Temas Especiales

08 de Apr de 2020

Berna D. Calvit

Columnistas

Para mirar de frente

El país no ha realizado un estudio sobre el costo económico y social de las drogas durante los últimos 10 años

La adicción a las drogas que corroe la mente y el cuerpo y destruye hogares con tragedia y sufrimiento, es un problema de dimensiones trágicas. Sin embargo, parece que solo nos preocupa y nos asusta cuando aparecen en los noticieros lo más aparente, los enormes decomisos de droga. En un largo informe de 2014, ‘Evaluación sobre el control de la droga de la Convención Interamericana para el Control del Abuso de Drogas ' (Cicad), se lee que ‘Panamá no cuenta con encuestas nacionales de hogares ni estudios de acceso a los registros de pacientes en centros de tratamiento en el ámbito de reducción de la demanda. El país no ha realizado un estudio sobre el costo económico y social de las drogas durante los últimos 10 años. Panamá no cuenta con procedimientos operativos normalizados para identificar y seleccionar a los candidatos que reúnen los requisitos para participar en las alternativas al encarcelamiento ni monitorea el progreso de los participantes en estos programas. Asimismo, el país no evalúa este programa de alternativas al encarcelamiento '. Pero la droga —principalmente marihuana, cocaína y anfetaminas— pasa de mano en mano más allá de lo que imaginan los padres; en las fiestas de adultos y jóvenes, en bares, discotecas, en apartamentos convertidos en prostíbulos, el ‘pase ' y el ‘esnifeo ' son de rigor, parte de la vida social. Y por supuesto, el alcohol, ‘droga portera ' —llamada así porque abre puertas a otras drogas—, totalmente lícita y publicitada, como si fuera un inocente y saludable jugo. Datos recientes y cada vez más alarmantes indican que la edad aproximada de inicio en el consumo de alcohol o marihuana es de 12 años. Y cabe anotar que el consumo de drogas, contrario a los que creen que estas adicciones son de las clases sociales más pobres y menos educadas, también es alto entre los que cuentan con mayor poder adquisitivo.

Es posible que usted, amable lector, haya pasado frente a un local con las letras NA o AA; en esos lugares se reúnen hombres y mujeres que están luchando para zafarse de las garras de las drogas y el alcohol. Narcóticos Anónimos y Alcohólicos Anónimos son asociaciones sin fines de lucro; a las reuniones asisten hombres y mujeres a quienes interactuar con otros fortalece en su intento de permanecer ‘limpios '; no tienen cuotas ni pago de inscripción; no hay que firmar ningún documento ni dar nombre y apellidos. Por eso se llaman ‘anónimos '; allí no juegan papel la política, religión, raza o condición social o sexual; no están sometidos a vigilancia policial ni de nadie. Es una hermandad de seres consumidos por la adicción que llegan allí por voluntad propia a decir en voz alta y sin sentir vergüenza: ‘soy alcohólico ', ‘soy drogadicto '.

Ahora bien. Estos centros, algunos en salones de juntas comunales, parroquias o locales que pagan con lo que llaman ‘la séptima ' (aportan lo que pueden para cubrir el costo del alquiler y la electricidad) son muy pocos para cubrir la necesidad de adictos. No tengo toda la información que quisiera tener, pero en Internet están los datos disponibles para comunicarse y pedir ayuda. Dos de las dificultades para luchar contra los diferentes tipos de adicciones son la vergüenza y la negación de la familia a aceptar que el familiar se incorpore a estos grupos por aquello de las apariencias. Hay mucha hipocresía para reconocer este mal que corroe profundamente el núcleo familiar. Y peor aún, que los Gobiernos, que despilfarran en viajes, publicidad política, planillas abultadas, fiestas y trivialidades, han descuidado al adicto mientras alardean de la cantidad de droga que decomisan.

Muchos desconocen el Centro de Estudio y Tratamiento en Adicciones (CETA) que opera en las instalaciones del Hospital de Salud Mental en Río Abajo; cuenta con áreas de internado, sala de capacitaciones, enfermería y gimnasio. Es una alternativa abierta al servicio de la comunidad en general. ‘La idea es que más personas se enteren de que estamos acá para ayudar a cualquier familiar que desee superar la adicción; no hay que esperar a que se destruya para buscarle una salida ', dice el doctor Carlos Smith, coordinador del CETA. Algunas empresas, responsables y conscientes de la importancia de recuperar al empleado adicto, apoyan para su recuperación con tratamiento en el CETA; también se ofrece esta posibilidad a detenidos ‘recuperables '. Por otra parte, no hay información reciente ni datos estadísticos ni seguimiento al consumo de psicotrópicos, alcohol y adicciones en general, aunque existe la Comisión Nacional para el Estudio y Prevención de los Delitos Relacionados con Drogas (Conapred). Lo que leí sobre su trabajo, me dio ganas de llorar.

¿Por qué tememos tanto enfrentar la posibilidad de que en la familia tenemos adictos? No admitirlo, por las razones usuales (‘el qué dirán ', miedo, ignorancia, etc.), significa desintegración familiar, violencia, pérdida de bienes, enfermedad, etc. Perseguir al narcotraficante es tarea de las autoridades. Salvar al drogadicto es tarea de la familia, de la sociedad en general, y responsabilidad de las instituciones de Gobierno en servicio social. Una noche, en vez de telenovelas, siéntese con su familia y vea los filmes Tráfico , Diario de un rebelde , 28 días y Ray , algunas de las que le abrirán los ojos ante la dura realidad de la drogadicción. Para que la mire de frente.

COMUNICADORA SOCIAL.