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23 de May de 2022

Columnistas

El perfil de los sicarios

“En todo este panorama ha habido fallas que aún no se corrigen por parte de muchas instituciones para evitar la proliferación de sicarios”

Durante los años que laboré como docente en centros penitenciarios para menores, me pude percatar de ciertas características que reúnen los jóvenes que comenten delitos en nuestro país, que van desde el hurto, narcotráfico, robo agravado y sicariato.

Los jóvenes que delinquen, en su mayoría, provienen de hogares disfuncionales. donde incluso la madre o el padre han estado envueltos alguna vez en algún tipo de delito. Me llamaba la atención que tenía alumnos de hasta 18 años de edad que no sabían leer ni escribir y otros que habían desertado del sistema escolar, puesto que no les resultaba atractivo. El objetivo de “ser un profesional en algún futuro y servir al país” les resultaba tedioso, pesado y aburrido.

La mayoría de los jóvenes que se encuentran en los centros penitenciarios consumía drogas y alcohol prácticamente desde que estaba en la primaria y también muchos niños y niñas empezaban ganando dinero como “mulas” del narcotráfico. Evidentemente que muchos pandilleros de edad adulta utilizaban a estos niños, puesto que sabían al detal que las leyes para menores infractores resultaban muy “paternalistas”, es decir, condenas cortas y posibilidades de salir en libertad mucho antes de cumplir su condena.

“[...] los organismos de seguridad siguen a dos pasos atrás del desarrollo precoz de la delincuencia [...] con el único argumento de la “percepción”.”

En una ocasión, recuerdo que le pregunté a un grupo de mis alumnos sobre la razón de cometer robos o vender drogas a sabiendas de que podían caer presos y ellos me respondían que, como todo trabajo implicaba riesgos, sin embargo, la recompensa llegaba a ser muy placentera, si se llegaba “a coronar”, que es el término que se usa cuando un “golpe sale bien”.

Con el dinero que se obtiene como producto de un “gran robo” se puede sobrevivir durante muchos meses, sin preocuparse por la escuela o tener que soportar el rigor de una semana de trabajo honrado. Muchos de estos jóvenes anhelan poseer ropa y zapatos de marca que difícilmente podrían adquirir tan rápido en cualquier trabajo.

Siempre existen “capos” y “capitos” que lucen en el barrio joyería fina y andan en autos del año con todas las modificaciones posibles y representan el “ideal” de vida de muchos de los jóvenes que incursionan en el mundo de la delincuencia.

“La educación pública no logra su cometido con estos muchachos, por la pedagogía bancaria que aún se practica y que no resulta motivadora [...]”

Los jóvenes sicarios, a diferencia de delincuentes por hurto o robo, tienden a presentar una personalidad más introvertida. No les gusta entrar en tanta “talla”, como ellos suelen llamar a las conversaciones. Son muchachos que transpiran mucha violencia y no tienen la estima por las cosas gratificantes que otorga el vivir una vida dentro de las normas.

Muchos sicarios y jóvenes que actúan en asaltos lo hacen bajo el efecto de las drogas, puesto que les produce “terror” el tener que matar a alguien si no están “dopeados”. Es por esta razón que cuando deciden eliminar a alguien por encargo no tienen el peso del remordimiento sobre quién podría morir sin tener que ver con el asunto. Para los jóvenes sicarios esto es parte del “asunto”, y, a veces, producto del efecto de los estimulantes, las cosas se salen de control.

Existen sicarios que actúan por cuenta propia y otros que pertenecen a pandillas y ofrecen sus servicios por dinero y por armas. Generalmente, el arma, según me contaban, se las proporcionaba la persona que quería el encargo y la misma “era regalada” por el capo una vez terminaba “la misión”. En barrios calientes como El Chorrillo, Curundú, Cerro Batea, San Miguelito, etc. estar desarmado es como estar casi muerto. Había muchachos que ya tenían en su poder casi la docena de armas de fuego producto de sus trabajos exitosos y también contaban con “caletas” donde guardarlas.

En todo este panorama ha habido fallas que aún no se corrigen por parte de muchas instituciones para evitar la proliferación de sicarios. La educación pública no logra su cometido con estos muchachos, por la pedagogía bancaria que aún se practica y que no resulta motivadora y los organismos de seguridad siguen a dos pasos atrás del desarrollo precoz de la delincuencia en nuestro país con el único argumento de la “percepción”.

Sociólogo, docente panameño.