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02 de Jun de 2020

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Jorge Luis Prosperi Ramírez

Columnistas

Cuidemos la salud al salir de la cuarentena

Hace unos meses hice un llamado sobre la necesidad de poner en perspectiva lo que en aquel entonces llamábamos “el brote de nuevo coronavirus”, solicitando que lo analizáramos en el contexto de la morbilidad y mortalidad nacional.

Hace unos meses hice un llamado sobre la necesidad de poner en perspectiva lo que en aquel entonces llamábamos “el brote de nuevo coronavirus”, solicitando que lo analizáramos en el contexto de la morbilidad y mortalidad nacional. Hoy, luego de cinco meses, el virus resultó mucho más letal de lo que muchos preveíamos, causando millones de enfermos y cientos de miles de fallecidos en el mundo, amén del gigantesco daño a la economía y a la salud de la población mundial, que no le ha quedado más remedio que encerrarse en sus casas para defenderse del mortal enemigo. No obstante, sigo pensando igual y reitero mi llamado de poner en perspectiva la pandemia y actuar en consecuencia, cambiando nuestros estilos de vida y promoviendo la salud individual y colectiva.

La causa de la angustia y desesperación es clara y nadie puede negar el impacto de la enfermedad en este corto período de tiempo. Esta semana superaremos los diez mil casos y nos acercaremos a las 300 defunciones en el país. La mayoría de las defunciones ha ocurrido en personas mayores de 60 años, con alguna enfermedad concomitante, lo cual agrava el cuadro clínico y le resta posibilidades de sobrevivir al afectado. Ese es el comportamiento del COVID, es muy probable que se quede entre nosotros y continúe afectándonos de forma intermitente, por lo que no podemos confinarnos a perpetuidad. Deberemos, eso sí, mantener las medidas de distanciamiento para protegernos, y ocupándonos de cuidar nuestra salud integral para enfrentar en mejores condiciones al enemigo, y vivir una vida sana y productiva.

Y reitero este llamado, porque en esos mismos cinco meses, cerca de 5000 panameños mayores de 60 años fallecieron de las llamadas enfermedades no transmisibles (ENT). Esta cifra representa 48 muertes diarias, y más de veinte veces más que los fallecidos por el coronavirus en el mismo período. Sin embargo, esos fallecimientos no han ocupado las primeras planas de nuestros medios, ni han inundado las redes sociales, y mucho menos han sido causa de ruedas prensa diarias y preocupación ciudadana. Además, esas enfermedades han causado más de 50 mil muertes y grandes pérdidas económicas en el país en los últimos cinco años. Y eso sin contar que las ENT matan a 40 millones de personas cada año en el planeta, lo que equivale al 70 % de las muertes que se producen en el mundo. Hemos silenciado esta realidad subyacente, y la pandemia de información que nos bombardea, no nos deja pensar en otra cosa que no sea el COVID.

Entonces, cuando salgamos de la cuarentena, no podemos seguir haciendo las cosas que hacíamos antes y continuar aportando víctimas con nuestro comportamiento a estas enfermedades no transmisibles, las cuales, en mi opinión, constituyen la verdadera pandemia de los tiempos modernos. Estamos obligados a poner las ENT en la primera plana de nuestras vidas. La vacuna contra estos males ya la tenemos, y debemos utilizarla, porque todas estas enfermedades y muertes se podrían evitar o disminuir de forma importante mediante la prevención y solución de las causas primordiales de los problemas de salud, aprovechando la amplia gama de intervenciones sociales y ambientales destinadas a beneficiar y proteger la salud y la calidad de vida individuales que aporta la promoción de la salud.

Será obligatorio actuar en forma individual evitando la comida chatarra, disminuyendo el consumo de alcohol, dejar el tabaco, practicar suficiente actividad física y hacer lo posible por manejar el estrés urbano al que estamos sometidos los ciudadanos que habitamos las principales ciudades del país. Pero no es suficiente con la acción individual. Se debe involucrar a todos los sectores.

Al salir de la cuarentena y retomar la vida como debe ser, será obligatorio incorporar en lo cotidiano la promoción de la salud para que refleje las realidades contemporáneas de nuestro país, contribuya a lograr una mejor equidad en la salud y apoye al logro del desarrollo con justicia y equidad para todos. Deberemos crear entornos saludables, prestando especial atención a las instituciones (por ejemplo, escuelas y lugares de trabajo); facilitar la participación y el empoderamiento de la comunidad, y el compromiso de la sociedad civil y la empresa privada; fortalecer la gobernanza y el trabajo intersectorial para mejorar la salud y el bienestar, y abordar los determinantes sociales de la salud y; fortalecer los sistemas y servicios de salud incorporando un enfoque de promoción de la salud, que supere el modelo actual dedicado principalmente a atender enfermedades.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).