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06 de Aug de 2020

Roberto Díaz Herrera

Columnistas

AV y DV: será el nuevo tiempo en el planeta

A partir de esta pandemia coloquialmente comenzaremos, consciente o inconscientemente, a decir “¿me hablas de antes del virus o después del virus?”.

A partir de esta pandemia coloquialmente comenzaremos, consciente o inconscientemente, a decir “¿me hablas de antes del virus o después del virus?”. Jesús, el humilde hijo de María y el carpintero José, sin que el personaje lo pudiera prever a su muerte, cambió el calendario mundial. Ese calendario lo utilizan hoy países con mayoría atea como China. El primer calendario de 365 días fue el egipcio. Luego Julio César impulsó el juliano, y después se instauró el gregoriano, del papa Gregorio XXIII. Pero sobre calendarios no conozco nada.

Aunque no se cambie ningún calendario, toda la raza humana, incluyendo los bebés de hoy, que beben de las emociones de susto y hasta pánico de sus padres, se meterá como un “software” en sus psiquis la conmoción de la pandemia, aunque el virus sea uno más de la familia Corona (¡lástima que no sea la cerveza!), y no necesariamente el más letal, y pese a que hoy no recordemos las pandemias vividas desde milenios. ¡Pero, yo, a mi edad infantil que llevo a cuestas, jamás presencié virus alguno que estremeciera tanto ni puesto a parir a la ciencia mundial y derrumbado en pocas semanas la economía global y paralizado las calles del planeta! Ni el ébola, de incidencias mortales mucho mayores. Además, jamás vi a mis padres encerrados en cuarentena, ni lavarse las manos cada tres minutos -aunque siendo docentes eran muy aseados-, en fin, nunca vi la revolución súbita en costumbres que estamos presenciando. Si estamos entre los sobrevivientes a este marasmo repentino, quedaremos marcados por el COVID-19.

Hemos oído maldiciones, inútiles, porque no ganamos nada; hemos tenido la recepción récord de oraciones, que tampoco sirven de mucho más que la fortaleza de la fe. No creo que “Dios abandonó a los que han fallecido”, pero no tenemos duda del arma de la fe, porque sabemos, por tratadistas médicos espirituales, que esa “arma” en adversidades sube de inmediato el sistema inmunológico y tal cosa nos da increíbles defensas que nos ayudan a combatir enfermedades, e incluso a que se presenten -y no pocos- los famosos “milagros”. El poder de la oración lo han confirmado científicos de la Universidad de Harvard, entre ellos un famoso cardiólogo, el Dr. Herbert Benson, estadounidense de origen hebreo -creador, luego de décadas de estudios, de las emociones y la salud o la enfermedad- del Instituto de Psiconeuroinmunoendocrinologia -abreviado como Instituto de Medicina Mente Cuerpo. Sus libros explican por qué la fe personal, independientemente de religiones, resulta como una inyección intravenosa que ha resultado en curaciones espontáneas aún en casos de cáncer severo, con el mote de “terminales”.

Todos estamos abrumados y neuróticos por la avalancha incesante de noticias sobre el virus. Estamos digiriendo en un menú, tal vez de 95 % diario, solo de lo del virus. Ello nos está produciendo ciertamente un tsunami de información, pero igual un tsunami de estrés y neurosis. La parte positiva se está quedando pequeña ante el daño severo e inmediato que afecta nuestro sistema nervioso central y el sistema inmunológico infectado de miedos.

Debemos reconocer el trabajo coordinado del Gobierno y lo que lidera el Minsa, junto al grupo de tarea. Esta labor en Panamá ya ha sido reconocida como meritoria por la ONU, que coloca a nuestro país como uno de los que mejor maneja la crisis y, pese a errores o fallas por lo inesperado de la pandemia, debemos avalar ese trabajo e incluirnos en sus resultados positivos.

Creo que una falencia e importante de las ya acostumbradas sesiones informativas que preside la ministra de Salud es precisamente la ausencia total del problema “el miedo colectivo y su repercusión en nuestra mente y el reflejo inmediato en nuestro cuerpo y su sistema inmune”. Aunque en nuestras cátedras de Medicina no otorguen siquiera una hora del pensum a esta materia, ya en países más avanzados e incluso en la vecina Colombia llevan en la Universidad de Colombia -pública- unas diez graduaciones en Neurociencias, a nivel de posgrado. Estoy totalmente seguro de que el tema “administración del estrés y las emociones” está incluido en sus contenidos curriculares.

¡Tomemos nota de esto frente al más que miedo, pánico colectivo!

Abogado, coronel retirado.