Temas Especiales

24 de May de 2022

  • Alfredo A. Arango R.

Columnistas

Viviendo en ‘La La Land'

‘El amor es el tema central, pero no solo el de la pareja espectacular, sino la pasión por sus anhelos, por sus sueños de triunfo'

La película La La Land , postulada para 14 premios Oscar y ganadora de 8 Globos de oro, es una obra maestra, con la capacidad de hipnotizarte desde el inicio; ya que las imágenes y la música se apoderan del espectador con varios registros y lecturas paralelas, las cuales llegan a apasionarte, por el solo hecho de no poder describir los sentimientos que te inoculan y hacen vibrar; con una historia de amor que, por su argumento ‘clásico', te engaña y seduce, hasta llevarte a un postmodernismo en donde se demuestra que en la Ciudad de los Sueños estos se pueden hacer realidad. Una realidad que inexorablemente, aunque amenace con destrozarte, necesitas aceptarla, porque muchas veces los sueños se realizan, pero no del modo que uno visionó. Y siempre habrá una salida para encontrar la felicidad.

El amor es el tema central, pero no solo el de la pareja espectacular de Ryan Gosling y Emma Stone, que los mueve literalmente a las estrellas del firmamento, sino la pasión por sus anhelos, por sus sueños de triunfo en la Ciudad creadora de historias, la Metrópoli de la ficción: Los Angeles, adonde llegan millares de almas en busca de la fama y la realización artística, queriendo repetir el éxito de tantas estrellas de Hollywood, que arribaron con la mochila vacía y el corazón lleno de esperanzas.

La dirección de Damién Chazelle revela un descubrimiento en este oficio, pues introduce varios géneros y muestra una originalidad que ya nos hacía falta, con tantas zagas del mismo tema que nos invaden las pantallas. Es una obra encantadora, original de principio a fin. Finalmente la música de Justin Hurwitz nos conmueve profundamente y lanza dardos de endorfinas a nuestro cerebro. Bellísima, incluyendo extraordinarias piezas de un rejuvenecido jazz y la participación del músico John Legend.

En medio de una atroz realidad que nos rodea en nuestro país (y lastimosamente en gran parte del mundo) de antivalores, decepciones, corrupción, engaños, vidas truncadas, amenazas constantes, lluvias de balas, incomprensión, falta de perspectiva, estupidez en la toma de decisiones, asesinato de las ilusiones, los sueños de un futuro propio y de nación, el amor apachurrado por el odio, la envidia, la ley del más vivo y la completa falta de empatía de los poderosos por los débiles, sean pobres de nuestro país o de otros en peor estado político, La La Land te revive la fe en la vida y en ti mismo, te deja, por el tiempo que dura la película, respirar, llorar de delicia, recobrar la fe en ti mismo y en que las cosas podrán mejorar. Que no somos tan perdedores como nos quieren hacer sentir algunos gañanes que dominan la política y la economía. Que hay esperanzas; que todavía, hay poesía, hasta en los murales improvisados callejeros; que existen almas que organizan actividades de crecimiento interior, que Dios no nos ha abandonado y que, tarde o temprano, resplandecerá otra vez el sol en nuestro espíritu. Que la buena música inspirará a los mejores y que el arte, las tradiciones, el baile, la danza clásica, los trombones, violines, flautas, acordeones y clarines de los jóvenes retumbarán en un nuevo amanecer.

Concluyo afirmando que estamos ante un clásico instantáneo, una película de las que hacen historia, memorable, que nos devuelven la fe en este maravilloso arte de la ilusión que llamamos cine, porque, como dijo un crítico, ‘a pesar de las ilusiones perdidas, la Ciudad de las Estrellas, siempre estará ahí para hacernos soñar' y añado, para recordamos que todo se renueva; que el mundo da vueltas constantemente y que no podemos perder el espíritu de lucha, la fortaleza por cambiar las cosas, hacia la forma correcta y decente de vivir, en medio de este pantano que diariamente nos retratan las noticias nacionales e internacionales, donde se amenaza con mutilar las esperanzas de las nuevas generaciones.

Vayan a ver La La Land y sean felices y optimistas, toda la función y muchas horas después... (suspiro). Este film me retrotrajo a las películas musicales de la época en que los personajes pasaban del diálogo a la canción y de la acción al baile, donde fuera, en las calles, las azoteas y en los campos. Yo llegaba del cine a mi casa bailando y reproduciendo los pasos que había aprendido con Gene Kelly o Fred Astaire.

PSICÓLOGO, DOCENTE Y ESCRITOR.