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19 de Apr de 2021

Sydia Candanedo de Zúñiga

Columnistas

Las intuiciones en la educación

‘Por eso (es) necesario entender, más allá de lo que expresara... Enrique Dussel, ..., que los latinoamericanos ‘o inventamos, para brillar con luz propia, o vamos camino a la destrucción'...'

Nunca imaginé que, a mi avanzada edad, encontraría información tan impactante como para revolucionar los conceptos que yo tenía sobre la historia del conocimiento, cuando escuché las palabras del filósofo mendocino Enrique Dussel, quien expresó de una manera didáctica en ese extraordinario programa televisivo, Dossier, sus teorías sobre la modernidad y la europeización del conocimiento, situación que devino con la conquista de América y que alteró el relato de cómo se entendía el desarrollo del conocimiento en el mundo y de la cultura de los pueblos. Esa alteración —dijo el filósofo— se concretó cuando los escritores románticos alemanes ‘decidieron' que el conocimiento era creación de los europeos, y dividieron la Historia en las épocas que nos han estado enseñando en las escuelas a lo largo y ancho del planeta. Todo lo anterior me ha hecho descubrir que no debe ser ya un ‘basta de historias', como dijera equivocadamente un periodista, sino más bien un ‘basta de falsas historias', como lo plantea positivamente Enrique Dussel. Hay que saber, por ejemplo, que la filosofía no nació en la antigua Grecia, sino mucho siglos antes en Egipto, que la imprenta no fue invento de Gutenberg, sino de los chinos y que Alepo, ahora bombardeada, fue cuna del conocimiento aristotélico.

Hace poco en nuestro país, celebramos dos fechas emblemáticas; el Día del Maestro, y el Día de la Madre, las que me recuerdan siempre a mi progenitora, Aurelia Castillo de Candanedo, educadora chiricana que dejó su impronta en varias generaciones de niños que después descollaron como profesionales en nuestro país y que muchos de ellos, la resaltaban por su profundo conocimiento que recibieron y por la forma como ella enfrentaba los temas. Yo recuerdo a mi madre preparando ‘las intuiciones', que no son más que el material didáctico hecho con cartulinas, figuras, recortes y con el uso de cuentos y rondas infantiles para facilitar al estudiante la comprensión sencilla de la materia de una manera real, inmediata y directa.

Pues bien, para aquellos años en que ese ser que me trajo al mundo era mi maestra, en nuestro país había un desarrollo extraordinario de la Educación, porque se era maestro por vocación, en las escuelas normales y con buenos profesores que sí existían. Además, en Panamá convergían grandes educadores de otros países con culturas superiores a la nuestra y hay que decirlo, teníamos igualmente ilustres personalidades, panameños raizales, dirigiendo los destinos de nuestra educación y la cultura. Panamá en esos años se convirtió en un Estado Docente, con una dirigencia política que le daba valor a la educación, apoyada como algo positivo por el pueblo panameño y desarrollada en base al pensamiento universal. Mi madre contribuía con su granito de arena con la educación nacional y casi sin saberlo era parte de ese engranaje valiosísimo que teníamos en nuestro país y que nos llevó a tener importantes organizaciones como el Magisterio Panameño Unido y la Antigua Asociación de Profesores. Y era tan pujante nuestra educación que pienso que de seguirla desarrollando, hubiéramos llegado a otros niveles, de manera que tal vez se hubiese arribado a excelentes conclusiones parecidas a las de Dussel.

No obstante, ese desarrollo en la educación y la cultura nuestras, fue cortado, especialmente a partir de los años de la dictadura militar y desde entonces el caminar educativo fue de tumbo en tumbo, sin encontrar la brújula que nos llevaría hoy, hacía la luz del conocimiento.

Sí, es cierto, en América Latina, para aquellos años, no sabíamos ni remotamente lo que plantea actualmente el sabio filósofo Enrique Dussel, sobre todo, cómo se ha estado manipulando la historia del conocimiento, al atribuirle todos los logros de la civilización a Europa y a los países beneficiarios de la modernidad; es decir, a las culturas del norte. Diría yo que entonces por ‘intuición' sentíamos que se nos daba una educación que nos colocaba a los países del Sur como segundones, pero haciendo un juego de palabras, las ‘intuiciones' didácticas de mi madre y de otros maestros de la época, nos llevaban al fondo de lo que es nuestra verdadera cultura, aunque lo hicieron parcialmente porque tal vez la cultura latinoamericana estaba en formación y el conocimiento de lo nuestro era muy limitado.

Pienso que ahora las cosas han cambiado. El mundo está preparado para dar, efectivamente, un salto enorme para cambiar la ‘geopolítica del conocimiento' y de la cultura de los pueblos. Sobre todo de nuestra América Latina que debe ‘descolonizar su pensamiento', como dijo el filósofo en su disertación. Sin embargo, el hecho de que estemos listos para ese desarrollo de la educación y de la cultura, de revolucionar la forma como se debe enseñar, no nos hace menos vulnerables a las fuerzas centrífugas que desintegran y que se resisten a ese desarrollo del verdadero conocimiento. Por eso se hace necesario entender, más allá de lo que expresara el filósofo argentino Enrique Dussel, como conclusión de su análisis claro y contundente, que los latinoamericanos ‘o inventamos, para brillar con luz propia, o vamos camino a la destrucción'.

EX DOCENTE UNIVERSITARIA Y POETISA.