La Estrella de Panamá
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15 de Oct de 2019

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Julio César Caicedo Mendieta

Columnistas

Panamá, una marca subliminal

‘[...[ fíjense cómo y por qué se viajaba o viajan los funcionarios en EE.UU. y otros países, no como algunos de nuestros funcionarios [...]'

‘Panama Hat', ‘Panama Canal', ‘Panama Jack' ni ‘Panama Papers' han superado a la ‘Panama Red'. Y menos a lo que muchos creemos realmente que es nuestro valioso país. Al prestigioso nombre de Panamá será muy difícil mancharlo y menos bajarlo del ‘top ten' de los países más famosos del planeta.

Tiempos después de los principios de nuestra fama, Francia, ardida y alimentada por el escandaloso fracaso del Canal francés por nuestro territorio, ¡no ha dejado de intentar desprestigiarnos!, secundados por una corte de deschavetados funcionarios envidiosos y vagos, que no han podido controlar siquiera a muchos de sus inversionistas, de manera que no escondan sus fortunas en las empresas conocidas como las ‘Offshore', que abundan en Panamá, EE.UU. e islas británicas del Caribe.

Nota: en Panamá debemos cobrar 10 centavos más por la tasa única a estas 400 000 empresas fantasmas que, me cuentan en el Bulevar Balboa y Dos Continentes de Coclé, han sido creadas aquí y que funcionan como unas trastornadas día y noche por los billones que mueven de un lado para otro, no, los B/3.50 anuales que solo cobran a cualquier empresa artesanal de hacer chorizas santeñas.

Antes del Panama Hat, título mundial a los sombreros de paja impuesto por el primer Roosevelt de peso, cuando vino a ver cómo iban los trabajos del Canal (los mandatarios aplicaban bitácoras a las obras construidas con los impuestos, no como aquí que se han cobrado fortunas por carreteras, puentes, maquinarias y escuelas jamás hechas ni entregadas), y pidió un gorro por el sol que secaba chogorros en la ciudad de Panamá en esos momentos y no lo encontraron, así que se le consiguió un finísimo sombrero ecuatoriano en uno de los bazares de la capital, y dice que cuando el gringo tomó el gorro lo levantó hacia el cielo como retando al incandescente astro rey exclamando en alta voz: ‘Oh!, Panama hat!'.

En ese momento se cagó en todas las riadas de ‘cholos': ecuatorianos, peruanos, bolivianos y colombianos que es en donde existe la paja del famoso sombrero que hemos lucido: Al Capone, Fulele Calvo, don Gerardo y yo mismo. Desde aquella inspección al Canal, vaya Ud. al Japón, China, Brasil... donde quiera, la marca del sombrero es Panamá, si no, no lo compra nadie.

Nota: fíjense cómo y por qué se viajaba o viajan los funcionarios en EE.UU. y otros países, no como algunos de nuestros funcionarios panameños y panameñas que hacen turismo con nuestra plata, por cualquier paja de sombrero cinqueño, que fueron los sombreros de las valientes huestes de Victoriano.

ESCRITOR COSTUMBRISTA.