La Estrella de Panamá
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14 de Oct de 2019

Antonio Saldaña

Columnistas

Ratificaciones de magistradas: ¿golpe de curul o golpe de billetes?

El primer “golpede timón” legislativo ocurre con el “pacto de gobernabilidad” concertado entre panameñistas y la cúpula del PRD

Antonio Saldaña, columnista de La Estrella de Panamá.

Paradójica tragedia. Como “luciérnagas de la noche” cayeron decenas de bombas sobre el Istmo aquel aciago 20 de diciembre, cuando hace 28 años el ejército más poderoso del mundo, de la potencia global más codiciosa del planeta, cometió el más brutal genocidio en las postrimerías del milenio pasado.

Fue el día escogido por el gobierno de la fracción varelista de la oligarquía para pretender fraguar -a golpe de dólares estadounidenses o de la amenaza de utilizar el sistema judicial como instrumento de persecución política- la imposición de las abogadas Zuleika Moore y Ana Lucrecia Tovar de Zarak como Magistradas de la Corte Suprema de Justicia.

Otro contrasentido político. Supuestamente la oposición parlamentaria cuenta con una amplia mayoría, pero el partido panameñista ha controlado la Asamblea Nacional desde el año 2014 en que se realizaron las elecciones generales y desgraciadamente llegaron al poder. El pueblo panameño en su inmensa sabiduría quiso que el gobierno central estuviera en manos de una fracción de la oligarquía y el Órgano Legislativo en poder de facciones oligárquicas también, pero mayoritariamente de oposición. Sin embargo, el dominio del poder del Estado por una clase social -burguesía financiera neoliberal- y el control político por la oligarquía clientelista y profundamente corrupta modificó el cuadro electoral diseñado por la voluntad general en favor de minorías deshonestas.

En efecto las elecciones del año 2014 dibujaron el cuadro electoral de la siguiente manera: 16 diputados panameñistas y 1 legislador del Partido Popular configuraron los 17 parlamentarios de gobierno. 26 diputados del PRD, 25 diputados del CD y 2 diputados del MOLIRENA totalizaban 53 parlamentarios de oposición y completaba el escenario legislativo una diputada electa por libre postulación.

El primer “golpe de timón” legislativo ocurre con el “pacto de gobernabilidad” concertado entre panameñistas y la cúpula del PRD, como no se trataba de acuerdos programáticos sino de la rapiña del erario público, (embajadas, notarias, “negocios”, acaparamiento de tierras y un largo etcétera) pronto el oficialismo tuvo que recurrir a la “bancada” del CD y se produce un nuevo reparto del “botín político”.

Sin embargo, no hay dinero en el mundo que pueda saciar la codicia de los poderes fácticos ni migajas suficientes para satisfacer a los politicastros; en consecuencia, en los umbrales de nuevas elecciones generales y en la coyuntura de la designación de dos Magistrados o Magistradas de la Corte Suprema de Justicia se inició el pasado 20 de diciembre el nuevo retorcimiento de la oligarquía corrupta y clientelar. Con una diferencia cualitativa, en relación a las componendas anteriores, la entrada en escena de un nuevo y poderoso actor: La democracia ciudadana.

Lo que hoy ocurre en el País y que tiene como epicentro político a la Asamblea Nacional, no son simples disputas políticas como pretende hacer ver a la opinión pública un sector mediático. Porque si eso fuera, sería lo más legítimo y lógico en un órgano esencialmente político como el parlamento nacional. Pero no se trata de eso, sino de la expresión grotesca de una lucha por el poder, donde la fracción de la oligarquía gobernante recurre a las más insolentes prácticas ilícitas e inmorales para alcanzar los 36 votos necesarios para ratificar no a golpe de curul sino de “billetes americanos” o de amenazas de vacaciones indefinidas en el resort el Renacer a aquellos diputados que por su “oscuro pasado” podrían ser objeto del chantaje político.

No obstante, en esta ocasión la fracción varelista de la oligarquía enfrenta, además del oportunismo de la “oposición cariñosa”, la creciente indignación el “país decente” que a través del ejercicio de la democracia ciudadana ha expresado el más categórico rechazo a la imposición autoritaria -con cuerpo de mujer- del gobierno varelista. ¡Así de simple es la cosa!