06 de Oct de 2022

Columnistas

Decodificando valores: La discusión pública

Actualmente vivimos una moda política en la que si no estás de acuerdo con alguien, estás en su contra. Las consecuencias de esta intolerancia son terribles, pues, motivan la xenofobia, el racismo y pueden llevar hasta la guerra.

Actualmente vivimos una moda política en la que si no estás de acuerdo con alguien, estás en su contra. Las consecuencias de esta intolerancia son terribles, pues, motivan la xenofobia, el racismo y pueden llevar hasta la guerra. La política está basada en muchos dilemas morales en las que no hay una verdad absoluta y puede haber diferencias de opiniones que deberían ser respetadas. Esta es la base no solo de la democracia, sino de la civilidad en sí. Esta moda es la que ha permitido a minorías extremistas llegar al poder, dejando en pena a una dividida mayoría moderada. ¿Qué ha popularizado esta intolerancia y cómo podemos reducirla? ¿Cómo puede una sociedad democrática resolver sus problemas de forma civil?

Puntos de vista conservadores y liberales siempre han existido y han sido discutidos desde el comienzo de las sociedades. Los griegos discutían en la plaza pública y los británicos en el parlamento (del francés "parler", hablar). Mucho antes de que en la asamblea francesa se sentaran los conservadores al lado derecho del rey y los liberales su izquierda, estas dos filosofías han sido debatidas pero no de forma democrática. Solo recientemente (con excepciones) debates públicos han sido decididos democráticamente, según la mayoría, y por esto debemos sentirnos afortunados. Este sistema, aunque imperfecto, es el que aparentemente vence a todos los demás, pues permite una mejor calidad de vida a la mayoría de las personas, si son estas las que deciden. Como dijo famosamente Churchill, "la democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todas las demás". Y esta nueva moda de intolerancia, de falta de discusión, está deteriorando este sistema democrático, que, de seguir así, empeorará hasta regresar a las aún menos intolerantes dictaduras.

Hace poco fuí a un centro de visitantes en unas ruinas donde vivió un sabio rabino siglos antes. Este rabino inculcaba en sus estudiantes el valor de la discusión, cara a cara, no solo como herramienta para avanzar el entendimiento y el aprendizaje en general, sino como manera de entender puntos de vista distintos al nuestro, promoviendo así la tolerancia. Lo más interesante fue que no solo explicaban como discutían, basados en dilemas milenarios, sino que involucraban a los visitantes en la discusión, encuestando su opinión con dos botones para responder. Presentaron en un video grabado dos dilemas morales. El primero preguntaba: si mi amigo se va a casar con una novia "fea", ¿debería decírselo? Por un lado está la subjetividad de la belleza y por el otro, quizás mi amigo, "ciego" por la emoción, se desilusionará después cuestionando así mi lealtad. La segunda pregunta teórica era esta: dos personas se encuentran varadas en el desierto, solo uno carga con poca agua. Si los dos toman, ninguno sobrevivirá. Pero si solo uno la toma, podrá sobrevivir. De ser así, ¿Quién debería tomarla, aquel a quien le pertenece el agua o su acompañante?

Lo importante de estas preguntas no son sus temas, sino el hecho que los estudiantes los discutían hasta llegar a sus propias conclusiones sin que un maestro les impusiera su opinión. Esto no es lo que está pasando hoy al vernos todos influidos cada vez más por medios de comunicación privados, patrocinados, interesantes y menos por noticias objetivas e investigadas. La creciente influencia de las redes sociales, medio en donde los extremistas dominan, dificultan la discusión sana y productiva, pues son manejadas por algoritmos que motivan la parcialidad.

Debemos ya cambiar nuestro estilo de diálogo y de comprensión. Esto comienza, como en yoga, respirando profundo. Antes de discutir debemos calmar los ánimos y la violencia que solo sirven de ruido de fondo. Luego analicemos si estamos listos para la discusión ¿Qué valor y beneficio le sacamos? ¿Qué tan abiertos estamos para escuchar a otros? Debemos entender que el hecho de tener diferentes opiniones no significa los demás, sean malos o deben ser odiados o castigados. Mientras la opinión de otro no se convierta en acción negativa, no debemos de convertir a cada litigante en enemigo. Estas son prácticas primitivas de reyes y dictadores, quienes solo les importa mantener su poder y no el bien común. Y puede ser ellos no lo ven, pues no fueron educados a discutir y ver el punto de vista de otras personas, pensando así ellos siempre tienen la razón y su opinión es una verdad absoluta, aun cuando esta afecte negativamente a otros o a sí mismos. Recientes ejemplos de esta tiranía son Trump opinando ganó las últimas elecciones, la "justa" invasión rusa a Ucrania o la prohibición de abortos de la Corte Suprema Americana. No podemos afirmar solo la falta de discusión y entendimiento llevaron a estas trágicas consecuencias, pero es posible esta es una de las raíces de esta intolerancia. Es hora de expandir nuestro entendimiento por medio de la discusión, escuchando abiertamente otros puntos de vista. Para esto no perdemos nada, aún tenemos mucho que ganar.?

Arquitecto