrollo, reflexión, análisis y continua transformación. Así se reconoce que, como cualquier otra área de debate político o teoría sociológica, se halla inmersa en constantes procesos de crítica, autocrítica y desarrollo.

La línea de análisis sociológico cultural e histórico supone una contribución importante al estudio de la discapacidad, porque advierte que las raíces culturales de la opresión de las personas discapacitadas en la sociedad occidental son anteriores a la existencia del capitalismo.

No obstante, esta aportación de Shakespeare puede considerarse parcial, ya que reduce las explicaciones de fenómenos culturales, como es la percepción de la diferencia física, sensorial e intelectual, al nivel de procesos de pensamiento, desatendiendo los aspectos económicos y sociales.

Los principios de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) proclaman que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad y el valor inherentes de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana.

Las personas con discapacidad deben tener los mismos derechos que tienen todos los seres humanos.

‘Reconceptualizarse’ significa respetar los ‘derechos a vivir con dignidad humana’, que deberán ser reivindicados en la rehabilitación y habilitación, el más relevante es la autodeterminación. Significa hacer las cosas de tal manera que la persona determine, con la asesoría del equipo de rehabilitación, la vida que desea llevar mediante la rehabilitación. Esta debe ser la meta principal (en términos de la CIF es la Participación). Para esto el equipo debe proponer alternativas factibles para que los usuarios y su familia tomen la decisión final.

La rehabilitación debe ser un ejercicio hecho a la medida de cada persona, de acuerdo al proyecto de vida que quiere llevar. Se deben establecer mecanismos para garantizar un trabajo en equipo entre los profesionales de la rehabilitación.

Para esto se debe utilizar un lenguaje común y utilizar el establecimiento de una medición del funcionamiento a través de las actividades de la vida diaria.

Los grandes desafíos requieren de protagonistas activos y no de espectadores. Por ello es necesario abrir cauces de participación a los diversos organismos, instituciones y empresas existentes en cada comunidad, sin exclusiones.

Se debe aprender a precisar y dimensionar los problemas y sus eventuales soluciones, con el fin de definir las prioridades a las que hay que abocarse.

Deben realizarse, de forma permanente, tareas concretas, en donde se desarrolla la vida cotidiana de las personas discapacitadas, esto es, en el barrio, la comunidad, y en el entorno más inmediato.

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