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18 de Oct de 2019

Andrés L. Guillén

Columnistas

Ideologías en pugna

Las teorías económicas que se utilizan o sirven como un conjunto de valores, principios y creencias para explicar la infraestructura económica

Las teorías económicas que se utilizan o sirven como un conjunto de valores, principios y creencias para explicar la infraestructura económica de una sociedad o de un país deben centrarse no solo en su historia y cultura particular, sino además basarse en factores humanos, políticos, financieros, sociales y ecológicos para tener una función práctica, válida y racional.

Estas ‘ideologías' de dimensión social pueden ser justas o injustas, en su pretensión a la verdad, dependiendo de cómo naciones opuestas ideológicamente las utilicen para justificar su sistema político o bien sus aspiraciones a un poderío mundial.

Pero usarlas para criticar un modelo político y económico basado, por ejemplo, en el ‘particularismo milenario chino', con su actual sumisión de habitantes a un solo partido comunista y menospreciarla por un supuesto ‘excepcionalismo estadounidense con un destino manifiesto universal', compuesto de ciudadanos independientes con amplias libertades cívicas, regidos económicamente por un hipotético mercado libre, olvida no solo la historia de estos dos enormes países, sino lo cambiante que son sus relaciones de fuerza o sus antedichos factores humanos y ecológicos.

El comportamiento de personas en sociedades heterónomas, como en la República Popular China, o autónomas, como en Estados Unidos de América (EUA), no lleva relación con el grado de su desarrollo económico nacional, sino principalmente con las prioridades estratégicas de sus Gobiernos, más allá de sus respectivos sistemas económicos y sociales.

Estas estrategias nacionales, compuestas por sus propios intereses, son necesariamente nacionalistas, proyectadas con un populismo casi tribal, máxime en un mundo competitivo regido por una creciente globalización tecnológica y migratoria.

Así vemos cómo el unilateralismo predatorio del presidente Trump se presta muy bien para justificar sus recientes medidas contra China para frenar y descarrillar su impresionante desarrollo económico, que en los últimos 40 años la ha convertido en la segunda potencia comercial del mundo, sacando a 800 millones de sus ciudadanos de la pobreza, con su planificación a largo plazo, capitalismo estatal y meritocracia administrativa.

Lo cierto es que la plutocracia capitalista que rige EUA, en esos mismos 40 años, creó riquezas, pero quedándose con la mayor parte (el 1 % más rico goza del 40 % del total), mientras que el ingreso medio familiar estadounidense solo creció 0.2 % anualmente, gracias a las contradicciones de un capitalismo sin control democrático.

Una de estas contradicciones, históricamente, ha comprobado que, entre los factores de producción, la renta al capital ha sobrepasado con creces la de mano de obra, convirtiéndola en una fuerza desestabilizadora al distribuir mal la riqueza producida concentrándola en pocas manos ‘rentistas' que deshumaniza a quienes dependen de su trabajo.

La democracia electoral estadounidense data de 1776, con amplios méritos como forma de vida, sistema de Gobierno y valor político, pero con muchas imperfecciones al llevarse a la práctica. En los 4000 años de historia china no vemos sistemas democráticos, pero sí una obsesión con orden, paz, armonía y unidad territorial.

En vez de desarrollar una política simbiótica y amigable, una confrontación ideológica entre estas dos superpotencias sería desastrosa para el mundo entero.

ECONOMISTA