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14 de Oct de 2019

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Panamá, ciudad global

Ciudadano ejemplar con un impresionante historial de luchas cívicas que datan desde sus años de institutor, cuando se activó en las luchas por la recuperación del Canal y nuestra posición geográfica, Carlos Ernesto González de la Lastra dictó el 24 de septiembre pasado una inspiradora charla al grupo de reflexión Trinka, titulada, “Panamá, ciudad global”.

Ciudadano ejemplar con un impresionante historial de luchas cívicas que datan desde sus años de institutor, cuando se activó en las luchas por la recuperación del Canal y nuestra posición geográfica, Carlos Ernesto González de la Lastra dictó el 24 de septiembre pasado una inspiradora charla al grupo de reflexión Trinka, titulada, “Panamá, ciudad global”.

El término lo acuñó en 1991 la socióloga y economista Saskia Sassen en su obra “La ciudad global”. Nacida en Holanda, Sassen vivió por muchos años en Argentina, en donde estudió filosofía y ciencias políticas. Actualmente es profesora de sociología de la Universidad de Chicago. En su obra inicial ubicó a Londres, Tokio y Nueva York, como las ciudades globales por excelencia, pero en 2001 amplió los conceptos para incluir los elementos propios de la globalización.

Las ciudades globales, o Alfa, son aquellas ciudades dotadas de relevantes ventajas competitivas y que sirven de eje a un sistema económico globalizado. La denominación Alfa surge de la clasificación hecha por el “think tank” multidisciplinario Globalization and World Cities Research Network (GaWC), con sede en la Universidad de Loughborough, en Liverpool, Inglaterra, del que formó parte Sassen.

Por lo general, las ciudades globales ocupan una extensa plataforma urbana y juegan un rol activo en el flujo económico, social y tecnológico en su región, incluso en el planeta. La motivación del conferencista surgió del hecho de que, a pesar de que Panamá cuenta con todo el potencial y los antecedentes históricos para ser una ciudad global Alfa, se la ubica en la categoría Beta junto a Santiago, Lima, Río de Janeiro, Guatemala, San José y Quito.

La denominación de ciudad global Alfa trae consigo muchas ventajas, entre ellas optimizar los beneficios de la globalización, fortalecer su posición económica, mejorar su competitividad y gestionar los desafíos y los impactos negativos de la globalización (resiliencia), particularmente frente a lo imprevisible que se ha tornado el comercio mundial en virtud de la guerra comercial entre los grandes polos de poder.

A juicio de González de la Lastra, “el Panamá del siglo XXI, sin querer queriendo, aspira a ser una metrópoli que pueda superar el mal nombre generado por los “Panama Papers”, y salga convertida en una vigorosa ciudad global”. Pero para lograrlo, apunta con sobrados elementos de juicio, “requiere de un plan estratégico de posicionamiento para consolidar a Panamá como centro preferido” para la inversión extranjera, convenciones internacionales, el turismo y como sede de empresas globales y organismos internacionales.

Entre las ventajas que ofrece Panamá, además de su conectividad en virtud del Canal de Panamá, los puertos internacionales y el hub aéreo de Las Américas, están la infraestructura de telecomunicaciones, incluyendo los siete cables submarinos de fibra óptica que prestan un servicio de transporte de paquetes de información (voz y data) a todo el mundo, el centro financiero internacional, las zonas francas de comercio internacional, el primer registro de naves del mundo y la plataforma de servicios marítimos auxiliares.

González de la Lastra enumeró otras ventajas de Panamá, como son la Ciudad del Saber, la sólida democracia que disfruta el país desde hace tres décadas, el clima favorable de negocios, la gran cantidad de organismos internacionales que han establecido su sede aquí, la diversidad cultural, la rica historia representada por el Casco Viejo y Panamá la Vieja, los aceptables niveles de seguridad y la relativa paz social. En el lado negativo están la deficiente burocracia, la complicada movilidad ciudadana, la calidad del tráfico vehicular y la falta de una cultura ciudadana para la eliminación de los desechos.

“Para construir una ciudad global se requiere transmitir a los ciudadanos que existe una esperanza de desarrollo urbano distinto”, puntualizó. Sugirió que la transformación de Panamá en una ciudad global requiere del esfuerzo concertado entre el alcalde de Panamá, el Gobierno central y la sociedad civil. El primero, liderando la iniciativa, el segundo modernizando el Estado para optimizar la infraestructura de servicios públicos, y la sociedad civil promoviendo las transformaciones necesarias, tanto a nivel del sector público como en la ciudadanía. Esas transformaciones incluyen la transformación de Panamá en una “ciudad inteligente”, la culminación del Metro y su integración a los demás elementos de transporte público y al sistema portuario.

Como parte activa de la sociedad civil, Trinka aceptó el reto y se comprometió a impulsar el proceso de concienciación hacia ese objetivo.

Periodista