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18 de Oct de 2019

Francisco Moreno Mejías

Columnistas

Apellidos

Un abogado, cuyo nombre no me autorizó a publicar, me envió copia de dos artículos suyos que dijo haberlos escrito para ‘saludar a la raza'

Un abogado, cuyo nombre no me autorizó a publicar, me envió copia de dos artículos suyos que dijo haberlos escrito para ‘saludar a la raza'.

En ellos afirma no tener dudas de que el apellido inglés con que es conocido no es suyo y que esa certeza la lleva tatuada en la piel. Dice que el suyo, como el de muchos otros, ‘no son nuestros nombres; son los nombres de los últimos dueños de la hacienda y de las personas y las vidas de nuestros bisabuelos… que rubricaban todo su patrimonio para que, en caso de extravío o fuga, se recuperara'.

Considera que estos apellidos son falsos y constituyen ‘la magnitud del daño causado a millones y millones de seres humanos y a sus descendientes'.

Está claro que se considera negro y descendiente de esclavos.

Dice que cuando Cassius Marcelus Clay y Ferdinand Lewis Alcindor pasaron a llamarse Muhammad Alí y Kareem Abdul-Jabbar, hicieron ‘la recuperación'.

Eso de los apellidos es un mito como tantos otros. Mi primer apellido, Moreno, viene, según leí en un libro del antropólogo Julio Caro Baroja, de un caballero romano llamado Marius que tuvo grandes posesiones en lo que ahora se llama Sierra Morena (originalmente Mons Marianus, de Marius). ¿Quién sabe si algún requetetatarabuelo mío también fue esclavo íbero del romano aquel y recibió el nombre de su amo? Mi apellido materno, Mejías, parece que procede de los musulmanes que invadieron la península Ibérica. Vaya usted a saber si ellos no le dieron ese apellido a algún esclavo hispanorromano que fue requetetatarabuelo mío y tenía de árabe lo que yo tengo de obispo.

Esclavos de todos los colores ha habido desde que el mundo es mundo. La misma palabra ‘esclavo' procede de gente blanca (los eslavos) que en las guerras medievales fueron tan vendidos y comprados que su nombre quedó como sinónimo de siervo. Es como entre nosotros ‘chino' es sinónimo de abarrotero.

¿Y si alguna requetetatarabuela africana del señor abogado se acostó con su amo británico y resulta ser ‘legítimo' su odiado apellido? Esos amores de contrabando los ha habido también desde que el mundo es mundo.

A mí me hacen tanta gracia los que andan buscando por Europa el origen de sus apellidos, a ver si encuentran alguna corona de marqués o de conde, como los que se quejan de que sus apellidos son prestados. ¡Pues claro que son prestados! Pero todos: el del señor que se considera negro como el mío que me considero blanco, como el de Barack Obama que es mulato, por más que el señor abogado diga que el apellido del expresidente gringo ‘le llegó como debió ser'. Todos los seres humanos procedemos de África y no creo que nuestros antepasados (tanto los que salieron de aquel continente como los que se quedaron) anduvieran con los apellidos García, Smith, Dubois o Nkrumah grabados en la frente.

No sé a qué ‘recuperación' se refiere el señor abogado cuando los negros se ponen nombres y apellidos musulmanes. Evidentemente no sabe que los árabes compraron y vendieron tantos negros del África oriental como los europeos del África occidental.

El 29 de junio de 2003 el diario La Prensa publicó que el embajador en Washington de Benín (un Estado situado en el golfo de Guinea) recorrió algunas ciudades de los Estados Unidos donde abundan los negros pidiendo perdón en nombre de los africanos cuyos antepasados vendieron sus hermanos a los negreros, siendo tan culpables como los blancos de aquel abominable comercio.

Y puestos a denunciar injusticias, más injusto me parece que la gente herede para la posteridad el apellido paterno y no el de la madre, siendo desde luego más seguro saber quién lo parió a uno que quién colaboró con la semilla, pero dudo que el señor abogado que detesta su apellido inglés hubiera preferido que el ex presidente de los Estados Unidos, que solo convivió con su padre hasta los dos años de edad, se hubiera llamado Barack Dunham (con el apellido de su madre blanca) en vez de Barack Obama (con el apellido de su padre negro).

Repito que eso de la autenticidad o falsedad de los apellidos es un mito que no merece ni arrogancia ni lamentaciones.

Lo mejor sería que cada uno, al tener uso de razón, se registrara con el nombre y los apellidos que le diera la gana; si quiere los de sus padres, bien, y si no le gustan, pues que busque otros más bonitos y se olvide de abolengos dichosos o dolorosos, pues, como dijo Cervantes, cada uno es hijo de sus obras, no de sus apellidos.

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