26 de Nov de 2022

Columnistas

La ilusión especulativa de consumir por consumir

Dentro de su evolución, la humanidad tuvo un gran avance al desarrollar la agricultura. Entonces pasamos de andar de un lado a otro en agrupaciones de cazadores y recolectores de “cosas” (comestibles o utilitarias) a ser productores sedentarios.

Dentro de su evolución, la humanidad tuvo un gran avance al desarrollar la agricultura. Entonces pasamos de andar de un lado a otro en agrupaciones de cazadores y recolectores de “cosas” (comestibles o utilitarias) a ser productores sedentarios. En pocas palabras, dejamos de depender de “las cosas que había” en el entorno, para hacer que el entorno nos produjera “las cosas que queríamos”. En eso, nació el sentido de arraigo como evolución del sentido de posesión. Porque ya no sólo conseguíamos cosas, sino que aprendimos a producirlas. Mientras el resto de los animales seguía buscando el alimento, el humano podía producirlo. Teniendo no sólo el alimento, sino también a los animales que buscaban ser alimentados. Desarrollar la agricultura, fue una de las primeras y más importantes aplicaciones de nuestro poder racional. Lo cual nos puso a la cabeza de todos los seres vivos. Pasando de ser dependientes del medio, a controlarlo como especie dominante, solidaria y cooperativa.

Sin embargo, ahora que vivimos en un mundo altamente tecnológico y cada vez más evolucionado, sufrimos una especie de “regresión social”. Igual o quizás más que en aquel entonces, seguimos sintiendo la necesidad cuasi compulsiva de coleccionar. Consumimos sin mayor reparo todo tipo de “cosas”, aún sin necesitarlas. El ritmo que ha seguido la sociedad moderna, con el consumismo, ha dado un revés a la evolución humana, porque nos ha vuelto nuevamente recolectores, y peor aún, acumuladores. El mundo, hoy en día, se empeña más en “tener mucho”, que en “ser mejor”. Tendencia altamente reforzada por los “hipermedios” de comunicación (las redes e internet en general) Ahora bien, quizás el ser humano ya no tenga la necesidad existencial de viajar tanto como lo hacían sus ancestros, pero, aún sigue sintiendo la necesidad constante de cambiar, transitando de un estado anímico-existencial a otro. De cualquier forma, en ese “viaje” llamado devenir, también sigue “recolectando cosas”. Pero ahora, en grupos más pequeños y menos solidarios (o vacas sagradas) todos engañados tras la ilusión psicoafectiva del “sentido de posesión”.

¿Pero qué hay del sentido del arraigo? ¿Acaso tener cosas, nos da actualmente sentido de arraigo? A este punto es bueno diferenciar “para qué” acumulamos cosas. Entendiendo tal vez que, tener muchas cosas sin valor personal, aunque nos dé sentido de posesión, no nos da sentido de arraigo. El arraigo, sobre todo el personal (tenerse a uno mismo) lo da las cosas que adquirimos y nos ayudan a SER mejores personas, sin necesidad de tener más cosas. Digamos, por ejemplo, poseer una buena educación, una buena formación, mejor salud, ductilidad existencial (sin vivir necesaria, permanente y económicamente “apretados”) Me refiero al tipo de arraigo que permite autogestionarnos, producir para nosotros mismos, para ser nosotros mismos. Generar en el ser humano mucho sentido de posesión y nada de arraigo personal, nos mantiene produciendo por producir, por tener, por acumular, o para que otro acumule. Una sociedad así, se llena de esclavos cómodos, coleccionistas, de chucherías, incapaces de diferenciar entre lujos y necesidades, comodidad y calidad de vida, tener o ser. Mucho peor aún, si el sentido de posesión excedido se nos vuelve deuda, porque consumimos más allá de lo que producimos, en medio de una economía especulativa, en la que nadie tiene nada, porque todo se logra a base de deuda y préstamos. En un mundo así, cualquier sensación de arraigo, tenencia o desarrollo personal, se vuelve mera ilusión, tanto para el ser humano como para la sociedad a la que pertenece.

Ingeniero en sistemas