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11 de May de 2021

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Ernesto A. Holder

Columnistas

Reflexiones sobre el espejismo

Hoy, caben esos resúmenes sobre el año que termina en unos días. Por ser 28 de diciembre, cabe un escrito de esos que te atrapan en una broma inocente.

Hoy, caben esos resúmenes sobre el año que termina en unos días. Por ser 28 de diciembre, cabe un escrito de esos que te atrapan en una broma inocente. Pero este año no estamos para bromas. Y de cierta forma, la natural ironía del panameño en sus observaciones y críticas (particularmente en las redes sociales) sobre todo lo que nos ha sucedido a lo largo de este año 2020 nos hace reír o echar una carcajada de vez en cuando, entre el dolor y los sufrimientos por la pandemia.

Pero los resúmenes se los dejaré a otros. Todos los análisis y las conclusiones sobre el año 2020 y las predicciones sobre el 2021 vendrán de todas partes. Algunos muy interesantes y educativos. Otros, no debemos prestarles la menor atención, pero en este país eso es muy difícil, particularmente la opinión de charlatanes y esotéricos especialistas en predecir el futuro.

De todo lo que nos dirán que se ha perdido en el 2020, el espejismo que a muchos tenía embobados e hipnotizados fue lo mejor. Una de las definiciones de espejismo es: “Imagen, representación o realidad engañosa e ilusoria”. La pandemia ha roto en mil pedazos esa representación engañosa de lo que nos trataban de hacer pensar que éramos para a la postre, aprovecharse de nosotros. De todos.

Meses antes de declarada la pandemia, en una emisora local, uno de sus periodistas, reportando desde el interior del país, se mostró maravillado por el costo de las ofertas de comida en los restaurantes del área. Buena y exquisita comida, de desconocidos cocineros y chefs comparable o mejor que muchas de las afamadas ofertas en la capital, y a precios que lo tenían tan sorprendido que se vio obligado a hacer el comentario.

En febrero, no más de tres semanas antes de declaradas las primeras escaramuzas que se dieron sobre la llegada de la COVID-19 a Panamá, fui a un evento social en un local en el Casco Viejo. Solicité una picada de fritangas para compartir en la mesa: carimañolas, yucas, chorizos, patacones, etc. En cualquier establecimiento o fonda típica de las buenas, a partir de Arraiján en ruta hacia el interior, el costo de lo que pedimos no pasaría de los B/.15.00, a lo más caro. En el local en mención en el Casco Viejo, la cuenta por esa bandeja de picadas fue de B/.55.00. El espejismo de primer mundo que vivíamos determinó el costo económico de compartir con amigos y familiares en muchísimos establecimientos de comida y esparcimiento en toda la capital.

Así tenía que ser: éramos el Dubai de las Américas y los precios de cosas como esas, los apartamentos y casas en áreas exclusivas, semiexclusivas y no tan exclusivas, locales de oficinas o de negocios de ridículos metrajes extremadamente caros y otras tantas cosas, eventos y circunstancias, se habían elevado considerablemente en la última década. Había cambiado la dinámica social de toda la población y así era minutos antes de declarada la pandemia.

Si como extranjeros llegando a Panamá nos creíamos ese cuento (porque el panameño común en realidad no come cuento), obligadamente teníamos que concluir también que dentro de ese espejismo funcionaba un sistema de salud y seguridad social y sanitaria que tendría la mejor preparación para enfrentar los embates de la pandemia. Que el sistema económico debería ser un poco más robusto para sostener eventos impensables como este y que el sistema educativo, con los ajustes necesarios, se acomodaría lo antes posible para no dejar de instruir adecuadamente a las generaciones que se encargarían de pulir el espejo que refleja ese maravilloso mundo del cual nos decían que teníamos la dicha de formar parte.

El dolor por la suerte de tanta gente luchadora que ha perdido su modo de vida y la posibilidad de llevar comida a la mesa es inimaginable. Es una desesperación que solo se puede entender viviéndola. Lo que hay que crear es un mundo más empático, abandonar la usura morbosa, y ser solidarios con los que han vivido las penurias de la pérdida personal y de seres queridos.

Esta pandemia y sus efectos han hecho añicos el utópico relato del desarrollo. El bienestar de todos siempre será más importante que vender hamburguesas de B/. 30.00 y pensar que eso es progreso. Que todos tengamos un mejor 2021.

Comunicador