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16 de Oct de 2019

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Julio Bermúdez Valdés

Columnistas

Estados Unidos y Cuba, una proyección positiva

Hay cosas nuevas pasando en la región, y no pueden ser consideradas ni demagógicas ni teatrales

Hay cosas nuevas pasando en la región, y no pueden ser consideradas ni demagógicas ni teatrales.

El lenguaje y el comportamiento de la Guerra Fría, los códigos que adoptó en América Latina parecen derrumbarse y no sería equivocado decir que Estados Unidos, sin renunciar a sus principios, está renovando su liderazgo.

Barack Obama se muestra cómodo y solvente en su papel de factor de distensión con Cuba, mientras que Cuba parece entrar con precaución y firmeza en un terreno que no le es del todo familiar: la amplitud y la apertura de quien durante más de 50 años fue su enemigo, su atacante, a la vez que su blanco de ataque.

¿Qué aporta cada quien en esta negociación y qué se espera de ambos?

Aunque sería ingenuo pensar que son agendas sin propósitos definidos, me atrevo a apostar que lo que salga de allí no será ni remotamente parecido a lo que pudo ser en octubre de 1962, con la crisis de los misiles, ni en octubre de 1967, con la creación de ‘uno, dos, tres Vietnam ' en América Latina, no solo porque el entorno mundial ha cambiado, sino porque las generaciones que se encargarán de consumar este episodio portarán otra visión, otro discurso y otros propósitos.

Este nuevo episodio en las relaciones Estados Unidos-Cuba, no se puede juzgar a la luz de los componentes de una época que cincuenta años atrás poseía otros códigos. La visita de Obama a Cuba deja sorpresas positivas en ambos bandos y expone realidades desconocidas para muchos. Ambos países, en sus políticas, aportaron durante muchos años elementos de una situación solo conocida a través del prisma de sus dirigentes, de sus discursos o de su propaganda. La vista de Obama a La Habana deja como saldo la posibilidad de que ambos países se muestren de cuerpo entero ante sus propios pueblos y antes los de la región.

Es una apertura donde los sectores más radicales de ambos países parecen aislados y donde la tolerancia y el respeto podrían estar ganando espacio, al demostrar que las relaciones internacionales no pueden seguir siendo determinadas por los distintos tipos de sistemas políticos. Es evidente que hay que avanzar a otros estadios, donde la cooperación es cierta, y donde los impactos tengan otros orígenes y otros objetivos, sin que se muestren las armas primero. ¿A condición de qué? Eso lo mostrará el desarrollo de la situación.

El último escollo que queda en esto es el bloqueo económico que, por lo que dijo el presidente Obama, se resolverá. Y creo que Estados Unidos camina en esa dirección, porque, para quienes creen que se trata solo del esfuerzo de este presiente, vale la pena recordar que en 1997 ya Fidel Castro agradecía a Bill Clinton sus esfuerzos en ese sentido. Ambos países están jugando de manera inteligente y abierta, atrás parece quedar el lenguaje del garrote y la retórica incendiaria y, aunque el nuevo nada tiene que ver con la zanahoria, lo del 21 y 22 en Cuba muestra un nivel nuevo y alto en la política de las dos naciones, una especie de reto sutil que coloca al mundo a la expectativa.

La variante, tan sencilla como compleja, radica en que la vieja estrategia del bloqueo ha sido sustituida por una apertura que inunda a Cuba, de empresas norteamericanas, de cubanos que una vez conspiraron desde Miami contra la isla, de ciudadanos sencillos que ahora pueden reunir a sus familias, entrar y salir sin las restricciones del pasado. Washington ha entrado en la Isla sin disparar un tiro, sin ninguna invasión como algunos temieron en el pasado.

Es adivinable que en La Habana haya sectores más radicales que sigan viendo en Washington el lobo feroz y con recelo la mano extendida del Tío Sam. Otra vez la paz parece más peligrosa que la guerra. Lo cierto es que si Washington ha variado su lenguaje, de parte de Cuba parece haber ocurrido otro tanto y está desplegada una carrera donde se comprobará si es posible correr juntos un largo trecho.

Como sea, el paso que han dado ambos países posee una proyección enorme y positiva; lo demás, gravita en el entorno.

PERIODISTA