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25 de Oct de 2020

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Mario Velásquez Chizmar

Columnistas

Terapia

Santiago, Chile. _ Los dolores podrán aliviarse con determinadas fórmulas, pero la panacea no existe. Sufrimiento y precariedad no son ingredientes nuevos en la dieta democrática del ser humano, nos guste o no.

Santiago, Chile._ Los dolores podrán aliviarse con determinadas fórmulas, pero la panacea no existe. Sufrimiento y precariedad no son ingredientes nuevos en la dieta democrática del ser humano, nos guste o no. Cuando se controle la pandemia, el rechazo a la economía actual habrá crecido; es cierto, pero también es una realidad que las fuerzas sociales con la necesaria capacidad para permitirnos caminar sin mascarillas adquieren su oxígeno ancladas al modelo socioeconómico vigente. Seguro que hoy aumentó la gente consciente de las injusticias y desequilibrios del sistema, pero estos han estado ahí desde un inicio y, en reiteradas coyunturas históricas, han quedado al descubierto. Si estamos frente a una grave crisis sanitaria cuyas secuelas en materia económica son catastróficas, no es por efecto de un movimiento social que ha minado los cimientos de un sistema. Es la acción de un depredador natural de la raza humana la que nos ha llevado a donde estamos. Esto se cae de su peso. Exagerar al respecto y crear falsas expectativas en el ya angustiado pueblo, es un pecado capital en el contexto del nivel de necesidad que nos toca vivir actualmente.

Lo mismo ocurre con aquellos que, demostrando lo poco o nada que han aprendido de esta crisis, siguen actuando igual que antes, engañados por su atrofiado olfato político y mintiendo sobre sus ambiciones personales tras supuestas críticas. Pecan también los que prefieren la histeria y el espectáculo como instrumentos para reanimar el espíritu. Manejar una crisis como la actual en una sociedad como la nuestra, donde la solidaridad social es atosigada sin piedad por el individualismo y el consumismo, trastoca cualesquiera planes programados para mejorar la situación de desigualdad que el sistema ha provocado. Al interior de ese huracán deben armarse nuevos planes. Hay que ser creativo, formar equipo y llenarse de sentido de colectividad. Esta imperativa tarea demanda una honesta y desinteresada participación de todos, bajo la dirección de las autoridades que democráticamente elegimos para que administraran en épocas normales o extraordinarias.

Al margen del tratamiento técnico de esta crisis, estamos urgidos de un debate sensato sobre qué hacer en esta economía para recuperar el ritmo perdido. Lo que significa alejarnos de propuestas que han sido maquilladas para una rápida y popular aceptación dentro de la natural ansiedad que genera la amenaza del virus, desconociendo la mecánica del sistema que se quiere proteger. Caer en posturas populistas hoy, es agravar la fragilidad del sistema y con ello, alimentar las causas de la desigualdad, tanto como decantarse por profundizar la expoliación privada. El alivio que definitivamente se sentiría al principio, se convertiría en el futuro próximo en un calvario. Clavar ahora nuestras legítimas preocupaciones en la viga de soporte de los que no han podido detener el virus del desprestigio, es prolongar la congoja y garantizar el desconsuelo masivo. Sabiamente, el presidente Cortizo supo superar el escollo. Los ajustes que legalmente caben pueden lograrse a través de ficciones jurídicas, opción perfectamente viable dada la situación que ha motivado la salida del Ejecutivo. Políticamente es una movida respetuosa de las reglas del régimen imperante y de la Constitución, porque no solo se adopta como tal para la configuración de la Patria, sino también porque el presidente juró cumplirla, lo cual es digno reconocer.

El endeudamiento general viene. Gobierno, empresas, trabajadores y demás mortales. La hora de instrumentos de tolerancia llegó. Cuidado en excederse con las subvenciones, sería un atentado contra el necesario emprendimiento. Ojo con la capacidad de manejo fiscal, porque de ello dependerá el grado de condonación o extensión de deudas y aportación de capitales a las empresas. No deben descartarse dichas rutas. Parece que Keynes se impuso y muchos miran ahora el gasto público como refugio para el grueso de la ayuda. Olvidar la estimulación especial de la armoniosa combinación entre capital y empleo, sería fatal. Fijar qué sectores se pueden recuperar antes que otros, es importante. El alto crecimiento de la economía panameña y su satisfactorio nivel de deuda, ayudan a vislumbrar una recuperación estable a un plazo razonable, bajo la premisa de un particular estilo de gobernar, más que con la fuerza propia de una ideología. He aquí la razón para que algunos piensen que la credibilidad de la oposición y de los adláteres del histrionismo, en el marco de la recuperación, dependerá en grado superlativo y en forma casi exclusiva, de su comportamiento frente a las medidas que tome el Ejecutivo con este propósito. Daniel Zovatto, director regional para América Latina de Idea Internacional, desde Chile, manifestó sobre este aspecto que, para efecto del juicio sobre el futuro de los políticos, la gente se preguntará: “¿Qué tan buen capitán de tormenta tenemos como para renovarle la confianza o no?”. Mucha terapia será necesaria e inevitable, pero fíjense bien quién es el terapeuta.

Abogado y embajador en Chile.