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06 de Mar de 2021

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Jorge Luis Prosperi Ramírez

Columnistas

¿Qué más podemos hacer?

Luego de 130 días de estar padeciendo esta epidemia que ha causado cerca de 55 000 enfermos y le ha quitado la vida a más de mil personas en el país, ubicándonos entre los primeros lugares de los países que más casos y defunciones acumulan en el continente; los panameños nos hacemos, por lo menos, dos preguntas: ¿estamos haciendo lo suficiente y correcto?, y ¿qué más podemos hacer para frenar este aumento exponencial de casos y defunciones? Para ayudarnos a contestar estas interrogantes, les presento en esta entrega las recomendaciones que hacen los organismos internacionales, así como los países que han tenido más éxito; y reflexiono de manera objetiva y transparente sobre nuestra situación.

Luego de 130 días de estar padeciendo esta epidemia que ha causado cerca de 55 000 enfermos y le ha quitado la vida a más de mil personas en el país, ubicándonos entre los primeros lugares de los países que más casos y defunciones acumulan en el continente; los panameños nos hacemos, por lo menos, dos preguntas: ¿estamos haciendo lo suficiente y correcto?, y ¿qué más podemos hacer para frenar este aumento exponencial de casos y defunciones? Para ayudarnos a contestar estas interrogantes, les presento en esta entrega las recomendaciones que hacen los organismos internacionales, así como los países que han tenido más éxito; y reflexiono de manera objetiva y transparente sobre nuestra situación.

La primera recomendación que nos hizo la OMS fue que cada país desarrollara su propio plan de acción, basado, subrayo, en un enfoque de la sociedad en su conjunto y una valoración realista de lo que es factible lograr para disminuir la velocidad de la transmisión y la reducción de la mortalidad, mientras se reanuda la actividad social y económica.

En ese contexto, se nos recomendó desarrollar una estrategia nacional que, como mínimo, estableciera las bases para: a) la coordinación de la respuesta nacional y subnacional; b) la participación y movilización de las comunidades afectadas y en riesgo; c) la implantación de medidas de salud pública adecuadas al contexto para frenar la transmisión y controlar los casos esporádicos; d) la preparación del sistema sanitario para reducir la mortalidad asociada a la COVID-19, mantener los servicios sanitarios esenciales y proteger a los trabajadores sanitarios; y e) la planificación de contingencia para garantizar la continuidad de las funciones y servicios públicos esenciales.

Sobre la coordinación de la respuesta nacional, desde que se declaró el estado de emergencia nacional, el Gobierno estableció una clara coordinación en cinco mesas de trabajo contra la COVID-19: salud, atención social, seguridad, comunicación y economía. Considero que el equipo coordinador nacional está cumpliendo con su misión. No obstante, debe fortalecer la coordinación entre las instituciones del sistema de salud, para el desarrollo conjunto y transparente de las intervenciones necesarias, y mejorar la estrategia de comunicación, para que contribuya a recuperar la confianza nacional y sumar efectivamente a la sociedad civil y a las ONG.

En ese sentido, la prioridad debe ser promover intervenciones participativas en la comunidad, que incluyan información exacta sobre los riesgos, lo que aún se desconoce, lo que se está haciendo para encontrar respuestas, las medidas que están tomando las autoridades sanitarias, y las medidas que pueden tomar las personas para protegerse a sí mismas. Pero, para garantizar la eficacia de la respuesta, el Gobierno debe comprender el conocimiento, las conductas, las percepciones e identificar los canales adecuados y las redes e influencias basadas en la comunidad. Solo así podrá transmitir los mensajes científicos y de salud pública que convenzan a la población de aceptar y seguir las recomendaciones de protección individual y colectiva para frenar la transmisión del virus. Este punto es crítico, pues una buena cantidad de panameños no está cumpliendo con su parte, contribuyendo directamente al aumento diario de casos de la enfermedad.

Por otro lado, detener la propagación de la COVID-19 requiere detectar y realizar más pruebas a todos los casos sospechosos, de forma que los casos confirmados sean aislados de manera rápida y efectiva, donde corresponda para evitar los contagios, y reciban los cuidados adecuados, y que los contactos cercanos de todos los casos confirmados sean identificados rápidamente para ponerlos en cuarentena y someterlos a control médico durante los 14 días del periodo de incubación del virus. No hay duda de que debemos masificar la pruebas, fortalecer el apoyo social y económico a los afectados y sus familias, ampliar rápidamente nuestra capacidad física instalada, nuestro personal para detectar casos, sumar a la población organizada, utilizar la tecnología innovadora disponible. No menos importante será sumar efectivamente a la empresa privada en el cumplimiento de las medidas de protección a los trabajadores y clientes. ¡El negocio que no cumple, no abre!

Adicionalmente, debemos garantizar los servicios sanitarios esenciales y de calidad para reducir la mortalidad, y proteger a los trabajadores sanitarios, quienes tienen que ponerse ellos mismos en riesgo y, como consecuencia, algunos han perdido sus propias vidas. Esta epidemia supone una inmensa presión para la dotación de personal, la disponibilidad de equipos y de suministros cruciales, como el oxígeno medicinal, medicamentos, respiradores y equipos de protección personal (EPP). Destaco que el plan de contingencia que estamos desarrollando incluye la readaptación amplia de todo el sector sanitario, en términos de recursos humanos adicionales, nuevas camas, equipos y medicamentos; para garantizar la continuidad de las funciones y servicios públicos esenciales. Subrayo la necesidad de analizar a fondo las causas del elevado número de defunciones que presentamos, identificando y corrigiendo, si las hubiese, las falencias en el tratamiento que reciben los pacientes, desde los hoteles-hospitales, las salas de hospitalización y las unidades de cuidados intensivos.

Finalmente, está el espinoso asunto de la cuarentena total. Aunque estamos acercándonos con rapidez al momento en que el sistema de salud puede colapsar; sigo pensando que todavía estamos a tiempo para contener la epidemia sin necesidad de ir al confinamiento de toda la población, que traería consecuencias desastrosas para el país. No obstante, debemos preguntarnos ¿cuál es la cifra de casos y defunciones que podemos aceptar sin necesidad de recurrir a esta medida extrema? En todo caso, ¡de nosotros depende!

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).