Temas Especiales

21 de Oct de 2020

Avatar del Clarence C. King

Clarence C. King

Columnistas

El Movimiento 'Nuevo Ateísmo' y su torcida agenda social (lll)

Los fundadores de América estaban comprometidos con el ideal de libertad de conciencia y disensión religiosa, por lo que era impensable fundar esa nación como un Gobierno teocrático con una religión oficial para el país, creando así las condiciones para una real libertad religiosa, lo que condujo naturalmente a los principios establecidos en la Declaración de Independencia, que declara que “todos los hombres son creados iguales y dotados por su Creador de derechos inalienables”.

Los fundadores de América estaban comprometidos con el ideal de libertad de conciencia y disensión religiosa, por lo que era impensable fundar esa nación como un Gobierno teocrático con una religión oficial para el país, creando así las condiciones para una real libertad religiosa, lo que condujo naturalmente a los principios establecidos en la Declaración de Independencia, que declara que “todos los hombres son creados iguales y dotados por su Creador de derechos inalienables”.

Estos derechos básicos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad, son vistos como dones de Dios, lo que los hace inalienables. No fueron dadas por Gobiernos, y, por lo tanto, los Gobiernos no pueden quitarlos.

Los Fundadores también garantizaron que “el Congreso no promulgará ninguna ley respecto al establecimiento de una religión o que prohíba el libre ejercicio de la misma”.

Es precisamente esa “cláusula de libre ejercicio” que garantiza la libertad de expresar y ejercer las creencias religiosas, la que se ha convertido en la primera víctima de la guerra en curso contra la religión y América.

Hoy, las ideas y prácticas religiosas están prohibidas en las escuelas americanas. Los medios de comunicación han informado de cientos de incidentes.

Todos estos ataques a la libertad religiosa y de expresión se remontan a una desastrosa decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos en 1962; litigación llevada a la Corte por un grupo de ateos liberales, y conocido como “Engel v. Vitale”, que se convirtió en el primero de una serie de casos que prohibirían cualquier discusión sobre Dios en las escuelas públicas y en áreas públicas.

Un grupo muy pequeño de ateos liberales encontró a seis magistrados “progresistas” y liberales no electos, y cambió, no solo la política de un sistema escolar de más de 170 años de tradición, sino la ley fundamental del país, creando en el proceso un nuevo “derecho constitucional” que nunca existió antes - El derecho de una minoría no creyente a negar a la gran mayoría de americanos su derecho a expresar su creencia en Dios en la escuela o en área de dominio público.

Esta decisión de la Corte Suprema puso en marcha fuerzas que cambiarían la cultura y alterarían el curso normal de una nación, y que más tarde se convertiría en la base para muchos otros ataques a los derechos constitucionales de los americanos.

Los jueces liberales de la Corte Suprema de EE. UU., en varias decisiones escandalosas a partir de ese momento, impusieron el punto de vista de una minoría extremista en el marco fundador de esa nación, un país donde el 95 % de la población cree en Dios. Mientras al mismo tiempo, los grupos ateos, jugaron la carta de víctimas de una mayoría cristiana intolerante y odiosa, para así ganarse la simpatía de grupos liberales y “progresistas”.

Con las decisiones de la Corte Suprema, los grupos radicales izquierdistas y ateos encontraron su palanca. Habían logrado pasar por alto las plataformas democráticas de Estados Unidos, donde son una gran minoría, y con el voto de seis abogados liberales, habían anulado siglos de precedentes y tradiciones, provocando que una minoría radical imponga su voluntad a todos los americanos.

La guerra contra la oración coincidió con el surgimiento de otro movimiento radical que se refirió a sí mismo como “La Nueva Izquierda”, que demuestra hostilidad hacia Estados Unidos y simpatiza con Rusia comunista, e identificándose como “anti-anti-comunistas”.

Después de ganar la lucha contra las oraciones escolares, la izquierda atea, sabiendo que tenía aliados liberales en la Corte, amplió la guerra y ganó otros casos.

Sus nuevos objetivos eran; el derecho a la “libertad reproductiva”, “igualdad de género” y liberación de la mujer.

En junio de 1965, los magistrados liberales de la Corte Suprema de Estados Unidos dictaminaron que el derecho a la anticoncepción estaba garantizado por un “derecho a la privacidad”, aun cuando no existe ninguna referencia constitucional a tal derecho.

Ese recién descubierto “derecho a la privacidad” proporcionó el fundamento perfecto para una serie de nuevos derechos que cambiaron radicalmente a esa nación: en 1972, el derecho al control de la natalidad para las parejas no casadas; en 1973, el derecho al aborto; en 1977, el derecho a la anticoncepción para los jóvenes de al menos 16 años de edad; en 2002, el derecho a las relaciones homosexuales, y en 2015, el derecho al matrimonio homosexual.

De estos “derechos”, el fallo sobre el aborto, “Roe v. Wade” de 1973, ha tenido el impacto más dramático y de mayor alcance de todos, y ha dividido irremediablemente a esa nación. Batallas que continúan sin parar casi medio siglo después, por el hecho de que la santidad de la vida misma está implicada.

Y como una vez dijo el reverendo Jesse Jackson: “El aborto es genocidio, … todo lo que está creciendo está viviendo”.

Al final, las consecuencias no deseadas de estas decisiones judiciales colocaron a la Corte Suprema en la primera línea de una épica “guerra cultural” en curso, donde los grupos seculares izquierdistas descubrieron un instrumento todopoderoso dispuesto a escribir las leyes del país en lugar de interpretarlas - La Corte Suprema de EE. UU. - con la que podrían ahora imponer su agenda radical, anticristiana, marxista y atea a una nación renuente, sin pasar por el proceso democrático.

Al poner fin a las tradiciones y prácticas existentes desde la fundación de esa nación, y revertir actitudes morales de larga data, la Corte Suprema produjo un terremoto político al establecer nuevos códigos morales basados en interpretaciones cuestionables de la Constitución e imponerlos a esa nación que los vio como un asalto a su identidad americana y a sus creencias religiosas fundamentales.

Planificador jubilado.