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08 de May de 2021

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Roberto Antonio Pinnock Rodríguez

Columnistas

Quítenle el alpiste al canario o cuando el Estado es incapaz

Silveria es una madre separada, con boleta de alejamiento del padre de sus dos niños, muy conocido por su mal genio y maltratos físicos hacia su concubina cuando vivían juntos.

Silveria es una madre separada, con boleta de alejamiento del padre de sus dos niños, muy conocido por su mal genio y maltratos físicos hacia su concubina cuando vivían juntos. Desde inicio de la pandemia, sufre del mal de “contrato laboral suspendido”, por lo que depende del afamado bono solidario. Hace poco, le salió positivo en la prueba de COVID 19, siendo asintomática, igual que varios de la vecindad; sin embargo, ahora esta noble y esforzada moradora de una barriada de Panamá Oeste se ve amenazada, porque el Gobierno anunció, con decreto y todo, que quien esté con el virus pandémico y ande por la calle, en vez de estar cumpliendo su cuarentena, le será quitado el alpiste, perdón, el bono solidario o cualquier forma de subsidio estatal que posea. La preocupación de Silveria es porque no tiene quién le haga los mandados a la tienda o al súper para obtener los insumos alimenticios de la casa… los que le dan el bono, no le dan ninguna opción para no salir de casa a solventar necesidades, a pesar de que le prometieron que no le faltaría nada de lo básico.

Tatiana, una vecina de Silveria, que tiene problema similar, peor aún, sin bono ni bolsa de comida alguna, ya que es docente en una escuelita donde no ha recibido paga desde hace varios meses, tiene una gran molestia al ver cómo su vecino “Cholo loco”, que ya regresó a trabajar en una construcción, se guarda sus cajitas de pintas los jueves para estar apertrechado del debido “combustible espirituoso” y cuando se descuidan las autoridades policiales, generar sus “poncheritas”, donde la COVID 19 ha sorprendido a más de cuatro jóvenes -utilizados para estereotipar, como si todos los jóvenes lo hicieran, participantes de estas. Una ley seca de mentirita es la que tienen por acá -decía Tatiana-, porque el licor o se deja de vender toda la semana o mejor no se anda con autoengaños. Definitivamente, no se quiere afectar a los dueños de las licoreras y compañías cerveceras, afirma frecuentemente Tatiana.

Si miramos más profundo, lo que observamos en estos escenarios, para nada inventados por la imaginación, es que las medidas estatales van orientadas a garantizar control sobre los más vulnerados socialmente, más no sobre los que se han beneficiado históricamente de las riquezas producidas en el país. Al estar conformado por estas clases, se hace improbable que tome medidas que las afecten, así de sencillo. De aquí, que digamos con el Dr. Guillermo Castro, la máxima que nos compartió en el Foros Social Panamá: este Estado, aunque quisiera, no puede transformar (…) esta realidad de inequidad.

En realidad, se trata de un comportamiento que quienes han ejercido el poder del Estado, al menos los últimos tres decenios, han repetido una y otra vez. Se buscó resolver las finanzas del gasto público, afectando a los bolsillos de la población a largo plazo, al adquirir préstamos con los banqueros del imperio -que ya comienzan a dar sus recetas de control fiscal y reducción de gasto a necesidades sociales-, en vez de cobrarle a los evasores de impuestos.

Si observamos los datos desde el 2016, los trabajadores -generalmente profesionales cuentapropistas-, que aparecen usualmente como personas naturales, habían logrado evadir 1707.7 millones de dólares y las empresas privadas grandes y no grandes, evadieron su pago por la suma de 3044.2 millones de dólares, solo ese año. Este hecho ha sido episódico, año tras año. ¿No dicta la razón que antes que haber ido a endeudarnos a todos -más de ocho mil millones de dólares en los últimos 18 meses- cabía poner a pagar a los evasores de impuestos, al menos por esa cuantía requerida con préstamos?

Se repite en este Estado, dominado por las clases del modelo económico oligárquico financiero transitista, la fábula aquella en la que se hace necesario controlar, racionar los gastos de la casa y el dueño de casa no ajusta sus gastos de combustible espirituoso y poncheras, la mujer no controla sus idas al casino (…), al final, todos miraron al canario y dijeron “quítenle el alpiste, para controlar los gastos”. Es decir, si no refundamos la República, bajo un verdadero diálogo social, como lo plantea el FORO SOCIAL PANAMÁ, seguiremos quitándole el alpiste al canario.

Sociólogo y docente de la UP.