06 de Dic de 2021

Columnistas

Mejor dame un libro…

“[…] la luz del celular es como hipnótica, y, junto con la pantalla, son los espejitos de hoy. No seamos un androide, como el propio nombre de los celulares”

“Mira, Dora, ¡qué bonito está el cielo y cómo contrasta con el verdor del bosque! En esta azotea obtenemos un estupendo panorama. Esperemos un rato más, hasta la noche, para ver la Luna y las estrellas desde aquí”. Así me imagino una conversación de antaño antes de la comercialización masiva de los teléfonos celulares “inteligentes”.

Primero fue la televisión, luego la computadora, para finalizar con el celular “inteligente”, donde puedes escribir un archivo Word, desarrollar tablas de Excel, leer y hacer presentaciones PowerPoint o archivos PDF, o acceder a internet. Este es el concepto de miniaturización. Sistemas “hardware” cada vez más pequeños con amplia capacidad de procesamiento de “software”, que le permiten al usuario obtener varios beneficios.

En la naturaleza, se observa en los insectos y otros invertebrados o vertebrados muy pequeños, en donde los mecanismos de evolución, por selección natural, han presionado al “hardware” (el cuerpo del animal), a hacerse más pequeño, pero manteniendo sus sistemas sensoriales y nerviosos acoplados a las diversas partes corporales por redes nerviosas que le permiten solventar sus necesidades biológicas en el mismo espacio que los animales más grandes. En tecnología, el celular es el mejor ejemplo, aparato pequeño con acceso a internet, radio, mensajería y llamadas telefónicas, entre otras cosas. Pero no sabemos ¿cómo los celulares pueden modificar el sistema nervioso humano?

Mi opinión evolutiva es que esta herramienta tecnológica nos aleja de nuestra naturaleza en dos sentidos. Por un lado, el espacio en la pantalla de un celular es muy reducido y para ver la pantalla es necesaria una corta distancia entre el celular y los ojos, lo cual tapa el panorama del entorno natural. Nuestro sistema nervioso podría cambiar en cierta manera su funcionamiento, porque en la evolución del ser humano el amplio panorama de la naturaleza jugó un rol importante en el procesamiento de la información del entorno. Esa fue una de las ventajas del bipedalismo humano, tener alcance a un panorama amplio del entorno. El ser humano no evolucionó sus capacidades actuales viendo constantemente una tabla pequeña a corta distancia con estímulos luminosos artificiales. Pero con el celular también puedes acceder a varios entornos virtuales de tamaño reducido con un solo clic y a corta distancia.

Además, solo se usa un par de dedos para escribir o manipular un celular. Generalmente el pulgar y otro más y esto podría limitar el sistema nervioso. Usar todos los dedos de las manos promueve que los circuitos neuronales de transmisión y procesamiento de información sean más complejos, y esta capacidad táctil y de uso de los dedos promovió también el tamaño y complejo funcionamiento del encéfalo en los animales. Si apaga la luz ¡usted no camina tanteando las paredes con el pulgar o el dedo índice! ¡Usted usa toda la mano y sus dedos! Imagínese si la mayor parte del día solo está sentado o acostado usando el pulgar. Está apagando una luz nerviosa interna. Además, la luz del celular es como hipnótica, y, junto con la pantalla, son los espejitos de hoy. No seamos un androide, como el propio nombre de los celulares. ¿Qué más puedes deducir sobre los celulares y el sistema nervioso? Yo mejor invierto más tiempo en un libro para leer y pasar la página horizontalmente, pregono con mi flauta y veo mi panorama natural. Dora, ya es hora de dormir. Recuerda mañana el Sol.

Profesor de Fisiología y Comportamiento Animal, UP.

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