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21 de Oct de 2020

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Ernesto A. Holder

Columnistas

El elefante en la pantalla de Zoom

En el discurso que pronunció virtualmente el presidente Nito Cortizo la semana pasada, durante el inicio del 75avo Período de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas –ONU–, faltó mencionar “el elefante en la habitación”, “the elephant in the room”, cuya definición por el diccionario Oxford traducida sería algo así como: “un problema importante o tema controvertido que obviamente está presente, pero que se evita mencionar porque es más cómodo no hacerlo”.

En el discurso que pronunció virtualmente el presidente Nito Cortizo la semana pasada, durante el inicio del 75avo Período de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas –ONU–, faltó mencionar “el elefante en la habitación”, “the elephant in the room”, cuya definición por el diccionario Oxford traducida sería algo así como: “un problema importante o tema controvertido que obviamente está presente, pero que se evita mencionar porque es más cómodo no hacerlo”. Me refiero a la corrupción.

El discurso centró sobre la pandemia y los retos que ha significado la propagación mundial de la COVID-19. Pero esos desafíos, de ninguna manera, pueden ser discutidos sin incluir los efectos que la corrupción ha producido en la mayoría de nuestros países del continente, incluyendo los Estados Unidos.

La diplomacia tiene sus parámetros para algunos foros y escenarios, pero decir las cosas como son y asumir las responsabilidades que caben, es la primera responsabilidad de un líder. Ante tantas muertes y tantos retos que aún quedan con esta pandemia, tratar de acomodar la realidad, es un acto desleal para los muertos y los más necesitados.

La misma oficina de la ONU para la Lucha contra el Crimen y la Droga, señala que “la corrupción es un complejo fenómeno social, político y económico que afecta a todos los países del mundo. En diferentes contextos, la corrupción perjudica a las instituciones democráticas, desacelera el desarrollo económico y contribuye para la inestabilidad política. La corrupción destruye las bases de las instituciones democráticas al distorsionar los procesos electorales, socavando el imperio de la ley y deslegitimando la burocracia.”.

En noviembre de 2012, unas 1900 personas de 140 países se reunieron en Brasilia para discutir sobre “La corrupción en el mundo actual”. Una duda recurrente en esta 15ª conferencia era si los países estaban más cerca de “poner fin a la impunidad”. “Los participantes exhortaron a que se impongan sanciones administrativas y penales (…) y necesario que el Poder Judicial sea independiente y con los recursos necesarios”. Ocho años después de aquella reunión, han seguido desvalijando las arcas de nuestros países y no se ha puesto fin a la impunidad, para nada. Ha cogido cuerpo, está más robusta y llena de vida, tanto así que los corruptos gozan de las fortunas mal habidas y se burlan abiertamente de las autoridades y de los pueblos.

En Brasilia también abogaron por “un sistema financiero mundial depurado que funcione (…). Sin embargo, las complejas estructuras financieras internacionales, tales como empresas ficticias, anónimas, registradas en jurisdicciones secretas, continúan permitiendo a los corruptos ocultar los fondos robados a sus pueblos”.

Mientras terminemos de darnos cuenta de que nos están burlando con cinismo, figuras de estadistas, no hay en el horizonte. Nadie que se vaya a atrever a desmantelar toda la estructura político-politiquera; la estructura legal y de justicia, gravemente comprometida y sin certeza del castigo. Reordenar el orden social y económico para beneficiar a los más necesitados.

Después de los saludos protocolares, la primera oración del discurso del presidente fue: “La historia nos ha enseñado que las decisiones tomadas en tiempos de crisis definen y marcan al mundo durante décadas”. Y de seguido dijo: “… las grandes pruebas de la humanidad, como las pandemias, nos han forzado a romper con el pasado, a imaginar un mundo nuevo”.

En Panamá, la corrupción está en su etapa más crítica. La pandemia ha terminado de desnudar la verdad: las faltas en el sistema sanitario, social y educativo (por mencionar tres aspectos), por los miles de millones de balboas que le han robado al país. No se puede hablar en ningún foro, sea así en la ONU o en una escuelita en algún rincón del país, sin mencionar los daños que la corrupción ha causado y los esfuerzos decisivos por combatirlo. En las escuelitas para que los que vienen sepan y con ellos podemos comenzar las correcciones.

La pandemia pasará con el concurso de brillantes y comprometidos científicos alrededor del mundo y el mejor uso de los recursos para preservar la vida humana. La comunidad debe seguir las guías sanitarias. Pero lo de la corrupción, que ha sido la mayor amenaza a la seguridad de nuestros pueblos, más que la COVID-19, combatirla es la labor que hay que acometer de frente -señalándola en cualquier foro- alto, claro y sin contemplaciones.

Comunicador