22 de Feb de 2020

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Roberto Antonio Pinnock Rodríguez

Columnistas

Universidad de Panamá: clientelismo, institución para desterrar

Clientelismo (lat. Cliens : cliente, vasallo) es un concepto que describe los complejos entramados de relaciones

Clientelismo (lat. Cliens : cliente, vasallo) es un concepto que describe los complejos entramados de relaciones, prestaciones, contraprestaciones, lealtades, obligaciones, compromisos e intercambios informales que se configuran entre un patrón que utiliza el poder para repartir prebendas a un vasallo o súbdito a cambio de su apoyo o usa ese poder en su contra cuando ese súbdito no colabora con el sistema. Con antecedentes tan remotos como los de la Roma antigua, el clientelismo ha sobrevivido hasta hoy, asumiendo diversas variantes (mafiosas, por ejemplo), si bien preservando como núcleo fundamental un sistema de relaciones asimétricas entre un patrón y un súbdito, mediadas por intercambios extraoficiales de favores (Bobbio y Matteucci: 1981).

Lo típico en la época moderna es el clientelismo político (variante de corrupción), particularmente en las regiones mediterráneas y en América Latina, donde hasta cierto punto subsisten sociedades tradicionales relativamente cerradas, basadas en un patrón regular de interacciones, conocido, practicado y aceptado (O'Donnell: 1997), por el cual se transan prestaciones y favores a cambio del apoyo electoral que asegure el continuismo y la perpetuación en el poder del funcionario, grupo o partido político.

Una modalidad contemporánea de ese patrón es el clientelismo académico, institucionalizado en muchas universidades, que se ejerce por quienes detentan el poder con base en las estructuras burocráticas y en los recursos que regentan en microcosmos cerrados y autónomos (Bobbio y Matteucci; Hobert, R.). En las universidades pierden legitimidad el ethos y las lógicas meritocráticas, los mecanismos regulatorios y procedimientos formales, relegados por mecanismos informales operacionalizados a través de redes clientelares, que configuran complejos esquemas de prestaciones y contraprestaciones materiales y simbólicas que se exacerban en las vísperas de procesos electorales (Hobert; García; Muñoz: 2012).

Nuestra primera Universidad Nacional no escapa al clientelismo académico, que se vino instaurando en ese primer centro de educación superior del país y que se naturalizó a partir de la intervención militar en diciembre de 1969. Fue muy visible el reparto de prebendas en el contexto de la aprobación de la Ley universitaria de 1981 y la subsiguiente elección del rector por el Consejo General Universitario; así como la escandalosa elección del rector por el Consejo General, en 1986, que emergió del tristemente célebre ‘Pacto del Granada ' que dio lugar al reparto de las vicerrectorías y altos cargos de la Universidad Nacional a candidatos que fueron ‘bajados ' a favor del Dr. A. Adames y a dirigentes gremiales y de grupos estudiantiles. En ese marco el hoy candidato de la administración fue designado como vicerrector académico (Díaz Herrera: 1987).

Desde entonces hasta hoy, en la Universidad de Panamá echaron profundas raíces las redes clientelares amparadas en el poder burocrático, el control del presupuesto, el centralismo y la reelección de las autoridades. A cambio del voto y de apoyo político, afloraron la compra de conciencias, la asignación de cargos y nombramientos, el otorgamiento de tiempos completos, apertura de concursos, ascensos, aumentos salariales, la asignación de horas y turnos, el hostigamiento laboral. Se internalizaron conceptos y prácticas clientelares típicas de los partidos políticos, como el ‘¿Qué hay pa'mí? '; las cúpulas de los gremios y de las agrupaciones estudiantiles fueron cooptadas y surgieron algunos auténticos feudos y cotos familiares de algunos intermediarios allegados al poder. En períodos electorales se generalizó y aceptó por casi todos la práctica antiética de inscribir candidaturas a rector para luego negociar su declinación a favor de otra.

Resulta imperativo que la Universidad de Panamá recupere su institucionalidad y legitimidad escamoteadas por el clientelismo que la carcome a todo lo largo y ancho de sus estructuras y dimensiones; que la transparencia y las prácticas apegadas a la Ley, el régimen democrático y participativo y a la ética pública sean los pilares de la más alta Casa de Estudios del país. Tal es el compromiso del Movimiento de Renovación Universitaria.

*MIEMBRO DEL COLECTIVO MRU, CAPÍTULO DE HUMANIDADES.