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26 de May de 2020

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Mario Velásquez Chizmar

Columnistas

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Santiago. _ Esta vez no es en emergencias de un centro de salud. ¡El hospital es el mundo entero! El paciente: ¡la humanidad completa! Las técnicas de recuperación persiguen igual objetivo: revivir al paciente.

Santiago._ Esta vez no es en emergencias de un centro de salud. ¡El hospital es el mundo entero! El paciente: ¡la humanidad completa! Las técnicas de recuperación persiguen igual objetivo: revivir al paciente. Hoy, el paciente no es un individuo, resulta obvio que se trata de la colectividad en su conjunto. Los signos vitales de la sociedad se han suspendido. Atender al paciente, tal como sucede en los hospitales, es un trabajo de equipo. La absoluta fidelidad con las reglas debe resultar en el fin perseguido. Apartarse de ellas, no tenerlas claras, transgredirlas es fatal. Ocasionalmente el desenlace no es el anhelado. Depende mucho de la gravedad del paciente, del tiempo transcurrido y de los primeros auxilios suministrados. Cuando el paciente es la sociedad parece haber una gran diferencia: el tejido social es más complejo y los anticuerpos tienen una larga historia de resistencia, de combates desiguales y de crecimiento en ambientes hostiles. La humanidad sigue su curso, a pesar de los múltiples obstáculos que le ha tocado vencer. No es primera vez que el día se torna oscuro. No hay razón entonces para diagnosticar una crisis social insalvable.

Los partos siempre alteran las emociones. Cierto, no está naciendo una nueva sociedad, pero las similitudes son muchas, fundamentalmente en cuanto a la importancia del evento: haber expuesto al desnudo todos los valores que particularizan el modelo de desarrollo que prima en el planeta. Esta vez existen condiciones, como la intercomunicación global, que permiten con plena exactitud definir características esenciales del desarrollo humano en etapas en que el dolor traspasa fronteras y se encarna en todos los sectores sociales sin distinción de títulos. Esto también lo acerca a un parto y, como todo nacimiento, constituye el alumbramiento de una nueva oportunidad. En efecto, tanto gobernantes como gobernados, tenemos en nuestras manos la patente posibilidad de imprimir correctivos en los rumbos que hemos trazado en nuestras existencias. El manejo de crisis totalmente imprevistas puede ayudarnos a madurar y granjearnos el respeto de los demás o enterrarnos para siempre en el fango.

Otra vez se destapó que el mundo “está de cabeza”, pero pensar que las condiciones están dadas para un cambio de los cimientos del modelo socioeconómico vigente e imponer un sistema diametralmente opuesto como modelo a seguir por esta humanidad, es utópico. El remesón no da para tanto. Los enormes esfuerzos que se están haciendo, dentro y fuera del Gobierno, apuntan claramente, y no podía ser de otra forma, a restituir lo perdido, a recuperar el ritmo suspendido, no a bajar la bandera del barco, tampoco a decapitar a su comandante ni dejar morir a su tripulación. Y este propósito manifiesto es el combustible para enfrentar la crisis con el convencimiento de que tendremos éxito. Saber que es posible retornar a nuestras vidas pasadas, motiva la continuación de la lucha.

Cierto que “no hay enemigo pequeño”, pero en esta épica batalla en curso, se encendió nuestro espíritu y la inagotable capacidad de supervivencia del ser humano. Esta especie sigue alimentando su alma con nuevas proteínas y ricas experiencias, de manera que ha podido levantar una fuerte coraza y exhibir robustas armas que, en las manos correctas, deben dar excelentes resultados. Es legítimo y obligatorio preocuparnos con reverente seriedad, pero es también imperativo impregnar esa preocupación de responsabilidad, disciplina, conocimiento y mucho, pero mucho, optimismo. Reanimar al paciente no será una tarea ni fácil ni rápida; todo lo contrario: difícil y larga. Ahora bien, son los propios hechos indicativos incontrastables de que la plena recuperación es una opción real; que vamos por el camino correcto; que las armas que estamos utilizando para ganar la batalla son las apropiadas; que el concepto de trabajo en equipo es el indicado; que la voluntad colectiva se opone a “cultivar” de las cenizas; prefiere retornar a sus zonas de “confort”; y que la dinámica actual del Pacto Social en rigor se enriquecerá, sin rastros de fatalidad y a pesar del impacto.

Por tal razón, lo que se viene haciendo para la recuperación, sin lugar a duda y respetando la objetividad, es reactivar al agredido, estimularlo para que recupere sus fuerzas a objeto de que vuelva al estado anterior de vida dinámica y autónoma. Ahí están las medidas económicas que empiezan a diseñarse con ese fin desfibrilador: buscan paliar los daños para mantener la estructura y que pueda fortalecerse en el futuro. No se trata de traer a alguien distinto, sino al que casi desaparece. Después de lo que se hizo público, no es lógico que sea exactamente el mismo, pero el cuerpo sí; el deseo es reanimarlo y que vuelva a caminar. Volver con el alma igualita, dependerá de un esfuerzo colectivo, organizado y persistente. Lo que es unánime en este momento es volverlo a la vida. Y esto es posible.

Abogado y embajador en Chile.