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22 de Oct de 2019

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Jaime Raúl Molina

Columnistas

VAR, arbitraje y costes de transacción

‘En sociedad una administración de justicia eficaz cumple el rol que en el fútbol juega el arbitraje apuntalado ahora por el VAR [...]'

Llegó el por muchos ansiado VAR (Árbitro Asistente de Video, por sus siglas en inglés) a la Copa del Mundo, aunque solo para determinadas situaciones. El VAR sirve para ilustrar el concepto económico de costes de transacción.

Los costes de transacción son aquellos en que deben incurrir las partes interesadas en una transacción para llevarla a cabo. Comprenden los costos de investigación (del objeto, la contraparte los riesgos); la negociación en sí, y los costos estimados de ejecutar el contrato si este fuese incumplido por la otra parte. El economista Ronald Coase fue pionero en la ciencia económica en acuñar el término de costes de transacción y además explorar su importancia, trabajo por el que recibió en 1991 el Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel (común y erróneamente llamado Premio Nobel de Economía).

En el mercado una transacción voluntaria entre dos personas solo tendrá lugar si ambas consideran que lo que recibirán en la transacción vale más, en el margen, que lo que están dando a cambio. Sin embargo, antes de la publicación por Coase en 1937 de su ensayo La naturaleza de la empresa (The Nature of the Firm), los economistas solo tomaban en consideración lo transado por cada una de las partes, ignorando los costos asociados con la transacción misma. Al llamar la atención sobre los costes de transacción, Coase señaló que si estos son suficientemente altos, la transacción no tendrá lugar a pesar de que ambas partes consideren que lo que obtendrán vale más —en el margen— que lo que darían a cambio. Las implicaciones son sumanente trascendentales para el Estado de Derecho y el desarrollo de un país.

En particular, el ‘enforcement' —término inglés que se refiere a la acción de hacer cumplir una obligación (legal o contractual) por la fuerza si es necesario— es un coste de transacción importante. En corto, cuando el costo del enforcement es alto, ello genera un incentivo a hacer trampa en las transacciones, más que cuando el costo del enforcement es relativamente menor.

Usando el fútbol de ejemplo, en una birria callejera entre amigos se puede jugar sin árbitros porque es relativamente fácil el enforcement sin necesidad de recurrir a un tercero imparcial. Las propias partes, en general, admiten cuando han cometido una falta. El interés por pasar un rato ameno, el capital invertido en las buenas relaciones con los amigos de birria y la presión de grupo, usualmente son suficientes para asegurar el juego honesto. Pero en el deporte profesional es fundamental que exista mecanismos robustos de enforcement.

En tal sentido, el VAR como medio técnico que permite detectar con mayor precisión y sancionar la trampa, ha de generar un desincentivo a incurrir en esta. Así como el establecimiento del sistema de tarjetas amarillas –de advertencia— y rojas –para expulsión— a partir del mundial de México 1970 sirvieron para reducir la violencia que había deslucido particularmente el juego en el mundial de Inglaterra 1966, el VAR debe reducir aún más la trampa en jugadas dentro de las situaciones en que aplica la revisión de jugadas por dicho método. Así, a corto plazo hemos de ver más penaltis pitados, pero a largo plazo ese mismo fenómeno ha de generar que los jugadores cometan menos faltas dentro del área penal, al saber que lo más probable es que su falta termine perjudicando a su propio equipo.

¿Por qué entonces no se aplica a todas las situaciones sino solo a ciertas situaciones (penales, expulsiones, goles y casos de identificación errada de jugadores en amonestaciones o expulsiones)? Porque si se aplica para cada situación controversial de juego, el costo del enforcement sería demasiado alto, manifestado en pérdida de la fluidez de juego que constituye la esencia del fútbol. Sería una cura peor que la enfermedad.

En sociedad una administración de justicia eficaz cumple el rol que en el fútbol juega el arbitraje apuntalado ahora por el VAR: desincentivar la trampa e incentivar la honestidad y el cumplimiento de las obligaciones contraídas. Pero igual que en el fútbol, el derecho no es idóneo para resolver todo conflicto entre personas. Esto es expresado por la máxima latina De minimis non curat lex (la ley no se ocupa de trivialidades), que es la razón por la que faltas menores no son revisables por el VAR como sistema avanzado de resolución de conflictos.

ABOGADO