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23 de Nov de 2020

Rogelio Herrera

Columnistas

Atrazina y bacterias versus cuerpo humano

El cuerpo humano es resistente, pero también es vulnerable

Atrazina y bacterias versus cuerpo humano
Atrazina y bacterias versus cuerpo humano

Este es un relato verídico de lo que le está ocurriendo a gente noble, trabajadora y hospitalaria de las provincias de Herrera y Los Santos, en la República de Panamá. Consideramos al herbicida atrazina y a las bacterias como si fueran un solo contendor y el otro, sería el ser humano. Todo el que pueda ayudar a solucionar esta crisis, que Dios le bendiga.

En el río La Villa, límite entre las provincias señaladas, hay muchos elementos extraños, perversos y asesinos. Incluso, existe un pugilato especial, digno de ser presentado en una cartela mundial de boxeo o en el cine: atrazina y bacterias vs el cuerpo humano. El cuerpo humano es resistente, pero también es vulnerable. De sus contrarios, no se sabe cuál de dos es más peligroso, se carece de una estadística real, que quizá oculten con propósitos oscuros, malévolos o de conveniencias. Al estilo de Maquiavelo: ‘... y significa que gobernantes o el pueblo han de estar por encima de la ética, de la moral y de las leyes vigentes para conseguir sus objetivos o llevar a cabo sus planes’.

La atrazina, herbicida mortífero, viene acabando con la vida de la gente en la región azuerense, desde hace varias décadas. A muchos les ha dejado con un solo riñón y otros se fueron al más allá. Su potente derecha ha quitado la piel y el cabello a personas que jamás pensaron en enfrentarse a ella, entre ellas, a quien suscribe el artículo. Pero todavía así, hay jueces que le favorecen, diciendo que pocas partes por millón de puñetazos no afecta a nadie.

Me decía un amigo infectólogo: ‘Profesor, lo que va a matar a la gente no es la atrazina, sino las bacterias que contiene el río La Villa’. Los virus, las bacterias y los parásitos son organismos vivos que nos circundan. Se encuentran en el agua y en la tierra, en las superficies de los alimentos que comemos y en las superficies que tocamos, tales como las mesadas del baño o la cocina. Algunas bacterias viven en nuestro cuerpo y no nos ocasionan problemas. Otros tipos de bacterias (al igual que parásitos y virus) pueden ocasionarnos algunas enfermedades si ingresan a nuestro organismo. Las bacterias y los virus pueden vivir fuera del cuerpo humano (por ejemplo, en una mesada), a veces durante muchas horas o días. Los parásitos, sin embargo, requieren un huésped viviente para poder sobrevivir.

Los ‘jabs’ de las bacterias son terribles y atacan principalmente el intestino. Un familiar nuestro fue a dar al Hospital Gustavo Nelson Collado, el dictamen final: Bacterias en el intestino. Al paciente se le ocurrió consumir el agua de la pluma y abandonó la que viene embotellada (que no es muy bendita que digamos); como consecuencia, se tomó su tremendo susto. Le administraron Enterogermina más antibióticos y mejoró poco a poco. Pero la puñera fue grande.

Tanto la atrazina como las bacterias se están dando gusto con la población de Azuero, ya que no tienen contendores, son impunes, reinan felizmente. No ha habido ninguna medida contundente contra ellas, reinan sin reglas ni medidas. La atrazina sigue allí en el fondo del río y puede durar años —ella aflora por lixiviación—, luego de su vertido o si alguien la siguen usando.

Los laboratorios del IDAAN en Chitré (Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales) tienen un aproximado de 60 años, se han nombrado biólogos y hasta un químico, pero carecen de herramientas y reactivos adecuados. Ya no se le puede aumentar el cloro al agua, porque sería dañino para los humanos. Por lo tanto, microorganismos, como la ameba, viven libres en agua o en tierra, mientras que las de otros géneros relacionados parasitan el intestino del hombre o de los animales. O sea, la cantidad de cloro que se le añade al agua no es suficiente para matarla. Actualmente, en la potabilizadora Roberto Reina se están usando filtros para retenerla; pero, como ella cambia de forma, posiblemente se pase al vital líquido que consumimos. Este parásito es peligroso, dependiente del género al que pertenezca.

Las porquerizas siguen vertiendo los desechos porcinos al agua, igualmente en los afluentes y en el propio río La Villa. El alcantarillado de Chitré en su parte final, tiene una procesadora para el tratamiento de esos líquidos, inconclusa. Lo que significa que orinas, heces y desechos van directamente al río. Las tinas de los hospitales, para procesar los desechos, siguen dañadas.

A pregunta que se le hiciera al famoso oncólogo Hermes Huertas, sobre a qué se debe el alto índice de cáncer en la región, contestó con otra pregunta: ‘¿Cómo anda la calidad del agua de ustedes?’.

En el nosocomio Gustavo Nelson Collado, han tenido que ampliar la Sala de hemodiálisis (tiene un edificio propio), síntoma de que algo anda mal en la región, el páncreas, riñón e hígado son afectados considerablemente. Lo que es un aviso para las autoridades de Salud.

Basta y sobra ver el espectáculo diario de gente que busca desesperadamente agua potable, pues no la encuentra en el grifo. El garrafón de agua está a 4.59. Además, la gente no puede estirar más sus emolumentos para seguir comprando agua.

Señor ministro de Salud: Usted prometió encontrar una solución permanente a la contaminación del agua en nuestra región. ¿Cuánto más debemos esperar? La región azuerense merece mejor trato y solución a sus problemas.

Solicitamos ayuda a la Cruz Roja Internacional o a quien pueda darnos auxilio, esto es inhumano.

DOCENTE