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26 de Oct de 2020

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Ernesto A. Holder

Columnistas

Aquella delgada línea

‘La integridad es de seres que saben muy bien quiénes son. No pretenden engañar...’

En los últimos días, a varias personas les dibujé una delgada línea en una hoja en blanco. Por todo el centro de la hoja, horizontalmente; y procuré que la línea fuera tenue, sin presionarla en demasía. También procuré que los espacios arriba y abajo fueran del mismo tamaño, por lo menos hice el intento. En aquella hoja en blanco, de manera simulada, todo el espacio representa nuestro tiempo, este que vivimos. El conjunto de nuestros actos y nuestras decisiones. No se ven, pero allí están, acompañándonos y, cada acto que realizamos, a diario, va ocupando un espacio en la hoja.

Cuando hice la raya, delgada y tenue, les decía que la línea entre la honestidad y la hipocresía era bien delgada, eso en las relaciones humanas. Algo así como la línea entre el amor y el odio (el título y el sentido de una canción de hace muchos años). Les decía que no se fiaran de lo que algunas personas eran capaces de decirles en sus caras, sin resquemor y con una sonrisa. De alabarlos sin mesura mientras en sus mentes siente lo contrario. He visto mucho de eso a lo largo de mi vida y les advertí que se cuidaran de ello.

Algunos seres humanos, esos que andan a diario en busca de reconocimientos por adulación; acaparar espacios y ganar aplausos, son muy expertos en estos comportamientos. Han afinado su manejo y conducta social con esos objetivos en mente; alcanzar metas superiores en empresas o instituciones mediante un acto superficial y vacío de una presumida moralidad y honradez. Buscan afanosamente la oportunidad de reconocimiento, y con eso, en esencia, sus actos hacia los demás son artificiales; ejecutadas únicamente para llegar a ese fin.

La integridad es de seres que saben muy bien quiénes son. No pretenden engañar a ninguna persona para ganarles la partida. Por si no lo saben, esas partidas se pierden a la larga. Hay gente que habla y habla todos los días sobre muchos temas de los cuales sabe absolutamente nada. Ha aprendido, con increíble éxito, en su acto birlibirloque, a convencer a otras personas de que sabe de lo que opina. Siempre tiene una respuesta a todo y si no la sabe, la inventa. La línea poco puede separar a los embusteros de los verdaderos expertos de una disciplina. Sino me creen, hay un personaje que pasó por médico durante muchos tiempo —Grimaldo Córdoba— sin que las autoridades lo pudieran detectar, incluso el presidente de la República.

Como comunicador e investigador me preocupo con mucho celo de que las informaciones transmitidas sean fieles a la situación que se vive; sin acomodar la verdad para disimular el rumbo de los acontecimientos. No soy partidario de establecer escenarios que no son ficticias, pero que tampoco son la realidad y transmitirlas a los grupos de interés para calmar las inquietudes. Para mí, eso, sencillamente es desleal. Esa línea no se cruza, porque corres el riesgo de enredarte del otro lado y la verdad te retrate como lo que realmente eres.

La delgada línea también es buena para entender que hay poco espacio entre la honestidad y el descaro. Hay una fotografía del gabinete de ministros del presidente Martinelli, tomada unos cuantos días antes de finalizada su gestión, en donde aparecen todos con una condecoración otorgada por el presidente saliente, por sus servicios a la Nación. Varios de los condecorados están siendo investigados por diversas situaciones de corrupción y malos manejos de los fondos públicos, incluyendo enriquecimiento injustificado.

Para los que creen que pueden engañar a todos, todo el tiempo, les dibujo esa línea como un aporte por el camino que les queda por delante. La idea de la solidaridad, la empatía y la sinergia humana se puede celebrar de muchas otras maneras en que no es necesario desarmarse en público con palabrerías rebuscadas, insensatas y baladíes para reconocer los logros. Y es más valioso cuando el valor de sus aportes es de honesta construcción individual sin pisotear los sueños y aspiraciones de los que tienes alrededor.

La teoría de la línea delgada busca la manera de encontrar espacios comunes en donde yo te respeto y tú me respetas; yo soy una persona y tú eres otra, con nuestras taras y nuestros sueños, pero con iguales aspiraciones por definir nuestros caminos con honestidad y sin zancadillas.

COMUNICADOR