02 de Dic de 2022

Columnistas

Cavando tumbas

En el carrusel de poder, donde giran y se alternan los mismos de siempre cada 5 años, no sucede casi nada nuevo. Los mismos foquitos, la misma musiquita, y la misma gente de siempre se sube a los caballitos, mientras el país los observa dar vueltas.

En el carrusel de poder, donde giran y se alternan los mismos de siempre cada 5 años, no sucede casi nada nuevo. Los mismos foquitos, la misma musiquita, y la misma gente de siempre se sube a los caballitos, mientras el país los observa dar vueltas. Y eso es lo que hacen los gobiernos, dar vueltas.

No hubo una sola propuesta novedosa para hacer crecer el país, desde que los gringos nos quitaron de encima el monstruo que ellos mismos crearon. Dando muestras claras de una amnesia recurrente, familiares, amigos y “garras” de ese monstruo hoy siguen viviendo como ricos a costa de los dineros que pagamos los que sí trabajamos.

Si bien nos quejamos de que los gobernantes que elegimos son incapaces y corruptos, no dejamos de votar por ellos, ni tampoco nos alejamos de su lado. Los perpetuamos.

De manera similar a los gobiernos, el país también se monta en su propio carrusel a dar las mismas vueltas. Es un carrusel más cutre, al cual le faltan medidas de seguridad. Siempre salimos heridos cuando nos damos una vuelta, más seguimos pagando para darla. No es gratis. Y si bien todos estamos claros de que tanto el carrusel del gobierno, como el carrusel del país giran siempre sobre un circuito definido, esperamos que, al final, la vuelta nos haya llevado a otro lado, lo cual es simplemente imposible.

De manera asombrosa, nos mostramos molestos cuando vemos que la vuelta se va terminando, y que nos llevará justo al mismo lugar de siempre. Si eso no es la definición de locura, no sé cuál sea.

Queremos un cambio, pero la mente humana por naturaleza se resiste a apartarse de aquello que conoce. Así que nos resulta casi imposible caminar en otra dirección. Entonces, ¿cómo rayos nos libramos de los parásitos que nos enferman? ¿Cómo dejamos de beber esa agua sucia que terminará por matarnos?

La respuesta debería ser un ejercicio muy fácil. A todos nos molesta cuando nos meten la mano en el bolsillo. Es normal que no nos guste que nos quiten aquello que hemos obtenido con mucho esfuerzo. Si además abrimos un poco los ojos para ver que aquellos que nos quitan el fruto de nuestro esfuerzo no sudan para vivir como reyes, la molestia crece.

Respetuosamente, le sugiero que piense en esto amigo lector. Si a Usted le molesta que las calles estén llenas de huecos, no culpe al gobierno. Cúlpese Usted, que votó por ese diputado que tiene emplanillada a toda su familia. Sin ese hurto salarial, quizás habría presupuesto para reparaciones de calles.

Si le molesta que las medicinas estén tan caras, no culpe al gobierno. Cúlpese Usted, que le dio el voto a un grupo de parásitos que siempre pacta con los mafiosos que controlan las leyes, y que las manejan a su gusto, siempre en beneficio de los suyos y de sus patrocinadores.

Si le molesta que el Canal no esté ni cerca de alcanzar su potencial generador de ingresos, no culpe al gobierno, ni al administrador que se pone salarios de la jet set. Cúlpese Usted, que por creer que le van a dar una botella, eligió a los que siempre infectan las instituciones y las vuelven caldos de cultivo del clientelismo político, cajas menudas para mantener copartidarios.

Nos quejamos de que el sistema judicial no funciona, que las leyes están hechas para que los delincuentes nunca vayan a la cárcel, que el tribunal electoral protege pillos, y que los que llegan a los sitiales de poder son gente evidentemente alejada de la definición de honestidad, pero no somos capaces de ponernos de acuerdo para exigir el cambio que necesitamos.

Las ofertas electorales son realmente lamentables. Eso es un hecho. Los partidos políticos no permiten que gente capaz, pero que piense primero en el país y luego en el partido, llegue a competir. Entonces, ¿acaso somos presos del sistema? Mientras no lo cambiemos, sí.

¿Cómo lo cambiamos? Exigiendo una Constituyente Originaria. Mientras siga funcionando el parche político/militaresco que tenemos, el cambio que necesitamos jamás será posible.

¿Usted realmente cree que los diputados van a votar alguna vez para quitarse sus beneficios y bajarse el salario? No lo harán. Pero si cambiamos las reglas del juego y empoderamos a la ciudadanía, sería posible. Sería posible incluso bajar la cantidad de moradores del hemiciclo, lo que traería múltiples beneficios al país. ¿Se imagina amigo lector, lo bien que estaríamos con 15 diputados capaces? No hacen falta más, si casi ninguno va a trabajar, de todos modos. Eso deja claro que ese tumor que llamamos asamblea debería ser extirpado.

Una Constituyente Paralela no podría actuar hacia atrás, con lo que todos los pecadillos hasta la fecha de los grupos políticos quedarían impunes. Por eso, es esta la opción que los partidos políticos prefieren.

Una Constituyente Originaria podría hacer todo nuevo, sin excluir lo que sucedió antes. Quizás así los delincuentes estarían presos, no emplanillados, ni haciendo “leyes”.

El ejercicio actual de unidad ciudadana no resulta esperanzador. Todo aquel que se queja de la gestión del actual Alcalde capitalino tuvo la oportunidad de manifestarse, y removerlo, pero la enorme mayoría optó por escribir pendejadas en las redes, en vez de actuar. Tenemos el poder, pero no sirve de nada si no estamos dispuestos a usarlo.

Cada vez que decidimos subir al mismo carrusel de siempre estamos cavando tumbas.

Cavamos la tumba para la honestidad. Cavamos la tumba para el desarrollo económico. Cavamos la tumba para el futuro de nuestros hijos. Cavamos la tumba para la justicia. Quizás, esa fue la primera que cavamos.

En un terreno lleno de fosas abiertas, es cuestión de tiempo que nosotros mismos caigamos en una.

O decidimos actuar, o cavamos nuestra propia tumba.

Dios nos guíe.

Ingeniero