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07 de Apr de 2020

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Ernesto A. Holder

Columnistas

Manipulación y distorsiones

¿Por qué tiene que ir al escenario de los hecho el ministro o jefe superior?

Manipulación y distorsiones
Manipulación y distorsiones

Sean McBride pudo haber sentido pena cuando el informe de su comisión fue rechazado en 1980. El documento llamaba, entre otras cosas, al establecimiento de ‘nuevas tareas sociales para los medios de comunicación' y también a ‘aminorar (…) las distorsiones que se producen en el momento de la difusión de la información'.

Independientemente de nuestro entendimiento sobre las causas actuales de la situación social y, el indudable poder que sobre ella ejercen los medios no me deja de asombrar —realmente asombrar— cuando las prácticas para difundir información han evolucionado hacia otros fines lejos de los objetivos generales de informar. Y muchos sectores de la población que pensaríamos ejercerían mejor juicio para contrarrestar esta desviación social (incluyendo el Gobierno nacional), han caído en la trampa mediática: la lucha por el rating y elevar el puntaje en las encuestas.

Subrayo dos eventos ocurridos en un espacio de ocho días. Carlos Jaramillo, molesto (por no decirlo en buen panameño) por las repetidas boletas que le han aplicado por violar las normas del tránsito, provocó la movilización de todos los estamentos de seguridad del Estado cuando subió al Puente de Las Américas para suicidarse. No era un terrorista, ya había protestado antes. Jaramillo, cantante de reggae que se hace llamar ‘Big Charlie ', se tomó un ‘selfie ' y lo subió a las redes sociales. Se apersonaron al área el ministro de Seguridad Pública, Alexis Bethancourt, y José Donderis, director del Sistema Nacional de Protección Civil. También llegaron agentes del Servicio Nacional Aeronaval, del Cuerpo de Bomberos de Panamá y de la Policía Nacional.

Días después, en la tarde del martes 25 de julio, se dio un incendio en el complejo comercial Los Pueblos. Además de los bomberos, todos los estamentos de seguridad acudieron al área nuevamente para ocuparse de las responsabilidades inherentes. Creo que hay una diferencia notable entre el fuego y el caso del puente con lo que respecta a la movilización de tantos recursos para atender y resolver cada uno de estos asuntos.

Probablemente pocas personas ven estos evento desde mi perspectiva, pero lo que me llamó la atención por una parte, fue la cobertura que le dieron los medios televisivos: en vivo y directo y ahora con toda la tecnología que tienen a su disposición. Y por la otra, en el proceso de comunicación de las autoridades. Percibo una desviación inusual y desafortunada.

En eventos que de alguna manera afectan la seguridad civil, la responsabilidad es la de orientar a la comunidad que puede ser afectada inmediatamente y por las consecuencias. Lo que percibí fue la ya conocida lucha por el rating y, peor aún, el interés de algunas de las autoridades por puntualizar y enaltecer su desempeño. En medio del esfuerzo por sofocar el incendio, el encargado de los bomberos tenía cifras muy puntuales de la cantidad de personal atendiendo el fuego, carros especializados, ambulancias, equipos, etc., además de varias líneas bien exactas sobre ‘lo rápido que han respondido las Fuerzas de Tarea Conjunta, los estamentos de seguridad… y otros mensajes puntuales ( talking points ) diseñados por los supuestos estrategas de comunicación y que en ese momento no venían al caso.

Podemos ser condescendientes y darle espacio para divulgar mensajes específicos, pero durante el desarrollo de una actividad peligrosa, la propaganda institucional no me parece. hicieron lo mismo con el sujeto del Puente de las Américas, resumir los objetivos de la institución en el marco de una situación difícil. ¿Por qué tiene que ir al escenario de los hecho el ministro o jefe superior?

No hay manera de evitarlo: si estamos considerando seriamente llevar adelante las reformas necesarias para ‘arreglar' los asuntos nacionales en los que la desmesurada corrupción es lo que nos indigna, debemos echar un vistazo a los medios de comunicación y el papel que juega en todo el sistema social.

Los famosos estrategas de comunicación solo funcionan para la propaganda y para desviar la atención. La única estrategia que cabe para los que nos gobiernan debe ser: decir la verdad, eso estamos esperando del caso Odebrecht y los otros temas de corrupción que nos acechan desde las esferas oficiales y los grupos de poder. Si hay que ‘patear la mesa', como dice Pedro Rivera, o revolucionar todo el sistema, indudablemente tenemos que redefinir los procesos de comunicación y el papel de los medios de comunicación.

COMUNICADOR SOCIAL.