04 de Oct de 2022

Columnistas

Decodificando valores: seguridad urbana

Según el psicólogo americano Maslow, la seguridad (no solo la personal, sino también la económica, ) es la segunda más importante necesidad del humano, después de las necesidades fisiológicas como comida o aire y menos que todas las demás como amor o autoestima.

Según el psicólogo americano Maslow, la seguridad (no solo la personal, sino también la económica, ) es la segunda más importante necesidad del humano, después de las necesidades fisiológicas como comida o aire y menos que todas las demás como amor o autoestima.

En la antigüedad se conseguía seguridad personal viviendo entre muros o siendo capaz de eludir a transgresores. No existía la policía y la mayoría de las personas vivía en los campos, alejados de las pocas ciudades amuralladas. Durante los últimos siglos la población ha emigrado a las urbes impulsadas por los avances tecnológicos que han permitido un estilo de vida más rico y dinámico: desde la agricultura en masa, la industrialización, el transporte, las comunicaciones hasta la institución de servicios públicos, como la seguridad, la cual juega un importante papel en el atractivo de la vida urbana; torres residenciales son más seguras que casas privadas y la subcontratación de la seguridad nos permite, en caso de problema, pedir ayuda profesional, ya sea de un policía u otra persona. Pero este sentimiento no solo depende de vivir en una ciudad moderna, sino de otras tres condiciones:

La primera es el planeamiento de ciudades y calles de usos mixtos: antes del siglo XIX las ciudades solo eran de uso mixto; se trabajaba y vivía en el mismo lugar. Pero con la revolución industrial y con la popularidad del carro, las ciudades se dividieron en áreas totalmente diferentes. Por una parte, están los centros de trabajo, ya sean oficinas o industrias, y por otro los suburbios residenciales. En 1961 la activista y periodista Jane Jacobs criticó esta disección de la ciudad, pues, esta afecta la seguridad cuando los suburbios se vacían durante el día y los centros de trabajo en las noches (además de incrementar la movilidad y el tiempo perdido en esta). Pero está baja en densidad residencial durante las 24 horas reduce la cantidad de ojos "vigilantes". Ella describió a las aceras, las expuestas arterias de la ciudad, no solo como "cargadores de peatones", sino como parte de nuestro sistema de seguridad de ser un área urbana visible y poblada con actividad a su alrededor, al contrario de un parque vacío que por la noche puede ser muy intimidante.

La segunda es el incremento de la confianza en los extraños: la posible presencia de otras personas, ya sean otros peatones o residentes, nos provee de cierto sentimiento de seguridad, pero solo si confiamos alguien nos ayudará en caso de algún problema. Pero, ¿Qué pasa si nuestra sociedad no está condicionada para prestar ayuda? Esta desconfianza es la que nos impide la libertad de salir en la noche o en ciertas áreas "peligrosas" de la ciudad. Para incrementar la confianza debemos educar a la población que es una virtud, ayudar a los demás. Hoy ayudo al prójimo, mañana él me ayudará a mí.

La tercera es la confianza en las autoridades: Teoréticamente, policías ponen su vida en riesgo. ¿Acaso les pagan lo suficiente para hacerlo? Y si están preocupados por verse demandados o atacados, o si su entrenamiento los lleva a ser agresivos o usar su arma fácilmente, como pasa en los Estados Unidos, ¿podemos confiar en que ellos no causarán más daño que beneficio?

Son estos tres parámetros los que más determinan nuestro sentimiento de seguridad en un lugar y momento determinado. En todas las ciudades existen mejores áreas que otras, pero todas pueden ser mínimamente seguras según su diseño, con vitrinas transparentes de las tiendas y sobre ellas balcones cercanos de los cuales ciudadanos, por su natural curiosidad, puedan ver y escuchar todo lo pasa. Fachadas opacas, cerradas o amuralladas, por el contrario, alientan la intimidación y prestan una tierra fértil para el crimen. Calles y espacios públicos deben diseñarse con actividades humanas diarias como nocturnas, manteniéndolas "vivas" la mayor cantidad de horas. Pero la interrogante es si podemos confiar en sus residentes o en las autoridades y de esto depende el valor que la sociedad le dé a la seguridad.

Una sociedad que valora la seguridad no necesita de más cámaras ni de más policías, sino de ciudadanos vigilantes y alertos que no duden dirigirse a un extraño y preguntar "¿Necesita ayuda?", y que este se atreva a contestarle la verdad. Una cultura y actitud como esta puede ser muy efectiva en disuadir a infractores. Muchas sociedades de hoy son apáticas ante la angustia de los demás; prefieren no involucrarse, no solo por miedo a la violencia, sino porque la ayuda puede ser desapreciada. Se debe también facilitar y promover las formas de pedir ayuda, aun cuando se dude sea necesario e invertir en un sistema de respuesta rápido y confiable.

Pero lo más difícil y necesario es reformar los sistemas de seguridad: más puestos y mejor equipo, mejor entrenamiento y paga, mejor distribución de su presencia, especialmente en aquellas áreas "difíciles" y procurar de un rápido tiempo de respuesta. Es triste, pero las autoridades también necesitan de relaciones públicas, de apoyo político y de justicia profesional. Por el otro lado, no deben de otorgárseles "redes de seguridad" con las que crean, pueden hacer lo que quieran. Así como tienen un mayor poder, tienen una mayor responsabilidad y es necesario crear un preciso balance entre estas.

Las sociedades modernas dependemos más que nunca de las importantes profesiones de seguridad, desde guardias, policías hasta detectives e investigadores, y mientras la sociedad más invierta en ellos, será posible conseguir un mejor servicio. Pero también es la población y sus profesionales de diseño quienes deben aportar su parte. La pandemia nos ha traído mucha incertidumbre, paranoia y, como en toda crisis, delincuencia. Así como se ha invertido en la salud, debemos hacerlo con la seguridad antes de vivir una "pandemia" criminal para la cual no hay vacuna.?

Arquitecto