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21 de Sep de 2019

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Mireya Lasso

Columnistas

¿Por qué es pobre Panamá?

‘[...] nuestra realidad es que hay muchos que nacen pobres y mueren pobres, que nacen ignorantes y mueren ignorantes, que nacen enfermizos y mueren antes de que puedan caminar [...]'

En el año de la tragedia de las Torres Gemelas, invitado por un selecto grupo de empresarios y ejecutivos privados a exponer sus ideas sobre el Panamá contemporáneo, el comentarista internacional, Carlos Montaner, tituló su conferencia con esa inspiradora interrogante y propuso una respuesta directa: ‘porque su sociedad no crea suficiente riqueza, y la que crea, generalmente, solo alcanza y beneficia a un pequeño porcentaje de la población'. Hoy una respuesta cajonera en cambio sería ‘¡por culpa de los Gobiernos!', pero, a decir del orador hace 18 años, una irreflexiva contestación así desconocería a quienes realmente corresponde crear riqueza porque deben ser ‘motor y corazón económico del país'.

Como siempre, nos quejamos de la pobreza, pobreza extrema y desigualdades que nos intranquilizan y responsabilizamos a los gobernantes. No es del caso reiterar aquí las deshonrosas posiciones en que se nos ubica internacionalmente por esas falencias y por la percepción de nuestra corrupción. Pero nuestra realidad es que hay muchos que nacen pobres y mueren pobres, que nacen ignorantes y mueren ignorantes, que nacen enfermizos y mueren antes de que puedan caminar, que haya mentes brillantes sin poder explotar su potencial. Para desnudar el agravio, el invitado formuló más de 40 descarnadas interrogantes —en www.clublibertaddigital.com— relacionadas todas con factores atinentes al desarrollo o subdesarrollo panameño.

La anomalía no ha sido fenómeno exclusivo de nuestro país. Montaner examina raíces históricas, étnicas y culturales que podrían explicarla, pero ni razas: Barbados rico, Haití pobrísimo; ni tamaño: pequeña Holanda próspera, Bangladesh pobre; ni recursos naturales: Singapur desarrollado sin riquezas naturales, venezolanos atrasados a pesar del petróleo.

La instrucción académica puede ser elemento que importe, pero los factores críticos son vastos según Montaner. Uno es el capital humano estimulado por una cultura compartida, valores familiares, razonable autoestima, saludable ambición personal, curiosidad científica mezclada con disciplina y audacia, respeto a jerarquías y a derechos individuales, admiración por éxitos que resulten de esfuerzos legítimos.

Son elementos sicológicos personales que se complementen con un Estado de derecho y un régimen económico, capaces de garantizar nuestra convivencia pacífica en un medio social acogedor; que protejan vidas, seguridad y propiedad; con leyes justas administradas por jueces idóneos; con administración juiciosa de las finanzas públicas que propicien estabilidad económica.

Copiemos experiencias de países desarrollados, dice el orador; traigamos ‘por la oreja a Harvard' para formar gerentes, a la francesa ENA para formar burócratas eficientes, a Israel por sus técnicas agrícolas. Imitemos, innovemos, mejoremos; lo hicieron Japón con Inglaterra para salir del feudalismo, griegos con egipcios, romanos con griegos, germanos con romanos. Los chinos continentales aprendieron de Silicon Valley, Huawei de Apple, Alibaba de Amazon; miles de mentes brillantes chinas se han educado en las mejores universidades del occidente para regresar a modernizar su economía.

Mantener niveles de pobreza fomenta delincuencia, inseguridad, inestabilidad social. Mal negocio que nos cuesta a todos. Eliminarla en cambio crea nuevos productores-consumidores, habilitando a personas que antes no eran parte del mercado. Los subsidios —‘transferencias no reembolsables'— no pueden satisfacer esas aspiraciones, porque no construyen futuro sostenible; son solo paliativos inmediatos que en su mayoría alimentan dependencia, clientelismo político, conformidad perjudicial para todos.

‘No existe la menor justificación étnica o material' —concluía Montaner en 2001— ‘para que Panamá no esté entre las naciones más prósperas por sus condiciones materiales, geográficas y sociales… Son los ejecutivos privados quienes tienen la responsabilidad de producir y comerciar bienes y servicios...'. A lo cual añadimos nuestra reflexión final: dejaríamos de ser país pobre cuando se puedan contestar satisfactoriamente las 40 interrogantes planteadas, incluyendo la repartición equitativa de las nuevas riquezas.

EXDIPUTADA

‘Mantener niveles de pobreza fomenta delincuencia, inseguridad, inestabilidad social. Mal negocio que nos cuesta [...]'