Temas Especiales

05 de Mar de 2021

Roberto Díaz Herrera

Columnistas

Pandemia: ¿qué nos enseña Uruguay?

¡Difícil encontrar otro problema -entre tantísimos que tenemos- mayor que la pandemia por la COVID-19, y sus secuelas económicas y sociales, desempleo, marginalidad, y el impacto emocional en nuestra sociedad!.

¡Difícil encontrar otro problema -entre tantísimos que tenemos- mayor que la pandemia por la COVID-19, y sus secuelas económicas y sociales, desempleo, marginalidad, y el impacto emocional en nuestra sociedad!

¿Qué nos dicen de Uruguay frente a esta pandemia mundial?

El “oasis”, la “excepción”, el “ejemplo”: así le llaman a Uruguay distintos medios de la región, ante su exitosa estrategia contra el nuevo coronavirus, una que nunca incluyó cuarentenas obligatorias.

De hecho, como la tasa de contagios se ha mantenido baja y el sistema de salud nunca llegó a verse comprometido, el país ya lleva semanas abriendo actividades, por ejemplo, con el paulatino regreso de las clases. Si revisamos la cifra actualizada -hasta el 15 de noviembre-, Uruguay reporta un total de 65 fallecidos, frente al dato a la misma fecha de nuestro país que cifra ya en 2817 defunciones.

¿Y las diferencias resaltantes entre nuestros dos países? Uruguay tiene casi 3 millones 500 mil personas; mientras los datos de Contraloría estiman nuestra población actual, para la proyección del anunciado Censo 2020, en 4.5 millones de habitantes. La república centroamericana tendría, situado este dato, un millón más de habitantes. Además, frente a Panamá, aquel país maneja una mucha menor conectividad; además una baja tasa de nacimientos. Panamá, al cierre del 2019 -antes de la pandemia- registró un crecimiento del 3.5 %, mientras el país del sur situaba para la misma época apenas un crecimiento de un 0,2 %. Frente al extremo golpe económico mundial y regional, tanto en lo económico como en los social, Panamá maneja un Presupuesto General del Estado para 2020 de Bs o $ 23 332.4 millones. Uruguay tiene (con planeamiento quinquenal de acuerdo con el tiempo de Gobierno) para el año 2020, en su moneda nacional, un Presupuesto General del Estado, cifrado en pesos, 641 983.2044 ($14 983.2944). Si comparamos -conociendo ya nuestra mayor población-, Panamá tiene un diferencial de aproximadamente 9 000 millones más presupuestado para el año en curso.

Pese a las diferencias que hemos mencionado, agregado a la edad republicana del país sureño, independiente desde el 25 de agosto de 1825 (en relación a la muy mediatizada independencia de Colombia, 3 de noviembre de 1903, con inmediata ocupación extranjera), es claro que aquel país tiene mucho más tiempo manejando su libertad y soberanía que el nuestro.

¿Y en desarrollo de la Medicina? Uruguay tuvo su primera facultad médica el 15 de diciembre de 1875, mientras la primera facultad oficial nuestra data del 21 de mayo de 1961. Es decir, Uruguay inició su enseñanza de la Medicina hace unos 145 años versus los 69 años de nuestra primera facultad.

Podríamos colocar otras diferencias: debemos tomar en cuenta que la sociedad uruguaya -y de eso tiene fama- produjo un desarrollo social y educativo de mucho más nivel que la nuestra, tan sometida y minusválida por mucho tiempo. En la medición de alfabetización, marcada en el 2018, la tasa de alfabetización en el país del sur era de 98.7 % frente a la nacional de 94,88 (por lo cual debemos felicitarnos).

Sin embargo (y esto sí o sí tiene que ver con la responsabilidad social frente a la crisis de la pandemia), mientras Uruguay tiene de los niveles más avanzados en educación de la región y el 100 % de estudiantes jóvenes de hasta 17 años están insertos en el sistema educativo, lo cual augura el pase mayoritario al nivel superior profesional o técnico y cada niño de primaria tiene una computadora, los datos nacionales dejan mucho que desear.

Un solo ejemplo: en 2017 Meduca hizo una medición general aproximada de niños de tercer grado y encontró que a nivel del aprendizaje del Español y otras materias básicas, 5 de cada 10 niños tenían serias falencias; además reconoció que sus dietas apenas lograban un balance alimentario integral de un 40 %.

En resumen: la baja letalidad por COVID-19 en Uruguay no solo tiene que ver con un sistema sanitario integral y manejo preventivo y primario muy superior que lo comparativo con Panamá (con muy buena atención en el sector público de salud), y tampoco necesariamente con la calidad de sus médicos (que los nuestros son muy capacitados y lo están demostrando en esta grave crisis), sino con todos los otros factores educativos y sociales, que hacen de cada ser uruguayo una persona mucho más preparada para una conducta preventiva y consciente, bastante más responsable para su autocuidado muy poco coercitivo, como el que el país nuestro ha tenido que emplear y aún amenaza con imponerlo. Tal vez, por allí anda el “oasis y el ejemplo del Uruguay”.

Abogado, coronel retirado.