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21 de Sep de 2020

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Ricardo Arturo Ríos Torres

Columnistas

La montaña de las pasiones

Luis Fernando Pitty Ceballos irrumpe con acierto en el Panamá literario con “Quién vive detrás de la montaña”, publicada en el 2009, una narración ambientada en el Panamá Profundo.

Luis Fernando Pitty Ceballos irrumpe con acierto en el Panamá literario con “Quién vive detrás de la montaña”, publicada en el 2009, una narración ambientada en el Panamá Profundo. El autor es neurocirujano, un ávido lector, un poeta inédito. Luis confirma mi afirmación: la literatura no se improvisa, el arte de escribir es un proceso aluvional, el cual requiere de muchas lecturas, disciplina y una vocación permanente.

Changmarín con énfasis social en “Faragual” y Mario Augusto Rodríguez con el dramatismo en “Sequía”, la dan un toque contestatario a la literatura vernacular. Luis Fernando, con “Quién vive detrás de la montaña”, le da un giro diferente a la temática campesina, sensibiliza poéticamente el diseño literario, así nos toca el alma con una composición preñada de las más antagónicas emociones propias del devenir humano.

“Se nos acabó la mama...”, refleja la expresión lacónica de la pena y tristeza profunda de Agapito ante la muerte de la madre, en un desenlace trágico e inesperado. Luis Pitty hace del estoicismo ancestral un dolor sin nombre; Agapito lo manifiesta así: “Ella era mi vida, donde yo pisaba, ella pisaba, teníamos el mismo suelo”, es el puntual grito de amor de un marido desolado por la pérdida de su amada. Recuerdo a Kenizé Mourad en “De parte de la princesa muerta”, cuando afirma: “Somos una sola alma tú y yo, no existe entre yo y tú ni yo ni tú”. Virgilio y Diamantina, en otra relación, prueban que el amor sin condiciones los une en un sentimiento que tiene el aroma del jazmín y los naranjos.

“Quién vive detrás de la montaña” se localiza en la agreste región de Azuero entre Herrera y Veraguas, en las áreas de Ponuga, Mariato, el Cebadero, la Atalaya. y el golfo de Montijo. Luis Fernando con don descriptivo, dibuja con palabras líricas el paisaje geográfico de los panameños que viven enterrados en el olvido, en esos milenarios cerros donde habita el hambre eterna, tanto de alimentos como de esperanzas.

El relato es doloroso y trágico con el traslado de la madre de Agapito hacia el hospital de Santiago, primero en una hamaca hasta conseguir un transporte hacia la ciudad infernal de los diablos rojos. El conductor con la cruel actitud de un hombre bestializado con licencia de conducir, al darse cuenta de la muerte de la anciana, los baja del bus. La patética escena también se da con Ramón Fonseca en “Soñar con la ciudad”, otra novela excepcional, la cual manifiesta la vida de privaciones del campo panameño.

“Aquí 'toy yo” es uno de los incidentes más pintorescos del libro del Dr. Pitty Ceballos. Una viuda ocueña instala un jorón taberna en el cruce de caminos de las comunidades mencionadas; allí hay de todo, sal, azúcar, lentejas, enlatados, seco, cerveza y ron, el lugar es un remanso para compartir sinsabores. La cantina es también el centro de una terrible verdad, de un suceso infame que marca a una familia, allí el suspenso habla y brotan las telarañas complejas que tejen la vida en sus designios fatuos. “Aquí 'toy yo” propicia el encuentro mágico entre Leovigildo y Lita, él lo dice así: “¡jo!, esa mujer sí valía la pena”.

El erotismo de Luis Fernando es la expresión de un poeta que hasta hoy oculta el lirismo consustancial a su ser, pero la fuerza vital de las palabras enriquece con hermosas metáforas el texto narrativo, al darle a la prosa la fluidez de un ritmo musical que seduce al lector. La relación de Agapito y Florencia propicia el éxtasis en un clímax que inunda de emociones extremas la montaña de antagónicas pasiones.

Florencia, enigmática mujer, solo abre sus labios para despedir flores y susurros de amor genuino, así en sentidas frases siempre descubre con instinto atávico lo que el corazón anida y así le confiesa al amado: “cuando estemos solos, me colgaré de tu cuello; vuelve mi amor, que yo te amo con el alma, yo sé quién eres y sé que tu corazón no está hecho para engaños. Tengo la tristeza de no verte”.

“Quién vive detrás de la montaña” es una sucesión armoniosa de hechos tiernos y crueles que humanizan la vida campesina en un torbellino de sentires paradójicos. El amor y el odio, la generosidad y la infamia alientan las vivencias de una trama con una acción exuberante.

La acción de tiempos simultáneos, interrelaciona en los conjuntos narrativos a múltiples personajes como Clotilde, Marina, don Temo, Jacinta, Blanca Azucena. Son nombres que han crecido con el anonimato a cuestas y los pies descalzos.

Los dibujos descriptivos de Luis Pitty se hacen con elegancia y puntualidad cervantina. El uso del lenguaje campesino nos sitúa en esa realidad cotidiana de pesares, angustias y sueños. El perfil de los personajes lo traza con profundidad psicológica. Sensualidad, intriga, violencia, y desprendimiento visten a los protagonistas en una crónica de miserias y penurias contrastadas por nobles valores.

Luis Fernando, con pensamientos del alma, nutre el texto con un imaginario luminoso: “Panamá, terruño de indescifrables nostalgias, de culturas entrelazadas en un solo aroma, en una vena solitaria, como el fluir de un río tumultuoso que se pierde entre las llagas y heridas de su destino inefable. Muerte, sombra tenaz que se apodera del día, y lo convierte en enorme oscuridad. Las lágrimas se las lleva el río. Parecía que ambos lloraban. El amor nace como una perla en el centro de la ostra que se nutre con los roces milenarios del mar. Amar es una fuerza desconocida que no se explica, energía vital que todo lo desborda. El amor no solicita, no toca a la puerta, irrumpe como el agua entre las rocas, abraza todo a su paso. El sentimiento acorralado por un secreto es un dique a punto de desbordarse”.

La pasión es una fuerza irreconciliable con la razón. En todo Panamá, no hay justicia de la buena.

Nota: Luis Fernando Pitty impacta a los lectores con otra novela magistral: “Ojos de perla negra”. Lenguas misteriosas descubren que el amor es un cristal inmaculado, una gema brillante y persuasiva y que la muerte es una dama perfumada. La narración es una metáfora poética con fragancias primaverales. La fuerza dramática es irreverente con diálogos inéditos, ocultos en un mundo donde no existe el odio ni la oscuridad ni el egoísmo ni la vanidad. El amor naufraga en un mar de zozobras. El texto preñado de imágenes y sonidos extraños, es un pez que nada sobre la arena, es un eco de insólitas remembranzas. “Ojos de perla negra” es una composición existencialista, hermética, de múltiples dimensiones, donde el amor y la muerte tienen vida eterna, es la gran novela del Panamá literario. Leerla es vivir una catarsis, requiere de un lector culto. Está en Riba Smith.

Referencia bibliográfica: Pitty Ceballos, Luis Fernando. “Quién vive detrás de la montaña”/ Panamá: Universal Books, 2009. 206 p. il.

Docente, historiador y escritor.