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11 de Jul de 2020

Víctor Paz

Columnistas

Como si fuéramos dioses en cautiverio

Cuando ocurrió el evento de las torres, la Internet se mantuvo activa pese a los bombardeos. Ahora que el mundo se guarece en cuarentena, la Internet ha soportado la actividad humana mundial.

Cuando ocurrió el evento de las torres, la Internet se mantuvo activa pese a los bombardeos. Ahora que el mundo se guarece en cuarentena, la Internet ha soportado la actividad humana mundial. Todas esas personas que desconfiaban de los sistemas, de las redes, que veían la web como juego o de niños, y a los informáticos como “nerds” complicados; sepan que las computadoras soportan al mundo desde hace mucho tiempo atrás (satélites, reactores nucleares, etc.). Pero solo ahora, la humanidad ha saltado dramáticamente del “chat” jocoso a la casi total virtualización existencial. Era obvio, si globalizábamos la economía, en algún momento íbamos a globalizar también las enfermedades.

Ahora bien, este salto crea una distorsión tiempo/espacio muy sutil, que en acumulación podría estarnos afectando más de lo que pensamos. Partiendo del simple hecho de que el tiempo humano se expresa en segundos, mientras que el de la computadora lo hace en nanosegundos (1xE-9 segundo).

Cuando usted se comunica con una persona por “chat”, no es lo mismo a hacerlo por una videoconferencia ni mucho menos en persona. Por “chat” usted no puede ver las expresiones ni las emociones (imprescindibles en la comunicación humana), solo las que la otra persona decida expresarle mediante emoticones. Esta forma de seudocomunicación elimina el lado “intangible” de la comunicación. En una videoconferencia, ocurren cosas muy distintas. Sus ojos capturan la luz de los monitores (computadora, teléfono, celular, televisión smart) y estimulan aún más al cerebro. La luz de la mayoría de las pantallas electrónicas estimula mucho el sistema nervioso central a través de la vista. Por eso es que el uso del celular antes de dormir está contraindicado, ya que ocasiona insomnio a muchas personas. Porque su cuerpo no puede descansar, si su cerebro está siendo estimulado.

En las videoconferencias, aunque se perciben las emociones y expresiones, su interacción no solo es bisensorial (visión y audición), sino también bidimensional (usted solo interactúa con un plano, la pantalla). Es decir, usted restringe su capacidad cinética, sensorial y cognitiva a dos dimensiones que simulan tres. Pero nuestro cerebro está acostumbrado a interpretar el mundo (así nos falte uno o varios sentidos) en tres dimensiones. Entonces, valdría la pena preguntarse si acaso esta distorsión cognitivoespacial no podría estarnos generando alguna forma de estrés subyacente. O, dicho de otra forma, ¿cómo usted podría encerrar en dos dimensiones a un cerebro que funciona en tres, sin generarle un estrés residual por CAUTIVERIO?

Ahora bien, usted se preguntará por qué no me estreso viendo televisión; sino todo lo contrario, es decir, me relajo. Dicen los expertos que ver televisión (y más aún comiendo al mismo tiempo) nos genera una descarga rápida de dopamina (el neurotransmisor del placer, entre otras cosas). Por otro lado, también debería preguntarse si cada vez que usted discute con la televisión, la televisión le responde (sin que esté en modo inteligente). El modo (inteligente o no) y su contenido son dos de los factores que más estresan al interactuar con dispositivos electrónicos.

Hechos 1:24, “Tú, Señor, que conoces los corazones de todos…”.

La principal distorsión que nos ofrece el mundo virtual está paradójicamente oculta en dos de sus potencialidades principales: la omnipresencia y la omnisciencia. Léase, poder estar en varios lugares y entender muchas cosas “al mismo tiempo”. Cabría entonces preguntarnos si estamos listos para ello. Mucho peor aún, que no podemos salir de casa… como si fuéramos una especie de dioses en cautiverio.

Ingeniero en sistemas.