30 de Sep de 2022

Columnistas

¿Cuál programa de pensiones queremos la mayoría de los panameños?

Ahora que la nueva Mesa Única de Diálogo por Panamá se ha propuesto incorporar en el debate el tema del diálogo por la CSS, es imperativo comenzar preguntándonos ¿cuál programa de pensiones queremos la mayoría de los panameños?, no solo los voceros de las ideologías de izquierda o de derecha, o los que tienen intereses políticos o económicos, sino todos, “los interesados por la salud de la CSS”.

Ahora que la nueva Mesa Única de Diálogo por Panamá se ha propuesto incorporar en el debate el tema del diálogo por la CSS, es imperativo comenzar preguntándonos ¿cuál programa de pensiones queremos la mayoría de los panameños?, no solo los voceros de las ideologías de izquierda o de derecha, o los que tienen intereses políticos o económicos, sino todos, “los interesados por la salud de la CSS”.

Dicho lo anterior, también es obligatorio reconocer de entrada que, los panameños enfrentan un gran riesgo para contar con los recursos necesarios cuando se retiran o cumplen con el pago de sus cuotas a la Caja de Seguro Social (CSS), pues la institución ya entró en déficit de caja, y en 2025 no habrá reservas. En ese sentido, no me cabe la menor duda de que lo que queremos la mayoría (salvo algunos privilegiados a los que no les preocupa) es un programa que nos asegure una pensión suficiente para vivir de forma digna y cómoda al jubilarnos. Esa esperanzada respuesta me lleva a otra pregunta, aún más importante: ¿Cómo conseguimos eso?

Al margen de las valoraciones de clase social o ingreso económico, también es forzoso pensar en términos de la edad y los valores culturales de los panameños. Sobre el particular, de acuerdo con estimaciones del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), para 2020 el 30% de nuestra población total tenía entre 20 y 39 años y el 24% entre 40 y 59 años, en tanto solo el 12.5% somos mayores de 60 años y, con toda seguridad, es diferente la manera de ver e interpretar la situación por cada grupo.

Entonces, la primera tarea es conocer qué piensa y desea nuestra población que está trabajando (o aspiran a hacerlo). Estamos dando por sentado que todos, en Panamá, preferimos el fondo público y que todos abrazamos el principio de la solidaridad entre generaciones. Puede que no sea el caso, investiguemos antes de seguir adelante. Yo, un panameño de 71 años, sí creo en la solidaridad y prefiero mi fondo público, pero puede que las nuevas generaciones, sin dejar de ser solidarias, piensen diferente en cuanto a la mejor opción para todos.

Lo anterior no quiere decir que todos los panameños vamos a seguir ciegamente la visión y recomendaciones de los jóvenes, pero es imperativo iniciar el debate conociendo cuál es el deseo de dicho grupo etario y cuáles son sus recomendaciones para lograrlo sin afectar a los demás, y subrayo lo de sin afectar a los demás, porque aquí todos tenemos los mismos derechos, y los que hoy son jóvenes, serán adultos mayores en algún momento y tendrán que enfrentar el mismo problema que enfrentan hoy los jubilados.

No menos importante es la cuestión financiera. Y aquí es necesario subrayar _ pendientes de que algún día la CSS nos entregue los informes actuariales _ que, al beneficio definido basado en la solidaridad en que las generaciones presentes apoyan a las que ya están pensionadas, se le agotarán las reservas en tres años. Sobre este vital tema urge que los participantes en este “nuevo” diálogo nacional, se pongan de acuerdo en una nueva estrategia que permita el funcionamiento de la alternativa que prefieran todos los panameños. Ya sea para estabilizar el Fondo de Invalidez, Vejez y Muerte de la CSS o para fortalecer el subsistema mixto.

Este asunto también se discutió recientemente en el contexto del Pacto del Bicentenario y allí se llegó a la conclusión de que, el sistema que se adopte ya sea el basado en la vuelta al sistema solidario para todos los beneficiarios o, la propuesta basada en un sistema de cuentas de ahorro individuales para todos los beneficiaros; deberá ser acordado de manera tripartita, sin excluir a nadie, lo cual garantizará su buena gobernanza. Además, la propuesta que se elija deberá ser cumplida en su totalidad para lograr el objetivo de la máxima sostenibilidad programada; contemplando el aumento del costo de la vida, con base al porcentaje de inflación anual para el pago de las pensiones.

En todo caso, cualquier reforma tendrá un costo social y político que pagar, pero el momento es ahora, porque ya el fondo colapsó. El objetivo final debe ser construir un sistema de pensiones innovador viable y en equilibrio, es decir, que proporcione una cobertura adecuada, beneficios suficientes y que sea financieramente sostenible. No menos importante será que, el Estado, a través del Gobierno de turno y subsiguientes, mantenga la responsabilidad de cumplir con todo lo pactado, imponiendo, cuando corresponda, las sanciones ejemplares para aquellos que infrinjan las leyes que resulten como consecuencia de la implementación de las acciones acordadas.

Finalmente, subrayo que en el manejo del fondo, sea público o privado, debe prevalecer la honradez, la transparencia y la rendición sistemática de cuentas. Eso sí que es raro en nuestra historia reciente y constituye, en mi opinión, el reto más importante que tenemos. Pues público o privado, puede irse a la ruina si los gerentes no son los mejores y prevalece la corrupción y el clientelismo.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS)