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20 de Ene de 2022

Columnistas

Decodificando valores: educación profesional

“Debemos supervisar los contenidos y limitar el tiempo que la juventud se expone en el “oeste salvaje” que es el internet”

La pandemia nos trajo retos de gran escala, la anulación de aglomeraciones, de viajes, la redistribución de bienes, etc. Y uno de los retos más grandes fue el hecho de que las escuelas tuvieron que adaptarse rápidamente a un sistema virtual, que algo es mejor que nada; sin embargo, poco efectivo en tantos niveles.

Pero la virtualización no es ni será el más grande reto de la educación. El sistema educativo de hoy sigue, más o menos, los mismos patrones de la generación de nuestros padres, poco ajustado a las necesidades de la sociedad del futuro. La escuela provee información, más o menos útil, por la cual el joven es examinado y calificado. Pero esta información ya existe, en cantidades y en detalle, en el internet. Esta información puede ser comprobada y genuina. Pero existe otra, sin censura ni filtro, en la que fanáticos (pedófilos, violadores o aficionados a “teorías conspiradoras”) gozan, como en un oasis en el desierto de la ignorancia. ¿No ha llegado el momento de educar a nuestra juventud sobre las ventajas y desventajas que este nuevo ecosistema cognitivo ofrece para poder preparar a los profesionales del futuro?

Hasta hace unos siglos, las personas se educaban de manera informal, con la educación de sus padres y abuelos, legando su simple profesión y valores de generación en generación. Así se apellidaron familias: Carpintero, Herrero, Barbero, etc. Hoy en día, las profesiones y necesidades son más variadas y específicas, como ingeniero de privacidad o “hacker” ético (imagínese alguien llamado Juan Hacker Ético) Y no solo el contenido varía, sino el ritmo con que se actualizan. Profesiones, además de no ser “heredadas”, cambian durante la vida del individuo y esto lo digo por experiencia.

Si el sistema educativo está adaptado para las necesidades de hoy, no lo está para las de dentro de unos pocos años, cuando estos jóvenes comiencen sus carreras profesionales, menos para cuando las terminen. Por ejemplo, hoy vemos una sobrecarga de información. ¿Cómo pueden ellos discernir entre lo relevante o real y entre lo irrelevante o falso? ¿Qué herramientas ofrece la escuela para esto?

Por eso, es necesaria una reforma al sistema educativo, así como al sistema de crianza, la mentalidad de los padres. Las escuelas deben abandonar el antiguo sistema de “dar información”, el cual califica más la memoria y menos la comprensión. Las escuelas tienen que cambiar no solo su currículo, sino su forma de enseñar totalmente. Ya existen hoy modelos de enseñanza basados en soluciones como ABP, aprendizaje basado en proyectos (o PBL, por sus siglas en inglés), pero estos, lastimosamente, todavía no son estándar. En Holanda ya se está aplicando esta filosofía en la escuela Agora de Sjef Drummen, donde se aprende a aprender, analizar y se enseña según las preferencias de los estudiantes y las necesidades del mercado y no según el director o ministro de Educación.

Yo, como padre, poco puedo entender el mundo virtual de las redes, de Instagram y cómo los jóvenes interactúan con el “smartphone” como parte de sus vidas no menos como a nuestros abuelos les cuesta entender el mundo de las computadoras. Interesante que para manejar un carro necesitamos clases y pasar un examen, pero para criar hijos, no. Las autoridades deberían hoy mejorar el acceso de métodos modernos y actualizados de educación familiar. Debemos supervisar los contenidos y limitar el tiempo que la juventud se expone en el “oeste salvaje” que es el internet. Debemos orientarlos a contenidos positivos, como lenguajes, cultura, maneras, respeto y apreciación a las demás personas y al medio ambiente. Los jóvenes deben sentirse mejor trabajando y aportando a la sociedad, que invirtiendo su tiempo en juegos virtuales y redes sociales. Este cambio debe realizarse a nivel de padre como de Gobierno.

Los padres deben exigir al Ministerio de Educación un diálogo con el público y con expertos sobre las posibles soluciones que deben ser implementadas inmediatamente. El cambio es difícil, especialmente para los más veteranos, pero es necesario y mientras más tiempo pase, más difícil será está adaptación y la visión de un futuro mejor para las próximas generaciones.

Arquitecto