• 05/02/2026 00:00

¡La educación es la que decidirá el futuro de nación!

Cada quinquenio, la educación, con diferentes exaltaciones o promesas que han quedado en el papel o se las ha llevado el viento, ha sido tema estelar en todos los discursos de campaña. En el caso de la actual administración, la variante ha sido que, después de transcurridos 18 meses de gestión, la actual administración, con bombos y platillos y nuevas promesas rimbombantes ha anunciado que esta vez sí se acometerá la tarea de darle al país un sistema educativo de primer mundo.

Hasta ahora, que se recuerde ninguna persona ha desempeñado el cargo por tanto tiempo como la actual ministra. Sumados los 5 años anteriores y los meses transcurridos desde que ha vuelto a regentar la cartera, si no es defenestrada antes de que finalice el actual período, habrá desempeñado el cargo por un total de 10 años.

Sus cinco años anteriores en el cargo, salvo que alguien tenga mejor información y pueda sustentarla muy poco aportaron; y en lo que va transcurrido, ninguna encuesta o medición del desempeño gubernamental la favorece, sino todo lo contrario. Sus acciones y decisiones solo han servido para alimentar desacuerdos con casi todos los actores del proceso educativo.

Concedámosle, por ahora, a pesar de que por haber desempeñado antes el cargo y haber supuestamente acumulado algún bagaje de experiencia, la propuesta que ha presentado no debió demorarse tanto, que hay de su parte un sincero interés por contribuir a mejorar el sistema educativo. Pero, a la par, habría que advertirle que el método o la vía por la que ha optado no se compadece con la envergadura del problema que se pretende resolver, pues parte ignorando los pasos que deben darse para avanzar de manera coherente hacia lo que el país necesita, que es un Pacto Nacional por la Educación.

Para construirlo, como quedó demostrado con el caso de la Ley de la Seguridad Social, será un nuevo error partir de una propuesta que, aunque se prometa que será consultada con todos los sectores involucrados, tiene la paternidad, o la maternidad en este caso, de una sola persona. Como se hacen las cosas en nuestro medio, poco aporta que se afirme que a su redacción contribuyeron funcionarios del ministerio, debido a la verticalidad que se ha institucionalizado en la presente administración.

Al estado actual de la educación panameña se ha llegado por un proceso degenerativo que tiene múltiples causas: incompetencia de sus rectores, desinterés continuado y agravado en la renovación de los contenidos educativos, enfoques equivocados en el papel que deben jugar sus actores, tanto principales como secundarios, presupuestos insuficientes e incapacidad para renovar las estructuras de los centros educativos, las condiciones socioeconómicas de hogares panameños y de los educandos, ausencia de una filosofía y de mística educativa que se traduce en metas difusas, para citar algunos de esos factores.

Esa realidad, que es indiscutible, aconseja que antes de enfrascarse en forzar la discusión de articulados, como los que se han propuesto, como paso previo, necesario y urgente, se convoque a un “Congreso por la Educación Nacional”. En esa instancia, como correspondería y debe ser consecuente, se deben abordar y analizar, con un enfoque holístico, toda la educación panameña. Los resultados de ese congreso, del que estamos en mora agravada, son los que deben servir de base para después elaborar un nuevo proyecto que no debe ser casuístico sino comprensivo, en otras palabras, un verdadero Ideario de la Educación Panameña.

De seguirse la metodología, parcial y equivocada que ha diseñado el ministerio de educación, es previsible que en la Asamblea veremos y escucharemos hasta el cansancio, una cadena de exposiciones y réplicas inconducentes e improductivas.

Panamá, sus actuales y futuras generaciones necesitan de un sistema educativo moderno, funcional y efectivo. Dejemos las prisas. Si se han esperado 7 décadas para abordar el problema, hagamos las cosas bien, con diálogos efectivos y constructivos y sin afanes de protagonismos obsoletos.

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