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20 de Oct de 2020

Jonathan Padilla

Columnistas

Educación en tiempos de COVID

“Tenemos que trabajar rápido, en equipo, con el apoyo de las autoridades y los sectores de la sociedad panameña para que los niños y jóvenes continúen y sigan teniendo garantizado ese derecho a una educación de calidad”

Es inusual, pero real. El 95 % de los niños, niñas y adolescentes en América Latina está temporalmente fuera de los colegios y en confinamiento en sus casas. No es claro cuánto durará el cierre de los centros escolares y hay una buena razón para ello: las escuelas son el lugar ideal para que el virus se propague.

Aunque la mayoría de los niños no parece sufrir síntomas graves al contraer la enfermedad, ellos pueden transmitir el virus a los adultos de sus hogares. Los estudiantes suelen estar en estrecho contacto con sus compañeros y maestros, en aulas muchas veces pequeñas, juegan en los recreos, y a veces también comen juntos.

Sin embargo, existen otras razones asociados con el cierre de los establecimientos educativos. Muchos estudiantes dependen de las escuelas para tener comidas diarias y estas también proveen cuidado de los niños mientras los padres laboran.

Esta nueva pandemia nos deja dos graves problemas en el sector de la enseñanza-aprendizaje; el primero, que baje la curva de aprendizaje de nuestros niños, niñas y adolescentes. Y el otro problema más crítico es el abandono del sistema escolar.

Hoy, la COVID-19 ha generado una convulsión en los sistemas educativos: la mayoría de las escuelas están cerradas. Aproximadamente 877 142 estudiantes en Panamá están en sus casas. Por tanto, deben aprender desde ese espacio: con las herramientas que tengan, con apoyo de sus acudientes y con la ayuda limitada de los docentes.

No conocemos con exactitud la fecha en que nuestros estudiantes retornarán a las aulas de clases. El Ministerio de Educación (Meduca) ha realizado un enorme esfuerzo para garantizar el derecho a la educación a través de internet y de generar virtualidad para que los estudiantes tengan acceso a los contenidos; así como también a mecanismos como radio y televisión y otra serie de iniciativas.

Con estos recursos disponibles, debemos alcanzar la mayor cantidad de estudiantes posibles y la gran meta es lograr que este proceso de enseñanza/aprendizaje llegue a los alumnos desde sus hogares.

En nuestra región, las diferencias en aprendizaje entre los estudiantes de contextos vulnerables y favorecidos equivalen a más de dos años de escolaridad (363 vs. 464 puntos en lectura, según los datos de las Pruebas PISA-2018).

Por ello, son muy importantes los esfuerzos que realicen el Gobierno nacional y el Ministerio de Educación para evitar que las brechas se amplíen mucho más durante y después de la emergencia sanitaria.

Lamentablemente, la educación ha sido caracterizada por la inequidad en su acceso, calidad y los decadentes resultados en bajos aprendizajes. Estas fisuras eran latentes antes del coronavirus. El rol que cumplen nuestras aulas de clases como medio para la nivelación social se ha visto detenido.

Por tal razón, es muy necesario que se apliquen todos los esfuerzos necesarios para evitar que se amplíen las brechas educativas mientras dure esta pandemia. Es un momento para ser creativos, dinámicos, innovadores y de aprender unos a otros. Debemos generar diálogos entre los actores y sectores para encontrar soluciones conjuntamente.

Estamos pasando por un momento de gran incertidumbre, donde las preguntas son más que las respuestas que queremos lograr. Existe la posibilidad de que se vea afectado el proceso de aprendizaje en la región. Se deben planificar escenarios y estimar los impactos, mientras que la incertidumbre continúe. Sin embargo, la emergencia va a pasar y la educación debe continuar, por eso hay que asegurar el proceso de enseñanza de todos los estudiantes.

Por ello es imprescindible que los países planifiquen y reflexionen desde ahora en lo que viene después, una vez que la emergencia sanitaria termine y los sistemas educativos tengan que enfrentar desafíos mayores, como las índoles política, económica, cultural y social que va a dejar esta crisis.

Tenemos que trabajar rápido, en equipo, con el apoyo de las autoridades y los sectores de la sociedad panameña para que los niños y jóvenes continúen y sigan teniendo garantizado ese derecho a una educación de calidad.

Educador social.