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05 de Mar de 2021

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Ernesto A. Holder

Columnistas

Una resistencia mental competente

“Es necesario elevarse con decoro por encima de la maldad con una resistencia mental competente, incluso ante retos catastróficos para no desaparecer como sociedad”

Decía que, aquí en Panamá, vivimos un tiempo de pocas esperanzas, por lo menos yo lo veo así. La corrupción reinante no cede espacio para que alguien se cuele y comience seriamente a poner orden. También me refería a que no se vislumbran la salvación de nuestra sociedad frente a una verdadera catástrofe mundial. Una en donde se requiere que nos organicemos bien, sigamos instrucciones bien diseñadas y cumplamos con las medidas establecidas para salvar a la mayoría de nosotros. Pereceremos quejándonos de todo.

De los políticos no hay mucho que decir. Sus actos hablan alto y claro. De los otros personajes que ocupan el escenario nacional, pocos o quizás ninguno muestra un despliegue bien estructurado que lidere la sociedad hacia un futuro provechoso. Mientras unos solo hablan de dinero, otros prefieren exhibirse en las redes sociales, en dimes y diretes poco edificantes. Ninguno, con una visión a futuro comprometido a trabajar por el bien común. Ninguno por sobreponerse al ridículo y la ignorancia. Eso fue mi planteamiento de la semana pasada que subraya la encrucijada en la que nos encontramos.

Al cabo de una semana, otros temas nos dejan más perplejos. El informe de los abusos en los albergues para niños, y las que protestan para exigir que se castigue a los involucrados. Del asunto de los albergues hay unos cuantos desvíos en la información, “comida de perro les servían a los niños” es lo que algunos discuten. Eso es desagradable, pero a mi parecer es un desvío calculado. Otros hablan del deterioro o las pobres condiciones de las instalaciones en donde viven los muchachos. Otros se concentran en si la Senniaf o las ONG administraban bien los albergues.

Esos asuntos son de suma importancia, pero el tema central, el crimen deleznable es el de los abusos sexuales y, más aún, las conspiraciones para llevar a los juveniles a fiestas de adultos. ¿Cuáles fiestas de adultos? ¿Quiénes los llevaban? ¿Quiénes participaban? ¿Quiénes sabían? Esas respuestas son las que deben responderse y de las respuestas debe haber consecuencias para los abusadores. Pero, como muchos sabemos, por más que se den protestas, lo seguro es que nunca se va a saber en el país en donde no pasa nada.

Sobre las protestas, más constantes que otros esfuerzos en los últimos años, me sorprende la cantidad de personas que defienden el uso de lenguaje vulgar para manifestarse indignados. Somos los menos los que no creemos que esa es la forma, ni que sea necesario. Como cualquier otro, quiero ver gente presa y respondiendo por sus actos. Pero también sería edificante ver una protestan en donde un orador con un manejo medianamente docto en el manejo del lenguaje (no exijo un erudito), ilustre a los convocados sobre el deber del Estado y la sociedad de proteger a sus ciudadanos más vulnerables, por ejemplo: a servirles tan bien como a cualquier otro en mejores condiciones sociales y el sagrado deber de protegerlos a toda costa y llevarlos a ser ciudadanos productivos y de bien. Eso, en vez de las palabrerías groseras y vulgares que deslucen el esfuerzo, para mostrar que yo estoy más indignado que tú.

Yo soy de los que exhortó a las personas a salir a la calle a manifestarse, en contra de la corrupción, la impunidad, la inequidad social, la burla de los malandrines que andan por allí disfrutando de lo robado. Salir a la calle es lo justo en vez de sentarse en el sillón con el celular en mano. El historiador israelí Yavel Noah Harari nos advirtió que pudiera llegar a surgir para el 2050: “… una clase «inútil» debido, no simplemente a una falta absoluta de trabajo o a una falta de educación pertinente, sino también a una resistencia mental insuficiente”.

Eventos históricos alrededor del mundo han probado ser determinantes en provocar cambios sociales o políticos con un buen discurso, o incluso, hasta con el silencio y la no violencia. La creciente presión social debe continuar, reformulándolos inteligentemente para lograr que el tema de los albergues y los otros pendientes tenga resultados concretos. Es necesario elevarse con decoro por encima de la maldad con una resistencia mental competente, incluso ante retos catastróficos para no desaparecer como sociedad. Las protestas no van por buen camino, es ineludible abandonar el camino hacia lo inútil.

Comunicador