Temas Especiales

21 de Jan de 2021

Miguel Ángel Candanedo Ortega

Columnistas

Ramiro Vásquez Chambonnet 'in memoriam'

“Queda, pues, a los jóvenes historiadores, entre otros, la tarea de escribir la historia de lo que fue el proyecto político de la Tendencia y la caracterización del papel histórico de sus dirigentes, en especial de Ramiro Vásquez Chambonnet”

El fallecimiento reciente del “Camarada” Ramiro Vásquez Chambonnet trajo a mi memoria experiencias inefables de lo que significó para miríadas de jóvenes panameños el nacimiento y desarrollo del “proceso torrijista”, durante las ya distantes décadas de fines de los años sesenta, los setenta e inicios de la década del ochenta, con la experiencia torrijista ya de retirada, como producto del aún inexplicable “accidente” de cerro Marta. Fue en ese contexto histórico cuando conocí y tuve la grata experiencia de relacionarme con el “flaco” Ramiro, dirigente político de la Tendencia, organización de jóvenes desprendidos de la Juventud del Partido del Pueblo y formados en las luchas emancipadoras del 9 de Enero de 1964 y la convulsa década de los sesenta, bajo las históricas consignas de abrogación del Tratado Hay-Bunau Varilla y la expulsión de las bases militares yanquis de nuestro territorio.

Desde los primeros años de la década del setenta, cuando se fue perfilando claramente la línea progresista y la definición del “proceso” en favor de las luchas reivindicativas de nuestro pueblo, por la justicia social y por la recuperación de la soberanía nacional en todo el territorio, el régimen torrijista logró el apoyo creciente de diversos sectores de la población que depositaron en la conducción del general Torrijos sus esperanzas y sus luchas en la afirmación del proyecto nacional. La Tendencia, encabezada por Ramiro y por una miríada de dirigentes populares, obreros, campesinos, estudiantiles, de mujeres, de sectores profesionales de capas medias, se constituyó en uno de los soportes del proceso político liderizado por Torrijos, bajo la consigna “Esto no es apoyo, esto es militancia”.

De Ramiro debemos destacar la lucida dialéctica de sus análisis de coyuntura y la flexibilidad y tolerancia para participar en las tareas del proceso torrijista, en unidad y lucha con diversos sectores de la vida política y social. Lo que nos unía era la lucha por la afirmación nacional y la recuperación de todo el territorio bajo el imperio de una sola bandera. Manejar la dialéctica de la alianza en el contexto del desarrollo de las contradicciones entre sectores, con intereses divergentes, que día a día pugnaban por asumir la conducción del proceso. Con la firma de los Tratados del 7 de septiembre de 1977, se cumplió un importante hito que, al establecer el calendario de descolonización, abrió una nueva etapa en las relaciones entre los sectores torrijistas que pugnaban por hegemonizar el desarrollo del proceso de reversión gradual que se extendería hasta el 31 de diciembre de 1999. Por otra parte, cumplida esta etapa, se abrió el proceso de democratización liberal burguesa, con la reinstauración de la partidocracia partidista y el repliegue de los militares a los cuarteles. Esta etapa, de por sí compleja, se tornó aún más contradictoria con la sorpresiva desaparición del general Torrijos, víctima de un sospechoso accidente de aviación, el 31 de julio de 1981.

La difícil situación que afrontaron los sectores del proceso torrijista conllevó a la fundación del PRD. Como partido político que aglutinará a los diversos sectores que apoyaran el proceso de descolonización, llamado a participar en el rejuego partidista con los viejos sectores partidistas oligárquicos, refaccionados para la nueva etapa que se iniciaba una vez pactados los Tratados Torrijos-Carter.

Le correspondió a Ramiro y demás compañeros dirigentes de la Tendencia, debatir con las bases sobre la nueva coyuntura política y la necesidad de integrarse en la fundación e inscripción del PRD, como partido político policlasista e ideológicamente orientado por los fundamentos de la Internacional Socialdemócrata. Con la muerte de Torrijos, afloraron las ambiciones políticas y personales de la casta militar, dejando de lado los principios y doctrinas que orientaron el proceso torrijista. Con ello, se clausuraba el periodo de ascenso del torrijismo y se abría la etapa del militarismo puro y duro que se encarnó en el régimen norieguista.

La nueva etapa significó la desideologización de gran parte de los sectores que en su momento constituyeron la base social del proceso torrijista, que progresivamente se vieron forzadas a restructurarse o a sacrificar los principios democráticos que históricamente caracterizaron a las fuerzas y organizaciones populares de nuestro país, para quedar encerrados en un falso dilema: “te alineabas con el régimen militar que decía encarnar el torrijismo y el nacionalismo panameño y cerrabas los ojos frente a la brutal violación de los derechos humanos por parte del norieguismo o, por el contrario, te alineabas con las llamadas fuerzas civilistas y quedabas clamando por la invasión imperialista norteamericana”.

Se trató, pues, de una coyuntura histórica dolorosa para quienes no estábamos dispuestos a ser víctimas de dicho dilema. La repudiable invasión yanqui del 20 de Diciembre de 1989, significó cerrar la etapa del régimen norieguista y la plena restauración oligárquica del país, con su elevado y criminal sacrificio de vidas de cientos o miles de panameños y el establecimiento de los regímenes de la democracia tutelada que, hoy más que nunca, pone al descubierto las nuevas formas neocoloniales de la dominación yanqui en plena instauración en estos tiempos de pandemia.

La reciente muerte de Ramiro lo privó de la dolorosa experiencia de ver cómo la dominación estadounidense sobre nuestra pequeña república adopta nuevas formas bajo el silencio cómplice del Gobierno actual, que tiene la desfachatez de autodenominarse “torrijista”. Pareciera que las nuevas y futuras generaciones de panameños, tarde que temprano, deberán asumir las luchas por la independencia y autodeterminación nacional, en los nuevos escenarios de corrupción generalizada que se enseñorea a lo largo y ancho del mundo de hoy. Queda, pues, a los jóvenes historiadores, entre otros, la tarea de escribir la historia de lo que fue el proyecto político de la Tendencia y la caracterización del papel histórico de sus dirigentes, en especial de Ramiro Vásquez Chambonnet.

Catedrático de la Universidad de Panamá.