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25 de May de 2022

Columnistas

Víctimas en Ucrania y en Panamá: semejanzas y diferencias

“Sadismo institucional sistemático. ¿A cuántas citas negadas, tratamientos postergados, medicinas no suministradas, equivale un proyectil o una bomba?”

Desde hace ya algunas semanas, los medios de información hacen despliegue de abundante información sobre la invasión de las fuerzas armadas de Rusia a Ucrania, con sus efectos en muertes de seres humanos, destrucción, emigración forzada y otras secuelas nefastas. En escala mucho menor, los medios de Panamá dan a conocer las privaciones de los asegurados de la Caja de Seguro Social con su impacto también de enfermedades, sufrimiento, padecimientos diversos y muertes.

Que quede claro. Se trata de lo mismo en Ucrania y en Panamá: crímenes, asesinatos, dolor, sufrimiento. Miles de víctimas inocentes, indefensas, en ambos países, por distinta causa.

En Ucrania, por la acción armada de las fuerzas bélicas de un país extranjero; en Panamá, por la incompetencia y corrupción en la Caja de Seguro Social (CSS) y otros organismos del Estado panameño, con sus consecuencias letales. En Ucrania, la acción criminal es pagada por el país invasor; en Panamá, esta carga recae en las propias víctimas. Victimarios que son pagados por las víctimas.

En aquellas lejanas tierras, crímenes llevados a cabo desde hace un mes, divulgados en todo el mundo. En la nuestra, durante años, desconocidos hasta en Panamá.

La defensa de la población en Ucrania está a cargo de las fuerzas armadas de ese país y otros sectores de su población; en Panamá los asegurados no tienen defensa alguna.

Las muertes en Ucrania se deben a la acción fulminante de armamento mortífero. En Panamá el exterminio es lento, con sufrimiento físico, mental y moral prolongado, por la carencia de atención médica adecuada y medicamentos. Son, igualmente, crímenes.

Allá, proyectiles hipersónicos, bombas de racimos, lanzacohetes. Acá, pacientes dejados morir día tras día por alta presión, diabetes, problemas cardiovasculares, artritis, dietilenglicol y cientos de otras enfermedades. Muerte lenta. Sadismo institucional sistemático. ¿A cuántas citas negadas, tratamientos postergados, medicinas no suministradas, equivale un proyectil o una bomba?

Las muertes en Ucrania pueden ser objeto de recuento, lo cual no es posible en Panamá por las diferentes formas en que se cometen los crímenes, donde deben ser mucho más víctimas. Los agresores de Ucrania sufren bajas; los de nuestra población asegurada, ninguna.

En Ucrania, largas filas para emigrar a un país vecino; en Panamá las filas desde las madrugadas para una cita o medicamento que difícilmente será obtenido.

El agresor criminal en Ucrania es llevado a los tribunales internacionales y sometido a las represalias de la comunidad internacional. En Panamá, disfruta de permanente y abyecta impunidad. Nadie les pide ni les pedirá cuentas.

El Gobierno ucraniano apela ardiente y diligentemente a la solidaridad de otros Estados y naciones. En Panamá se ensayan “mesas de trabajo” que, a duras penas, disimulan improvisación, politiquería y posible aprovechamiento ilícito.

La población y las fuerzas políticas de Ucrania se unen como un escudo contra la fuerza invasora foránea. En Panamá, los ciudadanos en general, las organizaciones, políticas, económicas, culturales, sindicales, profesionales, castigan con su indiferencia, pasividad y complicidad implícita el sufrimiento de sus compatriotas.

Es bueno que haya mucha acción sobre la ayuda a Ucrania y castigo a sus agresores. ¿Por qué ninguna respecto a las acciones criminales contra la población panameña de asegurados, y sus responsables? ¿Ver un crimen sin protestar, no es también un crimen? ¿Es viable una demanda colectiva penal contra los miembros de las sucesivas Juntas Directivas y Administraciones? ¿Pagará alguien por estos crímenes?

Ciudadano