Temas Especiales

07 de Aug de 2020

Ernesto A. Quijada Díaz

Columnistas

Los taxistas piden, pero ¿qué ofrecen? (I)

Como sociedad estamos cansados de los conductores del mal llamado ‘servicio selectivo', que no es tal.

En Panamá no se reconoce como bueno ni siquiera regular el servicio de transporte ni en el plano colectivo y mucho menos en el selectivo. Desde hace años, estamos siendo tolerantes con todas las violaciones que cometen los taxistas (perdón por el término), pero es que ellos se ganan cualquier epíteto altisonante que les dirija la sociedad.

Al salir del escenario nacional los siempre temidos Diablos Rojos, que dejaron una larga estela de muertos, lesionados, afectados, viudas, huérfanos, y por allí nos podemos ir señalando afectados a tutiplén, que no recibieron las compensaciones económicas que señala la propia ley que los regula en materia de indemnizaciones por las pólizas de cobertura que debían portar, como el resto de los transportistas nacionales.

La llegada al escenario nacional del sistema de Mi Bus, como parte de un programa que iba a mejorar sustancialmente el servicio de transporte colectivo, pero al no llenarse esa expectativa, la sociedad compensa la mala distribución de ese servicio con el uso alterno de transporte, que es el que deben brindar los taxis. Hay tantos certificados de operación en la ciudad capital que sobrepasan los 50 mil, que muchos de los que conducen las unidades se dan el tupé de desdeñar pasajeros, aplicando el consabido ‘NO VOY'.

Muchos taxistas son personas insensibles a la necesidad de señoras, ancianos, mujeres embarazadas, varones lisiados, mujeres con niños en brazos bajo la lluvia, personas en condiciones de enfermedad grave, heridos en accidentes, profesionales u obreros que recurren al uso de los taxis selectivos que no existen. Esos conductores insensibles los estamos viendo llorar como ‘plañideras' en las calles exigiendo la desaparición del servicio de UBER, pero sin mostrar ni un ápice de arrepentimiento por las reiteradas violaciones a las normas de conducta que exige el delicado trabajo que ejecutan.

Como sociedad estamos cansados de los conductores del mal llamado ‘servicio selectivo', que no es tal. Un servicio que ya no se rige por las normas de la ATTT, sino que depende del estado de ánimo del conductor y las deudas apremiantes que tengan en un momento. Taxistas que desechan carreras de gente que necesita desplazarse de un sitio a otro, y para ello destina recursos no disponibles, pero no encuentra un taxista que se digne ‘hacerle el favor', como ellos suponen.

La lista de quejas abarca también la utilización de los taxis para acciones delincuenciales, sicariato, asaltos, violaciones carnales, atropello y fuga, autos destartalados, sin aire acondicionados, pero con precios exorbitantes, música estridente, discos vulgares y ofensivos a las damas que utilizan su mal servicio, conductores en chancleta, franelas sin mangas, barbudos, desaliñados, mal olientes, con aliento alcohólico, ojos rojos, mirada extraviada y pudiéramos señalar otras muchas falencias que a diario vemos que genera un elevado porcentaje de conductores de taxis; aunque, en honor a la verdad, existen en medio de tanto elemento malsano e insensible, profesionales del volante que le brindan respeto a la profesión.

PERIODISTA