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04 de Apr de 2020

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Ernesto A. Holder

Columnistas

Sospechosos y vigilantes

‘Las fiestas de fin de año, la JMJ y la llegada del papa Francisco, los carnavales, la Semana Santa y las elecciones. Todos esos eventos juegan en favor de los desalmados y en contra de las correcciones sociales'

Sospechosos y vigilantes
Sospechosos y vigilantes

Si en el quinquenio del Gobierno de Cambio Democrático (2009-2014), las sospechas sobre supuestos actos de corrupción eran secretos conocidos, en el quinquenio que está por terminar, dada la magnitud de lo que se conoce y sospecha, poco, muy poco han sido los resultados por aclarar las sospechas ciudadanas y mucho menos, hacer justicia. Siempre, a la hora de preparar estos aportes, lo que anima es la oportunidad de educar a los interesados en temas que pueden ser de interés. Pero hay un sentido más urgente de no dejar el tema de la corrupción y el deseo de corrección social que los ciudadanos de esta país merecen. La distracción es dañina, le conviene a los malandrines, pero afecta el bienestar de la sociedad. En consecuencia, vuelvo sobre el tema. No podemos dejar de señalar a los maleantes, por el bien de las futuras generaciones.

Soy un convencido de que todo mal social tiene remedio, por más difícil que sea tomar los correctivos. Toda condición creada por el hombre y que afecta a la especie tiene rectificación: un cambio en su conducta. Parece mentira, pero ante los tantos desaciertos que se han vivido desde que se forjó la vida en sociedad por esa mezquindad arraigada a lo largo de los siglos, los seres humanos tendemos a observar con sospecha —como mecanismo de defensa intrínseco— la política, lo religioso, algunas actividades sociales, el mundo de los negocios, las discusiones sobre el futuro, las ofertas en los semáforos, los baratillos de dos por uno y hasta las discusiones para definir el momento de la guerra para la paz en este complejo escenario global.

En estos tiempos, ni la palabra empeñada, la amistad, el cariño, el dinero, la sangre o el respeto son suficientes. Respeto es lo que menos hay. Un político diría lo que sea por un voto y te lo dice sonriendo y cargando un bebé o besando a la abuela. Los ideales y los objetivos comunes son temporales; la condición de socios o copartidarios de una causa no significa nada. Cuando se mueve una minúscula partícula del universo, hasta allí llegaron todos los acuerdos; ante todo: Yo. Mi beneficio por encima del tuyo. ‘Quítate tú, pa' ponerme yo' y las promesas expuestas, son desechadas sin escrúpulos. Mi equipo de trabajo cercano, no se parece en nada al conjunto de la población que me eligió.

Nuestra mayor desventaja es la cultura del oportunismo. Los que nos lideran han perdido el sentido del compromiso con el futuro y con el bienestar de los que vienen, por la conveniencia de lo que me puede tocar ahora, mientras que el panameño común vive las penurias cotidianas para llevar adelante las exigencias de la vida; sin oportunidades de una mejor educación, seguridad y esparcimiento sano para los suyos.

En toda mi vida adulta y de observación política jamás he oído a un oponente político hablar bien de la gestión y de las obras de su contrario; ni cuando acceden al poder y mucho menos cuando están en campaña. Pero tampoco he visto a un oponente político, facilitar decididamente que se haga justicia con los que han abusado del poder y su acceso a ella. Resulta más espectáculo que otra cosa, las declaraciones sobre el avance de los casos que se investigan. Esas conferencias y comunicados de prensa cada cierto tiempo, no resuelven el problema del probable delito. Abren el espacio para quedar de ridículos.

A estas alturas, la incredulidad impera y muchos estamos convencidos de que no sucederá nada. No hay esperanzas serias de que los resultados de las investigaciones, acaben con esa conducta malsana que atenta contra nuestro desarrollo y contra nuestra convivencia como grupo humano. Pero, aunque yo crea que haya solución, me queda el sinsabor de que no es con las personas que pretenden liderarnos a partir del próximo año.

Para que haya justicia verdadera hay que estar vigilantes. Las fiestas de fin de año, la JMJ y la llegada del papa Francisco, los carnavales, la Semana Santa y las elecciones. Todos esos eventos juegan en favor de los desalmados y en contra de las correcciones sociales. Distracciones que solo contribuirán a que se diluya el poco esfuerzo de señalamiento y exigencias porque se resuelvan los asuntos pendientes en material de justicia. La vida debe continuar, pero no debemos bajar la guardia.

COMUNICADOR SOCIAL.

‘En estos tiempos, ni la palabra empeñada, la amistad, el cariño, el dinero, la sangre o el respeto son suficientes. Respeto es lo que menos hay'

‘Esas conferencias y comunicados de prensa [...], no resuelven el problema del probable delito. Abren el espacio para quedar de ridículos'